Dos días en Salzburgo: Hellbrunn

Para aquellos que ya hayan pasado al menos un día en Salzburgo y tengan aún ganas de seguir visitando los encantos de esta ciudad, existe la posibilidad de coger un autobús (el número 25) y acercarse en un momentito a las afueras de Salzburgo. Allí es donde se encuentra el palacio y jardines de Hellbrunn, dentro de cuyo recinto, además, se puede acceder al zoo de Salzburgo. Con una sola entrada. O, si sólo se quiere ver el palacio y los jardines, también se puede hacer, pero si se quiere ver todo es recomendable comprar una entrada conjunta, porque acaba saliendo más práctico (aunque no más rentable).

Pero vayamos por partes… Sigue leyendo

Minientrada

Feliz cumpleviaje

Creo que todo el mundo al que conozco aquí que no es de aquí recuerda la fecha en que llegó a esta parte del mundo para acabar quedándose. Es como si fuera un cumpleaños más, porque realmente acaba marcando un antes y un después en muchos sentidos. Por eso yo lo llamo “cumpleviaje”, y cada vez que llega ese día recuerdo cómo fue mi primer viaje: cómo aquel chino me ayudó a arrastrar mi maleta rota entre capas de nieve, lo poco que dormí aquella noche en el hotel de Munich, lo mucho que me costaba hablar alemán (por entonces aún tenía que traducir todo antes de decirlo) y, a pesar de ello, lo medianamente bien que entendía ya a la gente con la que hablaba…

Hoy celebro mi cumpleviaje número cuatro más un día. Que se dice pronto. Y lo hago en mi casa (de alquiler, pero eso no es relevante), rodeada de decoración navideña y de un montón de cosas que me he ido trayendo en cada uno de los viajes que he hecho a España, mientras bebo mi refresco favorito de cola sabor vainilla. ¿Quién me habría dicho a mi esto hace cuatro años? Como dice no sé qué anuncio: el futuro es impredecible, y desde luego que lo es. Pero para eso están precisamente las aventuras, ¿no? Para continuar con ellas una vez que nos hemos lanzado.

PD. Si alguien aún no conoce la historia de mi llegada a Munich y después a Salzburgo, o quiere reírse de nuevo con aquella aventura, le recomiendo echar un vistazo a esta entrada o a la anterior a ella.

Bodas, bautizos y comuniones

Austria y el sur de Alemania (es decir, la región de Baviera, conocida en alemán como Bayern) son zonas mayoritariamente católicas… y practicantes. Este aspecto me asombraba al principio teniendo en cuenta que hay muchas casas en las que se pueden ver figuras de santos, que hay mucha gente que reza, que es muy habitual ir a la iglesia y que durante las ceremonias, parece que todo el mundo sabe lo que hay que decir o cantar a continuación… Menos yo, claro, que me quedo como una tonta mirando de reojo al resto de la gente y activando la parabólica a ver si entiendo lo que están diciendo, con resultados negativos en la mayoría de los casos.

El hecho de que aquí sean católicos no quiere, sin embargo, decir que sus tradiciones y ceremonias sean exactamente iguales a las nuestras. Cada vez que voy a alguna de ellas me encuentro con la pregunta de: “¿Pero en España la ceremonia se hace igual que aquí, no?”. Y, cuando les respondo que no siempre, la siguiente pregunta suele ser: “¿Pero sois católicos, no?”. Sí, señora, pero católicos hay por todo el mundo y eso no significa que en todas partes se hagan las cosas de la misma manera. Depende de las tradiciones de cada sitio.

Siempre que tengo la oportunidad de asistir a algún acto que no había visto antes, trato de acordarme de todo para poder hablar de ello después, ya que hay quien siempre me pregunta. Sigue leyendo

Un día en… Salzburgo. Segunda parte

Ya hemos llegado al centro de Salzburgo. O, más bien, a los alrededores de la ciudad. Nos encontramos junto al Makarsteg y delante de nosotros hay un paso para peatones. A la derecha tenemos la Franz-Joseph Kai, y a la izquierda la Griesgasse. Y en la parte trasera de los edificios que tenemos enfrente se encuentra el auténtico centro.

