Dienteaventuras

Con el tiempo se ha visto que el coronavirus ha venido acompañado de unas cuantas cosas; la mayoría de ellas nuevas, algunas malas, otras no tanto, y también las hay de las que deberíamos haber aprendido algo. Lo que a mí me trajo la pandemia y el primer confinamiento fue un diente casi partido al caerse una taza del armario y una muela del juicio. No sé cuál de los dos regalos me gusta menos.

Ahora, después de dos años, mi nueva muela ha decidido que quiere salir y ver mundo, cueste lo que cueste. Y a mí me estaba costando unos dolores de cabeza horribles, así que esta semana por fin me he decidido y la he dejado en libertad.

Para ello, tuve que buscar en primer lugar un dentista, ya que aún a estas alturas yo sigo volviendo al mío en España siempre que estoy de visita. Sin embargo, esta vez no podía esperar tanto y acudí a la doctora a la que va el Cocinero alemán. En cuestión de media hora ya había entrado, me habían hecho una radiografía, me habían preguntado si quería que me sacaran la muela ese mismo día y ésta ya estaba fuera. Así, sin más. Bueno, a cambio de 200€, ya que era un dentista privado.

Lo bueno que tiene este país es que, en estos casos, se puede enviar por correo la factura del doctor, a la que se le añade nuestro número de cuenta, y en un tiempo razonable se recibe una parte de ese dinero de vuelta. Y quien dice por correo dice también a través de una aplicación de la seguridad social que sirve, entre otras cosas, para eso, y la cual sólo puedo recomendar encarecidamente.

Así que, en resumen, mi muela se salió con la suya y yo me quité un peso de encima. Todo ventajas.

¡Feliz feliz aniversario!

Justo hoy hace dos años que me casé. ¡Ah! ¡Espera! Que nunca llegué a escribir sobre aquello… Pues habrá que retroceder un poco en el tiempo…

Allá por el año 2019, en una acción bastante poco impresionante y carente por completo de romanticismo, pero no por ello falta de sorpresa, el Cocinero alemán me preguntó si quería casarme con él. Mi respuesta fue: «pero no quiero una boda grande».

Pasaron los meses y comenzamos a organizar cosas. Yo me apunté a esa web donde te recuerda cada día cuánto queda para la gran fecha, cuándo hay que reservar cada cosa, etc., y nos dedicamos a escribir una lista de invitados que no paraba de crecer y crecer.

En el camino de esa aventura nos topamos con la burocracia, esa vieja conocida mía. Nuestra idea original era casarnos por lo grande en septiembre de 2020, y la boda civil queríamos hacerla antes de esa fecha, nos daba igual que fuera un día o un mes antes… Simplemente, cuando estuviera el papeleo preparado. Ahora bien, en ningún caso con una diferencia mayor de seis meses entre ambas fechas, porque, si no, la documentación pierde su validez. Así que en enero nos pusimos a ello.

La funcionaria de nuestro ayuntamiento nos ayudó en todo el proceso. Lo que a nosotros nos pidió fue lo siguiente:

  • Documento de identidad. Ella nos hizo las copias correspondientes, pero a lo mejor hay quienes no tienen tiempo o ganas, por lo que siempre es aconsejable llevarlas, por si acaso.
  • Meldezettel de ambos, para comprobar nuestro lugar de residencia.
  • Certificado de nacimiento, que en mi caso tuve que mandar traducir (con traducción jurada) por aquello del idioma, aparte de presentar también el original, a pesar de que ella no entendía nada.
  • La llamada Ehefähigkeitsurkunde, o, como se llama en España, certificado de capacidad matrimonial, que sirve para demostrar que se está soltero y por lo tanto se puede uno casar.

Este último punto fue en un caso fácil y en el otro más complicado. A la hora de obtener la documentación del Cocinero alemán, la funcionaria se encargó personalmente de ello, dado que entre las administraciones de estos dos países existen acuerdos para ello. En el caso español, nos costó un poco más…

Primero tuve que informarme a través de la Embajada de España en Viena sobre cuáles eran los pasos a seguir. El primero de todos ellos fue tramitar la solicitud del certificado de capacidad matrimonial, para lo cual es necesario rellenar un formulario que se puede descargar en este enlace, y al cual hay que acompañar de una serie de documentación, básicamente la misma que me pidieron en mi ayuntamiento. Todo ello se remite por correo electrónico y, si no falta ningún documento, se tardan aproximadamente ocho semanas hasta que se puede dar el siguiente paso.

