La excursión del mes. Mayo de 2017

Un día de mayo el Cocinero alemán y yo nos levantamos, como cada mañana. Desayunamos. Vimos un rato la tele. Y, de repente, sin anestesia ni nada, me dijo: hoy vamos a ver a mis padres y tú conduces.

¿¿¿¿¿QUÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉ????? ¿Que yo… qué?

A mí así no, hombre. Esto se avisa. A ser posible con semanas de antelación, que yo me lo apunte en la agenda. Que en mi estado no puedo tomar medicamentos y yo sin tomarme una pastilla no soy capaz de conducir, los nervios me pueden.

La última vez que conduje un coche fue el 5 de marzo de 2016, y aquel día, sin valeriana, no salió la cosa como yo me imaginaba, por lo que mi subconsciente me tenía prohibido volver a sentarme delante de un volante. Y menos ahora que el coche tiene seis meses de vida.

La historia de ese día de mayo de conducción impuesta, no obstante, transcurrió así: Sigue leyendo

La excursión del mes. Abril de 2017

Me acabo de dar cuenta de que estamos ya a mediados del mes de mayo y no os he contado la aventura más curiosa que viví el mes pasado. Esto no tiene perdón. Allá va:

Érase un día cualquiera del mes de abril; uno de esos en que hace calor y no llueve, y se puede pasear por la ciudad tranquilamente para aprovechar que se tiene un día libre y nada mejor que hacer. Aquel día pensé: voy a irme de compras; una actividad que no me gusta especialmente llevar a cabo, todo sea dicho, pero que en aquel momento resultaba esencial porque necesitaba un regalo de cumpleaños para aquella misma tarde.

Bien. Me fui de compras. Me agobié con las hordas de adolescentes que parecen no tener nada mejor que hacer en la vida que dedicar la mañana de un sábado a entrar de tienda en tienda y tiro porque me toca pegando gritos a ver cuál de todos llama más la atención. Cogí un autobús. Me fui hasta el centro de Salzburgo y, al llegar, me compré un bocadillito relleno de un filete empanado y una botellita de té helado sabor melocotón para calmar la sensación que tenía mi estómago de estar a punto de morir de inanición. Sigue leyendo

Mayo arbolado y hermoso

Hay por esta parte del mundo una tradición típica del día 1 de mayo que se llama Maibaum, que no significa otra cosa que árbol de mayo. ¿Y esto en qué consiste? Pues en que un grupo de jóvenes, por lo general hombres pertenecientes a algún club o asociación (bomberos, cazadores, asociaciones privadas, etc.) preparan y decoran el tronco de un árbol (uno no muy grueso), lo llevan en una especie de procesión por varias calles y después lo levantan y lo clavan en el suelo, normalmente en el centro del pueblo.

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¿Qué misterio tiene todo esto? Pues nada más allá que un nuevo motivo para celebrar una fiestecilla con la gente del entorno, bailar, comer mucho y beber más. También es normal que en un día así todo el mundo aproveche para sacar del armario sus trajes típicos y luzca palmito, que el buen tiempo hay que aprovecharlo como sea.

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Hasta este año yo no había presenciado nunca un evento de esta magnitud. Y ayer, esa espera llegó a su fin… Sigue leyendo

La excursión del mes. Marzo de 2017

Espero que me permitáis retroceder un poquito en el tiempo para contar los orígenes de esta excursión como es debido…

Érase una época en la que existía una revista infantil que yo leía. Con sus artículos de cosas escritas para niños y con una sección al final en la que uno podía escribir algo así como: “Me llamo María, me gusta leer y hacer punto de cruz. ¿Quieres ser mi amigo? Esta es mi dirección:…” Y entonces los niños se escribían cartas.

El caso es que a raíz de un anuncio que puse yo, recibí cartas de varias partes de España. Y una de esas cartas llegó Sigue leyendo

La excursión del mes. Febrero de 2017

¿Cuál ha sido el viaje más curioso que he vivido en el mes de febrero? Lo cierto es que llevo bastantes días dándole vueltas a esta pregunta y no he sido capaz de decidirme, así que os voy a contar dos mini historias de las que he sacado una moraleja importante. Sigue leyendo

Un día cualquiera

En un día cualquiera, yo suelo madrugar por la mañana, desayuno un vaso de leche con galletas – compradas o propias – y luego me voy al trabajo. Y, una vez allí, distribuyo mis horas entre la cantidad de cosas que tengo que hacer en la oficina, la cantidad de cosas que tengo que hacer en mi planta y la cantidad de gente que pueda haber trabajando ese día y que tal vez necesiten mi ayuda si no tengo nada más que hacer.

En un día cualquiera, suelo pasar bastante más tiempo trabajando en mi planta que haciendo cualquier otra cosa en cualquier otra parte del edificio. Pero a veces me necesitan en tal o cual caja o en los probadores de esta o de la otra planta porque hay lugares y momentos en los que hay quien necesita algo.

En un día cualquiera, suelo hablar con bastante gente sobre temas muy distintos. Cuando estoy al otro lado de una caja suelo repetir las mismas frases y casi los mismos temas de conversación, hasta que se marcha la señora con quien estaba hablando y aparece un chico con gafas que me dice: “¡Hola!”. Sigue leyendo

La teoría de las rebajas

De los creadores de La teoría del buffet libre hoy os presento La teoría de las rebajas. Una teoría de la que han sido objeto de estudio un número indefinido de sujetos a los que observo paciente y secretamente.

Una teoría que pretende ayudarme a mí misma a comprender los motivos que se esconden detrás de ciertas actitudes. O, por lo menos, a entretenerme mientras trabajo o acompaño a alguien de compras.

He aquí las conclusiones a las que he llegado:
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