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Un día cualquiera

En un día cualquiera, yo suelo madrugar por la mañana, desayuno un vaso de leche con galletas – compradas o propias – y luego me voy al trabajo. Y, una vez allí, distribuyo mis horas entre la cantidad de cosas que tengo que hacer en la oficina, la cantidad de cosas que tengo que hacer en mi planta y la cantidad de gente que pueda haber trabajando ese día y que tal vez necesiten mi ayuda si no tengo nada más que hacer.

En un día cualquiera, suelo pasar bastante más tiempo trabajando en mi planta que haciendo cualquier otra cosa en cualquier otra parte del edificio. Pero a veces me necesitan en tal o cual caja o en los probadores de esta o de la otra planta porque hay lugares y momentos en los que hay quien necesita algo.

En un día cualquiera, suelo hablar con bastante gente sobre temas muy distintos. Cuando estoy al otro lado de una caja suelo repetir las mismas frases y casi los mismos temas de conversación, hasta que se marcha la señora con quien estaba hablando y aparece un chico con gafas que me dice: “¡Hola!”. Sigue leyendo

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La teoría de las rebajas

De los creadores de La teoría del buffet libre hoy os presento La teoría de las rebajas. Una teoría de la que han sido objeto de estudio un número indefinido de sujetos a los que observo paciente y secretamente.

Una teoría que pretende ayudarme a mí misma a comprender los motivos que se esconden detrás de ciertas actitudes. O, por lo menos, a entretenerme mientras trabajo o acompaño a alguien de compras.

He aquí las conclusiones a las que he llegado:
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La excursión del mes. Enero de 2017

Empezaré esta nueva entrada diciendo que no he podido escribir antes porque, poco después de que se fuera mi visita, me fui yo misma de vacaciones y no he pasado mucho por aquí… Así que, ya puestos, os deseo a todos un feliz 2017 y os doy las gracias por todas las visitas que han pasado por aquí estos últimos días. ¡GRACIAS!

Ahora sí: año nuevo, ¡sección nueva! He decidido que una vez al mes os voy a narrar alguna de mis muchas excursiones, ya sean de un día de diario yendo de casa al trabajo o de un día de esos en que me da por ir a ver mundo. Y voy a inaugurar estos relatos de una forma un tanto extraña, ya que os voy a hablar de una excursión que no ha tenido lugar en Austria sino en España, mientras estaba de vacaciones. No me gusta mucho hablar en este blog de mis vacaciones en España porque no me gusta mezclar historias hasta ese punto, pero me vais a permitir que haga la excepción. Luego entenderéis por qué:

Hallábame yo metida en un coche azul con una amiga camino de La Coruña, con la intención de sorprender a otra amiga que vive allí. A primera hora de la mañana ya habíamos parado para repostar, hacer recuento de patatas fritas y otros “alimentos” y para inflar las ruedas del coche después de haberlas desinflado previamente. El viaje se desarrolló sin mayores contratiempos. Hablamos de nuestras cosas. Escuchamos música. Atravesamos la más vieja de las Castillas y por fin llegamos a Pandora Sigue leyendo

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Vuelve, a casa vuelve

El año pasado conseguí ir cuatro días seguidos a España por navidad. Y este año decidí que en lugar de ser cuatro tenía que ser por lo menos una semana, aunque fuera en Nochevieja. Y me pedí las vacaciones. Y, con un poco de esfuerzo, me las concedieron. Y luego me ascendieron. Y me cancelaron esa semana de vacaciones. Ahora soy jefecilla y hay cosas que tengo que supervisar yo sola determinados días. ¿Qué se le va a hacer? Mi gozo en un pozo.

¿O… tal vez no? Sigue leyendo

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El cascanueces

Recuerdo haber ido una vez a ver ballet. Fue en Madrid. Hace ya una eternidad. Recuerdo que las entradas que recibí, que fueron un regalo, eran tan horribles que nos tocó sentarnos casi atrás del todo y prácticamente detrás de una columna. Eso, sumado al hecho de que llevaba varios días descansando poco por el trabajo y la universidad, hicieron que casi a la mitad de la pieza empezara a notar un sueñecillo. ¡Qué vergüenza!

Nunca logré resarcirme de aquel sentimiento de malestar. Sin embargo, hace poco recibí una nueva propuesta: entradas para ir a ver de nuevo el ballet, esta vez en Salzburgo. ¿Quién puede rechazar una oferta así?

Además, por suerte para mí, se trataba exactamente de la misma obra: El cascanueces, en alemán Der Nussknacker. Y, lo mejor de todo es que, como el ballet consiste precisamente en eso, en bailar, no es necesario conocer un idioma en particular para entender la obra. Sigue leyendo

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Dos días en Salzburgo: Hellbrunn

Para aquellos que ya hayan pasado al menos un día en Salzburgo y tengan aún ganas de seguir visitando los encantos de esta ciudad, existe la posibilidad de coger un autobús (el número 25) y acercarse en un momentito a las afueras de Salzburgo. Allí es donde se encuentra el palacio y jardines de Hellbrunn, dentro de cuyo recinto, además, se puede acceder al zoo de Salzburgo. Con una sola entrada. O, si sólo se quiere ver el palacio y los jardines, también se puede hacer, pero si se quiere ver todo es recomendable comprar una entrada conjunta, porque acaba saliendo más práctico (aunque no más rentable).

Pero vayamos por partes… Sigue leyendo

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Minientrada

Feliz cumpleviaje

Creo que todo el mundo al que conozco aquí que no es de aquí recuerda la fecha en que llegó a esta parte del mundo para acabar quedándose. Es como si fuera un cumpleaños más, porque realmente acaba marcando un antes y un después en muchos sentidos. Por eso yo lo llamo “cumpleviaje”, y cada vez que llega ese día recuerdo cómo fue mi primer viaje: cómo aquel chino me ayudó a arrastrar mi maleta rota entre capas de nieve, lo poco que dormí aquella noche en el hotel de Munich, lo mucho que me costaba hablar alemán (por entonces aún tenía que traducir todo antes de decirlo) y, a pesar de ello, lo medianamente bien que entendía ya a la gente con la que hablaba…

Hoy celebro mi cumpleviaje número cuatro más un día. Que se dice pronto. Y lo hago en mi casa (de alquiler, pero eso no es relevante), rodeada de decoración navideña y de un montón de cosas que me he ido trayendo en cada uno de los viajes que he hecho a España, mientras bebo mi refresco favorito de cola sabor vainilla. ¿Quién me habría dicho a mi esto hace cuatro años? Como dice no sé qué anuncio: el futuro es impredecible, y desde luego que lo es. Pero para eso están precisamente las aventuras, ¿no? Para continuar con ellas una vez que nos hemos lanzado.

PD. Si alguien aún no conoce la historia de mi llegada a Munich y después a Salzburgo, o quiere reírse de nuevo con aquella aventura, le recomiendo echar un vistazo a esta entrada o a la anterior a ella.