En nuestro caso, ese trámite se alargó algo más de la cuenta, ya que en esa fecha comenzó el confinamiento debido al coronavirus, y como el mundo entero se paró, así también lo hizo nuestra solicitud.

En el mes de mayo recibimos por fin confirmación de que todo estaba en orden y, por lo tanto, podíamos concertar una cita presencial en la Embajada para ratificar nuestra solicitud y presentar los originales de los documentos enviados previamente.

Ya había oído a algunas personas comentar que dicha entrevista se hacía a ambos contrayentes por separado, como en las películas, para comprobar que no se trata de un matrimonio de conveniencia. En nuestro caso, las tres horas de viaje hasta allí (más las otras tres de vuelta) se redujeron a una entrevista conjunta de media hora de duración; ya que habían visto que llevábamos años compartiendo dirección y, además, hay un retoño en común.

Nos dijeron, también, que teníamos que dejar pasar creo que 48 horas o algo así (del tiempo exacto ya no me acuerdo bien), en el cual se haría pública nuestra intención de casarnos, en caso de que alguien tuviera algo que objetar en contra de ese matrimonio. Y, después, si no había quejas, ya recibiríamos mi certificado, que nuestro ayuntamiento aún seguía necesitando.

Con todo esto llegamos ya al mes de junio y solamente teníamos hasta primeros de julio si queríamos hacer la boda civil antes de que acabaran los seis meses de plazo. De lo contrario, habría que repetir todo el proceso desde el principio, visita a la Embajada incluida.

A últimos de junio por fin recibimos toda la documentación, y acordamos una cita para la boda con la funcionaria: el siguiente sábado, que era el último de mes, y que cayó en tal día como hoy. Es decir, no elegimos la fecha para conmemorar algo especial, sino porque era la última opción que nos quedaba.

A pesar de que fue una boda en la que solamente estuvimos nosotros tres presentes más dos amigos, yo me quise atener a la regla esa que cuentan por ahí y llevé algo nuevo (los zapatos, que en teoría iban a ser para la boda grande), algo viejo (el vestido, que ya había intentado usar sin éxito para dos bodas anteriores), algo azul (las uñas de los pies, ya que el vestido era verde y no conjuntaba muy bien) y algo prestado (la pulsera de una amiga). Yo lloré, como me pasa en todas las bodas, firmamos, nos fuimos a comer y a las dos estábamos de vuelta en casa para la siesta de Monete.

A la Embajada tuvimos que enviar posteriormente una copia del certificado de matrimonio y el libro de familia que ya teníamos para que inscribieran el acontecimiento.

Y esto fue todo en realidad. La boda grande la tuvimos que aplazar, ya que por motivos sanitarios no podían hacerse grandes celebraciones… Y al año siguiente cuando parecía que la cosa iba algo mejor resultó que no lo era del todo y, ante varias bajas importantes y algo de inseguridad respecto a las medidas sanitarias, decidimos dejarlo como estaba. Y no, ya no va a haber boda grande, porque a mí, después de dos intentos, ya no me apetece volver a empezar con los preparativos y porque, aunque no pudiera venir nadie de la familia por lo precipitado de la fecha, en realidad tuve la boda pequeña que yo quería.

Fin.

PD. Si alguien necesita información más oficial que la que yo pueda aportar, aquí está todo incluido.

Monete y la música

Ya desde que Monete empezó a ir al Krabbelgruppe (la guardería para menores de 3 años) mostró un gran interés por la música. «¡Pues como todos los niños!» me decía todo el mundo. Vale, pero en nuestro caso evolucionó un poco más. Tanto le gustaba ver a sus profes tocando canciones con la guitarra, que le organizamos una propia, de color verde, que aún sobrevive de forma íntegra después de casi 3 años. Cuando llega a casa, coloca a sus Playmobil, Barbies o lo que pille en círculo, se sienta con ellos, y les canta algo con la guitarra.

