A Belén pastores

Ahora que la navidad ya ha pasado y que la decoración navideña del hotel ha desaparecido casi por completo, me gustaría confesar que estas han sido las mejores fiestas desde que llegué a Austria. ¿Y por qué? Pues por todo lo siguiente:

El día 9 de diciembre, los jefes organizaron una especie de fiestecilla para todo el personal, a partir de las 21:30. Yo pensé: “me da a mí que la cocina y el restaurante no irán a la fiesta, porque a esas horas no acabamos de trabajar nunca jamás”. Sin embargo, aquel día se les repartió a los Gäste (a los huéspedes del hotel) durante el desayuno un papelito en el que se les avisaba de la susodicha celebración, y se les pedía amablemente que vinieran a cenar antes de lo normal. Por la experiencia que tengo con este tipo de peticiones, siempre hay alguno al que no le da la gana respetar ciertas cosas y viene a cenar a la hora que a él / ella le parece conveniente. Pues, extrañamente, sólo hubo dos personas que no tuvieron en cuenta las instrucciones del papelito y cenaron relativamente más tarde que los demás y, aún así, a las 21:45 ya habíamos terminado y pudimos participar del evento. Sigue leyendo

Minientrada

Ser extranjero significa…

Irse a trabajar a otro país implica muchas cosas. Para mí, estar fuera de casa y haberme convertido en extranjera significa muchas cosas diferentes…

… tener la oportunidad de aprender o mejorar uno o varios idiomas…

… poder conocer a muchísima gente interesante, también de muchos países diferentes…

… vivir experiencias que no se pueden comparar a ninguna otra cosa en el mundo…

… aprender valorar mucho más las cosas y a las personas…

… tener que convivir y trabajar con gente a la que no le gusta que seas extranjera y estés en su país quitándole el trabajo a otros…

… encontrarse a gente que se encargará de recordarte casi a diario que no eres bienvenida en este lugar, porque tu nivel de idioma no es equivalente al suyo, o por el motivo que sea…

… soportar que haya gente que se ría de ti, incluso te desprecie, se niegue a hablar contigo o te diga a la cara (o por la espalda) que no te entienden cuando hablas…

… querer mandar a toda esa gente a darse un paseíto bien lejos cualquier día…

… pero también, que, aún así, existe siempre alguien interesante alrededor que te hace recuperar la fe en el ser humano. A veces.

Y me da rabia tener que decir esto que llevo intentando evitar escribir desde que me vine a Austria, pero hoy lo voy a hacer: el austriaco medio es un ser conservador tirando a xenófobo, en la mayor parte de los casos, aunque también hay muchas excepciones. Por suerte.

Que conste que todo esto no es más que mi opinión, basada en mi experiencia propia. Nada más.

Digan lo que digan los demás

M. S. entró el martes por la puerta de atrás. Por la misma por la que entramos todos, básicamente. Llegó acompañado de tres de sus secuaces, a los que se sumaron nuestros cocineros habituales y otros cuantos que vienen de vez en cuando a ayudar. En total, creo que fueron unos 12 organizando el asunto.

Al final resultó que este señor es relativamente más campechano de lo que todos (los nuevos) esperábamos. Los que ya le conocían de los años anteriores saben cómo es y bromean con él como si le conocieran de toda la vida. Pero nosotros habíamos oído hablar tanto de él, que parecía que íbamos a recibir a un señor rodeado de un aura divina al que no se podía tocar y al que se le debía hablar de usted y solamente lo justo y necesario… y nada de eso. Es un tío accesible, pero se nota que es más figura publicitaria que cocinero. En total, este hotel se gastó una cantidad de cinco cifras en hacerle la compra para dos días, y, por lo que me han chivado, no cocinó demasiado, sino que se dedicó a controlar que todos hicieran lo que él quería tal como él lo quería. Sigue leyendo

Fama

La semana que viene se producirá el gran acontecimiento de la temporada en nuestro hotel, aquél del que ya llevan tiempo haciendo publicidad a través de todos los medios posibles y el que, según parece, nos reportará grandes cantidades de dinero. Bueno, a mí no, pero quería expresarlo de forma corporativa.

La semana que viene tendremos el honor de contar con la presencia de M. S., un cocinero de renombre en toda Austria, el mejor de todo Tirol según parece, quien cuenta nada más y nada menos que con tres “gorritos de cocina” (realmente llamados “Haube”, una forma de clasificación de las cualidades de los cocineros en este país) y con una estrella Michelin. Guau.

Al sarao se ha apuntado tanta gente, tanto clientes como gente que sólo quiere venir a cenar para probar las delicias que cocina este hombre, que yo no sé dónde pretenden meter a todo el personal… pero pasaremos de ser unos 7/8 trabajadores en el restaurante a alrededor de 20. Claro que sí. Hasta nos han dado un uniforme nuevo a estrenar el primero de los dos días que el susodicho cocinará aquí, para darle más esplendor al asunto. Qué emoción.

