Los borrachos dicen siempre la verdad

Dice la leyenda, la tradición o las malas lenguas (según se mire) que los austriacos (o más bien los alemanes, aunque a veces los confundamos, seamos sinceros) son dados a beber cerveza. Hasta ahí, la parte neutral. Luego viene lo de que si beben mucho alcohol, que si las cantidades que ingieren no son normales, que si son alcohólicos, etc.

Pues hoy vengo con la intención de darle la vuelta a ese prejuicio, contar un par de anécdotas y aclarar un par de cosas sobre el consumo de alcohol en esta parte del mundo.

La primera de las anécdotas se remonta a la primera vez que el Cocinero alemán se vino a España a conocer a la familia y salimos un día a que conociera a unos cuantos de mis amigos al mismo tiempo. Como buen alemán, se pidió una cerveza… Sigue leyendo

Austria vista desde fuera. Segunda parte

Sigamos con la lista de cosas curiosas que se puede encontrar uno al llegar por primera vez a Austria.

5.La puntualidad, los horarios y la hora.

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Los austriacos son, tal como se cree, muy puntuales. Ellos, sus trenes, las horas a las que se puede hacer tal o cual cosa o a las que se abren los comercios. También los hay que no cumplen esta regla y llegan tarde a todas partes, pero no son la mayoría.

Suele sorprender a todos los turistas Sigue leyendo

Austria vista desde fuera. Primera parte

Desde que llegué a Austria, siempre he intentado contaros cosas que encuentro curiosas de la vida en este país. Sin embargo, el hecho de llevar viviendo aquí un par de años me ha llevado, por suerte o por desgracia, a acostumbrarme a algunas de ellas.

¡No pasa nada! La visita que recibí de España hace dos semanas me ha ayudado a confeccionar una lista con las cosas que más pueden impresionar a alguien que viene aquí por primera vez, y ahora me gustaría compartirla con vosotros:

1.La conducción y las carreteras.

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Empecemos por la velocidad. No la velocidad de la vida, sino la velocidad a la que se puede circular en ciertas carreteras.

Sobre todo en Alemania, hay partes de autopistas en las que se puede observar una señal de velocidad máxima tachada Sigue leyendo

La historia de la galleta de colores

Érase una vez una persona a quien le gustaba desayunar cada día un vaso de leche con galletas. Hasta que un día, uno de esos en que los supermercados están cerrados (como puede ser cualquier domingo o día festivo) y el único lugar en el que conseguir provisiones son las gasolineras, y eso a precio de oro más un riñón, de repente, se acabaron las galletas.

Y entonces esta persona se puso a pensar, y pensó y pensó, y llegó a la conclusión de que tal vez podría fabricarse ella misma sus desayunos. Sigue leyendo

La historia de la resurrección del pollo y el cocido austriaco

Desde que provoqué aquella catástrofe con el pollo me había creado a mí misma un trauma culinario difícil de resolver. ¿Volvería a comprar carne y me atrevería a prepararla yo sola? ¿O cocinaría mejor cosas cuyo origen no fuera una parte de un animal?

Por suerte para mí y para esos pobres animalillos existen libros de cocina que nos hacen la vida mucho más fácil. Especialmente a mí, lo confieso. Sigue leyendo

La historia de la albóndiga invertida

Érase una vez un animal cuya especie no recuerdo que se me presentó un día en forma de carne picada. Y me dije: hoy hago albóndigas.

El reto era sencillo. Mami las había hecho ya millones de veces. Yo había estado allí delante muchas de ellas. Se mezclan un par de cosas por aquí, se echa la carne dentro, harina alrededor y a freír. Con salsa al gusto, oye.

Para celebrar la ocasión, me permití el lujo de crear una salsa llena de cebolla, hierbas variadas y vino blanco. Sí, suena muy bien. Lástima que dejara cocer tanto la mezcla que al final tan sólo me quedara la cebolla. Habría estado rica.

Sin embargo, a pesar de haber presenciado tantas veces la preparación más básica del plato e incluso tras haber hablado con mami por teléfono unos minutos antes de la hora H para asegurarme de que iba a hacer todo bien sin destrozarle la muerte a ningún animal… No lo conseguí. Es así, queridos amigos, como he creado la “albóndiga invertida”, que no es más que una albóndiga normal, con la salvedad de que yo le añadí la harina exactamente al principio, al tiempo que se me olvidaban algunos ingredientes básicos y añadía otros de mi propia cosecha, pensando que así “quedaría más redondita”. Mentira. Mis albóndigas se aplastan, porque les falta consistencia. Pero la cebolla superviviente de la salsa les da un sabor muy rico, no lo puedo negar.

Moraleja de esta historia: o empiezo a dibujar los pasos a seguir para desarrollar mi creatividad culinaria, o me acabaré teniendo que nutrir de vegetales.

La historia de la catástrofe del pollo

Érase una vez un pollo que, tras haber pasado a otra vida (no sé si mejor) llegó un día a mi cocina. El Cocinero alemán dijo: María, he ahí tu pollo; pollo, he ahí tu consumidora. Y me puse manos a la obra.

Uy… pues esto no es una pechuga como yo pensaba… ¿Qué es esto? Aquí hay un hueso… ¿es un codo? ¿una pata? No puedo cortarlo en trocitos para freírlos, ¿no? ¿O sí? Bueno… tal vez sí. Pero debería buscar unas tijeras. Veamos… No, no tengo tijeras en la cocina, y las otras son las que usaba de pequeña en el cole para hacer manualidades. Seguro que arañan más que cortan. Bien… Piensa, piensa. El Cocinero alemán hace esto con el cuchillo, se lo he visto hacer un montón de veces. ¡No será tan difícil! Sigue leyendo