Casi cada tarde encendemos la radio y escuchamos lo que sea. Y canta. Y baila. Aclararé esto de radio porque para mí es importante: precisamente por la misma época en que nos llegó la guitarra, compré un (no sé cuál es su nombre real) altavoz que se conecta con el móvil por Bluetooth, para poder escuchar lo que queramos sin tener que estar mirando continuamente a una pantalla. En esta casa funciona muy bien; Monete (o quien sea) elige la música que quiere, yo la pongo, y a disfrutar.

Sin embargo, en nuestro entorno ven esto como un atraso, ya que existe una cosa cuyo nombre sí conozco pero de la que no voy a hacer publicidad, que no deja de ser un cubo con un altavoz encima del cual se coloca la figurita deseada, y ésta canta o cuenta un cuento, o reproduce la música que nosotros hayamos guardado dentro previamente. Y ello sirve, según los padres que intentan convencerme de que es el invento del siglo, para que los niños puedan escuchar lo que quieran cuando ellos quieran. Me parece estupendo. Yo no lo voy a comprar. Y no quiero que nos lo regalen. Porque el cubo en cuestión cuesta unos 80€ y cada una de las figuritas hay que organizarlas aparte, y a mí eso sí que me parece un gasto innecesario. Sin contar con que yo no quiero que Monete tenga de todo, sino que sepa apreciar aquello que tiene y que no se agobie con millones de cosas. Por eso digo que, para nosotros, un altavoz con Bluetooth y la posibilidad de hablar y decidir entre todos qué se escucha, es más que suficiente.

Pero volvamos al tema de la música. Dado que yo no estoy musicalmente dotada, llegó un momento en que no podía ofrecerle más a Monete que su guitarra y una serie de instrumentos musicales para que pruebe por su cuenta de vez en cuando. Por eso consideré la opción de apuntarle a una escuela de música. Estamos en Salzburgo, la ciudad de la música, algo habrá, ¿no?

Pues sí. Existe una institución llamada Musikum cuya página web deja un poco que desear, pero que por otra parte funciona bien; a mí siempre me han atendido muy atentamente tanto por teléfono como por correo electrónico.

El caso es que el curso pasado, después de intercambiar varios correos, nos invitaron a una clase de prueba para niños de hasta 4 años, en la que tanto los peques como un progenitor, cantan y bailan todos juntos. A Monete le gustó mucho, y tras ese día nos indicaron que podíamos sumarnos a esa clase, a pesar de estar el curso ya empezado – y casi acabando. Eso a mí ya no me gustó tanto, ya que, por mucho que le pueda gustar, la música es (de momento) algo extra(escolar) y no quería que perdiera una mañana entera de guardería por una hora de actividades musicales, a pesar de que en la guardería no me pusieron ningún problema.

Ya que habíamos probado, pregunté por algo más: el grupo que sigue al de los peques con mamás, que es uno para niños de entre 4 y 6 años y que les permite a ellos solos introducirse en el mundo de la música, aprender a seguir ritmos, probar instrumentos diferentes y bailar. Mi gozo en un pozo: en la sede que tenemos más cerca de casa sólo ofrecen ese grupo por las mañanas. Justo lo que yo no quería. Así que nos fuimos un poco más lejos: directamente a Salzburgo.

Allí llevamos ya desde finales de septiembre y no podríamos estar más felices. Al principio yo también formaba parte de las clases, hasta que Monete se acostumbró a que yo esperase al otro lado de la puerta, y ahora funciona sin ningún problema. Monete se alegra cuando llega el día de la semana en que vamos a la escuela de música, prueba instrumentos diferentes, la profe les deja pintar dibujos un poco antes de acabar la clase… Y así es como comenzamos con nuestra primera actividad extraescolar.

Próximamente van a organizar una tarde en la que juntan a varios grupos y otros niños mayores o profesores presentan instrumentos que ellos no pueden aún utilizar, al ser pequeños para ello. Y tengo que decir que tengo muchas ganas de que llegue ese día, porque hace poco nos encontramos a una mujer tocando el violín en la calle y la cara de alegría y de emoción que puso Monete al verla hacía mucho que no se la veía.