Para organizar este gran evento, los cocineros que trabajan aquí todos los días empezaron ya el viernes a cocer langostas, fabricar bombones y lavar la vajilla buena (que no me quiero yo imaginar lo que pesa) para que esté todo preparado. Y ante tanto movimiento, yo me pregunto: ¿qué va a hacer este señor realmente? Porque lo que es pre-cocinar la comida… va a ser que no, eso ya lo están haciendo los demás… ¿Dará órdenes a diestro y siniestro? ¿Dirá en qué parte del plato se coloca cada uno de los alimentos que lo conforman, mientras el resto lo va haciendo? ¿Cortará él la carne que cocinen los demás? ¿Cocinará algo? ¿Se manchará la ropa de trabajo?

Expectante me hallo ante tanto nerviosismo generalizado, y todo simplemente por las estrellitas de este señor. Pues yo, como ciudadana de a pie, estaría más interesada en averiguar cómo cocina de verdad que en pagar 80 euros por cenarme unos platos que él ha dirigido (no digo preparado, porque no lo sé). Pero, como ya veo que viene siendo costumbre en este país, importa más el nombre que otra cosa. Yo sigo sin entender a esta gente…

Cita

Diario de “el resplandor”. Día 3.

Querido diario,

Este próximo sábado tendré mi primera cita a ciegas para aprender a bailar los bailes típicos tiroleses, que ni siquiera sé cómo se llaman. O, al menos, uno de ellos que se practica en pareja.

¡Uy, espera! ¡Cuántas novedades en tan sólo dos líneas! Mejor me explico con más calma…

Hace varias semanas se celebró tres pueblos más allá una fiesta popular en esta región y, aprovechando que por aquí no hay muchas más ofertas de ocio y tiempo libre fuera del senderismo y el esquí, decidí apuntarme al sarao. Llegamos cuando el grueso de la fiesta ya estaba en plena decadencia, el suelo lleno de cerveza y los bancos pringosos, pero aún nos dio tiempo a ver a un grupo local interpretando el típico “jodeln”, ese canto en el que se alternan tonos muy altos y muy bajos… el típico yoliru jijú, que diría más de uno que yo me sé. Y, acompañando a los cánticos, había gente bailando. Al principio me dio la impresión de que cada cual se movía como le daba la gana, pero tras observar atentamente un buen rato, me di cuenta de que todo aquello tenía su secuencia interna: Sigue leyendo

Cita

No me gusta que a los toros te pongas la minifalda

El austriaco medio (y también algún que otro alemán) es un ser conservador por naturaleza, por no decir relativamente anticuado. He aquí mi ejemplo más reciente:

Diario de “el resplandor”. Día 2.

Querido diario,

El acontecimiento más emocionante de esta última semana tuvo lugar ayer, cuando quedé por la tarde con un compañero (un hombre) para ir a tomar algo un rato por la tarde. Y para llegar hasta nuestro destino, monté por primera vez en moto. Fin de la historia.

El simple hecho de que quedara con un hombre que no fuera el Cocinero alemán, a solas, para ir a tomar algo, me ha demostrado algo que yo ya sabía: los hombres de este país son mayoritariamente celosos y, para mi gusto, anticuados Sigue leyendo

Willkommen, bienvenue, welcome

Hasta ahora me habían pasado cosas muy raras con los clientes de los hoteles anteriores.

Siempre recordaré (y no precisamente con cariño) a aquel señor que me hizo dedicarle media hora de mi vida, sin interrupción ninguna, para servirle bebidas varias, simplemente porque sus acompañantes no eran capaces de decidir qué querían beber y necesitaban que les preguntara dos veces a cada uno… o a aquella otra señora que se negaba a hablar conmigo porque decía que no entendía mi alemán… o al señor de Köln que se me acercó la noche de San Valentín para enseñarme un SMS que había escrito en español con una declaración de amor, me preguntó si estaba bien redactado, y a continuación me pidió mi número de teléfono para mandarme el mensaje…

Y ahora, estando en un hotel nuevo, a 150 km. de distancia de los anteriores… me encuentro con que la primera mujer que entra por la puerta en mi primer día de trabajo es una señora a la que ya conocí el año pasado y que no era precisamente de mis favoritas. Por suerte, creo que no me reconoció. O no lo demostró.

Y después de ella no han hecho más que llegar franceses e ingleses, por lo que ya no puedo quejarme de que no practico otros idiomas aparte del alemán. El español me dijo que hablaba muy bien español (antes de confesarle mis orígenes no secretos), los franceses dicen que me entienden muy bien,  los escandinavos hablan bastante bien en inglés, los ingleses son muy simpáticos, los alemanes me preguntan si soy de Suiza (será que mi acento ha evolucionado en no sé qué dirección) mientras yo les explico refranes típicos españoles (en honor a una buena amiga mía), y los estadounidenses me comparan con personajes de series de televisión. Está claro que no me aburro.

Lo que menos nos esperábamos por aquí era, primero, que hubiera una mayoría de clientes franceses y, segundo, que tanto los jefes como todos los trabajadores del hotel sepan hablar perfectamente al menos tres idiomas: alemán, inglés y francés o el idioma materno de cada uno (húngaro, croata, rumano, español). O los dos. Tenemos de todo. Así que aquí, quien no se entiende con los demás, es porque no quiere.

Por cierto: tanto mi jefe como dos compañeras mías parecen querer aprender español. Eso puede ser divertido.