Esta vez no os voy a proponer ningún recorrido. Os recomiendo más bien que busquéis la forma de llegar hasta esa calle trasera, que se llama Getreidegasse. Y no vale preguntar. Hay varias formas de llegar hasta ella: ir hacia la derecha y girar a la izquierda… ir a la izquierda y girar a la derecha… meterse por uno de los muchos pequeños “pasadizos” que desembocan en patios más allá de los cuales se entra a esta calle… En cualquier caso, merece la pena (y mucho) perderse por esos callejones y aparecer en cualquier parte.

La Getreidegasse es Sigue leyendo

Enlace

Cómo aprender alemán desde casa

Hace unas semanas os contaba cómo y dónde se puede aprender alemán en Austria y os enseñaba una imagen de los libros que yo utilizo para aprender este bonito idioma por mi cuenta.

Hoy vengo a mostraros una serie de páginas web en las que se puede aprender (o mejorar) alemán de una manera fácil y cómoda. Existen infinitas posibilidades, y evidentemente no conozco todas, así que me perdonaréis que solamente reúna aquellas que he utilizado personalmente: Sigue leyendo

Aprendiendo alemán en Austria

Pongamos que uno se va a un país extranjero. Por ejemplo, a Austria.

Pongamos que ya se sabe algo del idioma del país del destino. Lo suficiente para defenderse al principio, pero no como para mantener conversaciones sobre política, por poner un ejemplo.

Evidentemente, el hecho de estar todo el día rodeado de gente que habla alemán (o una variante de), escuchar la radio o ver cualquier programa de televisión, por absurdo que sea, ayuda mucho a mejorar los conocimientos que uno tiene. Pero llega un momento en que uno se acostumbra y el asunto acaba siendo casi contraproducente. O lo que se sabe ya no es suficiente. Sigue leyendo

Willkommen, bienvenue, welcome

Hasta ahora me habían pasado cosas muy raras con los clientes de los hoteles anteriores.

Siempre recordaré (y no precisamente con cariño) a aquel señor que me hizo dedicarle media hora de mi vida, sin interrupción ninguna, para servirle bebidas varias, simplemente porque sus acompañantes no eran capaces de decidir qué querían beber y necesitaban que les preguntara dos veces a cada uno… o a aquella otra señora que se negaba a hablar conmigo porque decía que no entendía mi alemán… o al señor de Köln que se me acercó la noche de San Valentín para enseñarme un SMS que había escrito en español con una declaración de amor, me preguntó si estaba bien redactado, y a continuación me pidió mi número de teléfono para mandarme el mensaje…

Y ahora, estando en un hotel nuevo, a 150 km. de distancia de los anteriores… me encuentro con que la primera mujer que entra por la puerta en mi primer día de trabajo es una señora a la que ya conocí el año pasado y que no era precisamente de mis favoritas. Por suerte, creo que no me reconoció. O no lo demostró.

Y después de ella no han hecho más que llegar franceses e ingleses, por lo que ya no puedo quejarme de que no practico otros idiomas aparte del alemán. El español me dijo que hablaba muy bien español (antes de confesarle mis orígenes no secretos), los franceses dicen que me entienden muy bien,  los escandinavos hablan bastante bien en inglés, los ingleses son muy simpáticos, los alemanes me preguntan si soy de Suiza (será que mi acento ha evolucionado en no sé qué dirección) mientras yo les explico refranes típicos españoles (en honor a una buena amiga mía), y los estadounidenses me comparan con personajes de series de televisión. Está claro que no me aburro.

Lo que menos nos esperábamos por aquí era, primero, que hubiera una mayoría de clientes franceses y, segundo, que tanto los jefes como todos los trabajadores del hotel sepan hablar perfectamente al menos tres idiomas: alemán, inglés y francés o el idioma materno de cada uno (húngaro, croata, rumano, español). O los dos. Tenemos de todo. Así que aquí, quien no se entiende con los demás, es porque no quiere.

Por cierto: tanto mi jefe como dos compañeras mías parecen querer aprender español. Eso puede ser divertido.