¿Será guitarra? ¿Será violín? ¿Se cansará de la música y tendremos que interrumpir las visitas a la escuela? No lo sé. Lo importante para mí es que pueda hacer algo que le interese durante el tiempo que quiera y, sobre todo, sin sentirse obligado a ello. Y, en definitiva, que disfrute de la música.

La declaración de la renta en Austria: preguntas frecuentes

Me he decidido a escribir esta entrada para completar todas las anteriores que ya he escrito sobre este tema para tratar de responder a esas preguntas que me vais haciendo con el paso del tiempo, muchas de las cuales pueden tener algo de interés general. Así que, con vuestro permiso, iré añadiendo paulatinamente cada vez más información aquí.

Si hay algo que no encontráis más abajo, podéis buscar más información en el resto de entradas que ya hay en este blog sobre la declaración de la renta, escribir un comentario o mandarme un email.

¿Cuándo puedo hacer y presentar mi declaración de la renta?

En Austria existe un plazo de 5 años para realizar nuestra declaración de la renta. Es decir, si quiero presentar la declaración del año 2021, tengo de plazo para hacerlo hasta 2026. Yo, personalmente, suelo recomendar realizar este trámite el primer año en que se abre el plazo; así lo dejamos hecho y no corremos el riesgo de que se nos olvide o se nos pierda algún documento importante.

Con respecto a la época del año en que se puede hacer, en Austria no hay una fecha a partir de la cuál hacerlo, al igual que ocurre en España; si bien es cierto que las empresas tienen de plazo hasta finales de febrero para entregar a la administración la información relativa a las nóminas de los trabajadores. Por ello mismo, si comenzáis a rellenar el formulario en enero o febrero, es posible que la web no os deje hacer el cálculo real completo. Sí os va a permitir enviar la declaración, pero no sabréis si sale a abonar o a devolver.

Si la declaración de la renta me sale a devolver, ¿cuándo me ingresarán el dinero en mi cuenta?

La administración de hacienda dispone de un plazo de hasta seis meses para abonar el importe de la declaración, aunque hay casos en que tardan unos pocos días o dos semanas en empezara a hacer los primeros ingresos.

¿Puedo indicar un número de cuenta que no sea austriaco para que me devuelvan lo que me corresponde?

SÍ. Tras mucho tiempo indagando sin poder encontrar esta información, he descubierto que si seguís la siguiente ruta (una vez ya estáis dentro de la web FinanzOnline y habéis introducido vuestros datos):

Startseite – Grunddaten (abajo a la derecha) – Ändern – Bankverbindung Ausland

Precisamente ahí podéis introducir los datos de un banco que no sea austriaco. Adjunto un pantallazo para que podáis orientaros:

Respecto a si os ponen algún problema al indicar esta información o, más importante aún, cuánto pueden tardar en devolveros vuestro dinero tratándose de una cuenta bancaria de otro país, siento no disponer de más información por ahora. Pero si alguien lo sabe por experiencia, le animo a que deje un comentario para ayudarnos.

Érase una vez… Un año nuevo

Os leo. Creedme que me encanta seguir recibiendo comentarios, emails y preguntas, aunque ya no responda tan deprisa como lo hacía cuando empecé con este blog. Las obligaciones familiares son lo que tienen.

Todos los años me propongo retomar el blog y volver a escribir cada vez un poco más. Pero, ¿qué contar, si en estos tiempos de pandemia uno no puede hacer gran cosa? Ahora que Monete ya está en edad de descubrir un poco más el mundo y de poder pasar más tiempo cada vez más lejos de casa, hay que pasar por controles, cuarentenas y vacunas para mantener una cierta normalidad.

Pero no venía aquí a hablar de eso – ese tema ya me aburre demasiado -, sino a hacer propósito de enmienda y a contaros (al que le interese) cómo hemos pasado las navidades.

Aunque el 24 de diciembre siempre lo he concebido como un día para estar con toda la familia, desde que Monete llegó a nuesttas vidas hacemos cena familiar nosotros tres. Como cada año, cenamos una sopa cuyo nombre olvido siempre al cabo de cinco minutos desde que el Cocinero alemán me lo explica, y que lleva lo que cada uno de nosotros le quiera echar: Monete sólo quiere Backerbsen (una especie de garbanzos que están huecos por dentro y ni siquiera son legumbres), yo me conformo con fideos (aquí son más largos que en España, pero haberlos, haylos) y salchichas cortadas chiquititas; y el Cocinero alemán echa todo eso y alguna que otra cosa más. Después de cenar, siempre aprovechamos para lavarnos los dientes y justo en ese momento, mira tú por dónde, viene el Christkind con sus regalos y nos lo perdemos en persona.

