La excursión del mes. Enero de 2017

Empezaré esta nueva entrada diciendo que no he podido escribir antes porque, poco después de que se fuera mi visita, me fui yo misma de vacaciones y no he pasado mucho por aquí… Así que, ya puestos, os deseo a todos un feliz 2017 y os doy las gracias por todas las visitas que han pasado por aquí estos últimos días. ¡GRACIAS!

Ahora sí: año nuevo, ¡sección nueva! He decidido que una vez al mes os voy a narrar alguna de mis muchas excursiones, ya sean de un día de diario yendo de casa al trabajo o de un día de esos en que me da por ir a ver mundo. Y voy a inaugurar estos relatos de una forma un tanto extraña, ya que os voy a hablar de una excursión que no ha tenido lugar en Austria sino en España, mientras estaba de vacaciones. No me gusta mucho hablar en este blog de mis vacaciones en España porque no me gusta mezclar historias hasta ese punto, pero me vais a permitir que haga la excepción. Luego entenderéis por qué:

Hallábame yo metida en un coche azul con una amiga camino de La Coruña, con la intención de sorprender a otra amiga que vive allí. A primera hora de la mañana ya habíamos parado para repostar, hacer recuento de patatas fritas y otros “alimentos” y para inflar las ruedas del coche después de haberlas desinflado previamente. El viaje se desarrolló sin mayores contratiempos. Hablamos de nuestras cosas. Escuchamos música. Atravesamos la más vieja de las Castillas y por fin llegamos a Pandora. Ésta nos recibió cálida, sin restos de las nevadas que asolaban el resto del país, y llena de árboles azules.

El misterio de esta visita constaba de varios pasos:

  1. Paso número 1: el novio de nuestra amiga estaba compinchado con nosotras y había “quedado” con ella para ir a cenar cuando salieran ese día del trabajo.
  2. Paso número 2: nosotras iríamos a buscarla a su trabajo para sorprenderla y sustituir a su novio en esa cena.
  3. Paso número 3: en caso de que el paso anterior no funcionase, sabíamos dónde se suponía que iban a quedar ellos dos. Por si acaso…

Una vez llegamos a nuestro destino y descargamos nuestras cosas, nos encaminamos hacia el centro de trabajo de nuestra amiga. Dejamos el coche en un lugar en el que no deberíamos haberlo dejado y nos escondimos detrás de un elemento decorativo que hay frente a la puerta.

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Y llegó la hora en que ella tenía que salir del trabajo. Y no salía. Nuestras fuentes nos habían informado de que siempre sale por la puerta delantera, pero aún así nos planteamos la posibilidad de que tal vez hubiera salido por otro lado.

La llamamos con la intención de decirle: “¡Holi! Hemos quedado las dos y nos apetecía hablar un ratito contigo.” Pero no contestó a nuestra llamada, y simultáneamente nos llegó un mensaje en el que decía que luego nos llamaba.

Pasaron 20 minutos. Aquello empezó a ser un poco raro, y la llamamos de nuevo. Por lo visto ella no había enviado aquel mensaje, y ya había salido del trabajo.

¡¡¿¿CÓMO??!! ¡Pero si llevábamos un rato en la puerta y no la habíamos visto! ¿Habría salido por detrás? Aprovechando que hacía mucho que no hablábamos las tres a un mismo tiempo, comenzamos un interrogatorio de su vida, al que por desgracia casi no prestamos atención, mientras rodeábamos el edificio buscándola. Decía que tenía tiempo para hablar porque estaba sentada en el coche.

¿El coche? ¿Y qué coche tenía? Le preguntamos discretamente, y fuimos buscándolo… Nada…

Creímos entender que nos decía que estaba en un aparcamiento, pero como no lo localizábamos, entramos en este sitio y preguntamos por ella, que tendría que estar en el parking. Allí nos dijeron algo así como… sí, fulanita… claro… pero aquí no hay parking… ¿No estará en tal otro sitio?

Corrimos hacia el coche, aún con miedo de que una grúa coruñesa se lo hubiera llevado, y mientras reanudábamos la llamada, que se había “cortado al salir del restaurante en el que estábamos” nos dirigimos raudas hacia ese otro edificio. Que no fuimos capaces de localizar…

No recuerdo si en ese momento nuestros cerebros se reactivaron, si necesitamos ayuda del novio o si le preguntamos a ella misma algo así como: ¿pero tú trabajabas en tal sitio, no? En cualquier caso descubrimos que el lugar en el que estábamos no era el correcto. Ella trabajaba a la otra punta del paseo marítimo coruñés. Y allá que fuimos.

Y allá que llegamos. Móvil en mano, manos libres activado, e interrogatorio en proceso. Encontramos el parking, por suerte. Pero su coche tampoco estaba allí. Dimos una vuelta a este otro edificio, por si acaso, y no la vimos.

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Mientras me llegaba a mí el turno de contar mi vida, con lo que intenté explayarme lo máximo posible, mi otra amiga entraba en el edificio y hablaba con la de seguridad. Ella, muy amablemente, nos ayudó con la sorpresa: nuestra llamada volvió a “cortarse” y ella la llamó para preguntarle no sé qué del trabajo. Le preguntó si estaba muy lejos de allí, y le dijo que le hacía falta que volviera. Nuestra amiga le dijo que estaba en el centro de la ciudad, y esta mujer (a la que desde entonces llamamos Encarni, aun sabiendo que no es su nombre real) le dijo que no pasaba nada, que no era nada importante.

Volvimos a salir corriendo hacia el coche y pusimos rumbo al centro de La Coruña. A la plaza en la que por lo visto habían quedado ellos dos, cita a la que él ya “llegaba” con media hora de retraso.

Nuestra amiga puede ser muchas cosas, pero no es tonta. Asoció nuestro interrogatorio, más la llamada misteriosa de Encarni de noche, más el que su novio aún no estuviera allí… Y nos llamó ella a nosotras mientras íbamos circulando de aquella manera por una plaza paralela al sitio al que nos dirigíamos, porque el gps del coche nos decía que aquel lugar era inaccesible. Nos llamó y, asustadas, oímos algo así como: “¿Necesitáis que os ayude a orientaros?”.

Y sí, hasta ahí llegó la sorpresa.

Éste, querido amigos, ha sido el fail más épico en lo que llevamos de año. Y la sorpresa peor organizada de la historia de las sorpresas.

Moraleja: si a alguien se le ocurre sorprender a algún amigo, que se informe previamente de dónde trabaja y qué modelo de coche tiene. Como mínimo.

El resto de la excursión fue muy chula. Cuando por fin la encontramos – o nos encontró a nosotras, mejor dicho – nos enseñó un montón de cosas y no paramos de reír en todo el viaje. Y hubo dos reencuentros: el de nosotras tres, que no se producía desde 2011, y el de nosotras tres más el novio en un mismo espacio-tiempo, que se remonta más allá aún: la última vez que yo le vi y a él y estuvimos los cuatro juntos fue en abril de 2007. Comprobado ahora mismo. Casi 10 años.

A partir de ahora tendré que ir dándoles pistas sobre mi paradero, por si les diera a ellos por venir a verme aquí antes de volver a dejar pasar tantos años. No vayan a presentarse en Viena o en una tienda de la competencia.

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2 comentarios en “La excursión del mes. Enero de 2017

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