El día 25 hicimos cena familiar (con la parte alemana) aquí en casa. Al Cocinero alemán le apetecía cocinar para su familia, y oye… Si no hay que ir muy lejos y yo no tengo que preparar la cena ¡me apunto! ¡Y había otra vez regalos! ¡Estupendo!

La sorpresa de este año nos la llevamos en Nochevieja. Como cada año, invitamos a dos amigos a venir a cenar y a tomarse las uvas, tradición que yo personalmente voy expandiendo allá por donde vaya en este país. Pero este año ampliamos la invitación a la mejor amiga de Monete y su familia. Ellos no llegaron a las uvas, pero el resto sí… ¡También Monete! Que no quiso comerse sus propias uvas, aunque sí ayudarme a mí con las mías. El problema es que era su primera vez y aquello iba tan rápido, que cuando consiguió darme una uva a tiempo era ya la última. El próximo año, si aguanta, le doy 6 lacasitos de esos chiquititos de la marca que hay aquí y le enseño quién es Ramón García, si es que él también repite y yo consigo sintonizarle.

El día de Reyes aún no está tan interiorizado porque el resto de amiguitos no lo celebra y, por lo tanto, soy yo la única que habla de ese día, pero no por ello lo celebramos con la misma ilusión, viendo la cabalgata por el canal internacional y esperando dos horas el día 6 a que se despertaran los pajes españoles para hacer una videollamada.

Y, así a lo tonto, ya llevamos más de una semana en este 2022. Aún no ha llegado otra Filomena, ni los americanos han asaltado ningún organismo oficial, pero oye… ¡Aún hay tiempo!

Os deseo lo mejor para este nuevo año y ¡Os sigo leyendo!

El sistema educativo en Austria

Desde hace unas semanas Monete ya no forma parte del Krabbelgruppe (el jardín de infancia hasta los 3 años), sino que ya ha pasado al Kindergarten. Y me preguntan algunos desde España: ¿así, en medio del curso? Pues sí, dado que aquí el sistema escolar lo permite. ¿Me dejáis contároslo?

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Confieso que…

Confieso que he estado recientemente en España. Sí. En plena pandemia. Sí. Y no me arrepiento de ello.

Llamadme insensata, irrespetuosa y todo lo que queráis. Tal vez tengáis incluso razón. Pero pensad que no todo son alemanes que van en masa a Mallorca o franceses que se van de fiesta por el centro de Madrid. También existimos esos otros de quienes no se habla nunca, aquellos que vivimos en un país que no es el nuestro y tenemos familia y amigos en otra parte del mundo. Y, por mucha pandemia que haya, también los echamos de menos y tenemos ganas de verlos. Sobre todo después de casi dos años, como era nuestro caso.

Confieso que estuve mucho tiempo dándole vueltas a la idea de ir o no. No es el mejor momento. Podría contagiarle algo a mi familia. Podría, por otro lado, seguir años esperando a que la situación se solucione un poco para volver a vernos, y que mientras tanto ellos se sigan perdiendo tantas cosas de Monete.

Así que, después de consultarlo con quien debía, habiéndome hecho infinidad de tests en las semanas previas al viaje (tanto obligatorios como no) y tras preparar a conciencia tanto el viaje de ida como el de vuelta, me fui con Monete dos semanas a España. Y ahora nos encontramos ya en el final de nuestra cuarentena.

Como ya he dicho más arriba, no me arrepiento de haberlo hecho. No he tenido prácticamente contacto con nadie ajeno al núcleo familiar y apenas he salido de casa salvo para ir a comprar un par de veces, sobre todo para que a Monete le pudiera dar un poco el aire.

Apenas nadie sabía que iba a estar allí. Por eso pido perdón desde aquí a todos los que me conocen en persona y que están leyendo ahora está confesión; mi objetivo para este viaje era ver únicamente a mi familia y tener el menor contacto posible con el resto de gente para evitar males mayores. Ya tendremos otras oportunidades más adelante para vernos.

Así que ya está. Ya lo he dicho. He ido y he vuelto. Si alguien tiene interés en saber cómo fueron los vuelos o los preparativos, os lo puedo contar en otra entrada.

Podéis dejar todos los comentarios que queráis, pero sí os rogaría que los escribiérais desde el respeto. Sé que mucha gente no va a aprobar esta historia, pero os pido que, antes de decir cualquier cosa, tratéis de poneros en el lugar de los demás. Gracias.

Cómo renovar mi carnet de conducir español en Austria

Como casi todo en esta vida, también los carnets de conducir tienen una fecha de caducidad. ¿Y qué pasa si me pilla en Austria, y yo me saqué el carnet en España? ¿Tengo que volver a España para renovarlo, como ocurre con el DNI? ¿Tengo que ir a la Embajada en Viena? Ninguna de esas opciones es correcta…

O, al menos, ya no, porque por lo que yo tengo entendido, hace unos años sí había que desplazarse hasta la Embajada. Ahora, por suerte (o por desgracia, según se mire) ya no es necesario. Todo lo que hay que hacer es seguir estos pasos:

  1. Contactar con la Landespolizeidirektion (= sede de la policía estatal) de nuestra zona, en primer lugar, para informarse sobre si se necesita una cita para acudir o no, especialmente en estos tiempos de pandemia. Para quienes vivimos en Salzburgo y sus alrededores, la sede que nos corresponde es la que se encuentra en la Alpenstraße 90, en un edificio blanco. Cuando yo llamé me dijeron que podía acudir sin cita y que necesitaba:
  2. Llevar consigo fotografías de tamaño carnet (a mí solamente me hizo falta presentar una, aunque llevé cuatro, por si acaso), el carnet que va a caducar / ya ha caducado y 50€ para pagar las tasas de expedición (el precio exacto fueron 49,50).
  3. Una vez allí, la trabajadora situada detrás del mostrador me preguntó cuánto tiempo llevo viviendo en Austria y cuánto tiempo tengo pensado quedarme aquí – imagino que, si uno se vuelve a vivir a España un mes después, lo más probable es que le digan que espere y tramite la renovación a su vuelta. Como mi respuesta le resultó satisfactoria, me dio un formulario que tuve que rellenar indicando, entre otras cosas, mis datos personales, el motivo por el que solicitaba un nuevo carnet de conducir (incido en lo de NUEVO, no se trata de una renovación ya que no me pueden dar otro carnet español si no estoy en España, sino que hay que solicitar otro porque el que se posee caduca), y por qué medio deseaba que me llegara (si iba yo personalmente a recogerlo o prefería que me fuera enviado por correo).
  4. A continuación, me hizo esperar unos breves minutos hasta que hizo una «comprobación con España» (palabras textuales) y, al finalizar, se quedó mi carnet (que ya estaba a punto de caducar) y me entregó a cambio una hoja en la que aparecen mis datos personales y en la que se indica que puedo circular con la misma porque estoy a la espera de que me expidan el nuevo carnet (por si acaso me lo pidieran en algún control y, evidentemente, no lo llevara conmigo).

Como yo solicité que me lo enviaran a casa por correo, me indicó que suele tardar aproximadamente una semana en llegar y que, si no es así, se debe contactar con ellos de nuevo. Y ¡oh, sorpresa! Yo realicé todo este trámite el viernes de la semana pasada casi a mediodía, y este mismo martes a primera hora de la mañana ya tenía el carnet en mi buzón. Un carnet (como habréis podido averiguar) austriaco, no español. Eficacia austriaca. O que no tienen muchas solicitudes a las que atender últimamente. Aunque también podría haberme pasado como a una conocida, que tuvo que esperar (no sé por qué) un mes a que le llegara, y sólo lo recibió después de ponerse ella en contacto con la policía.

En cualquier caso, lo que quiero decir con esto es que se trata de un trámite relativamente rápido de llevar a cabo, indoloro (salvo por los 50€, tal vez) y se aprende algo nuevo sobre la burocracia de este país.

Para quien quiera indagar un poco más sobre este asunto, aquí os dejo un par de links: