Cosas que me gustan (y otras que ya no tanto) de España

Cuando se pasa una larga temporada sin ir por casa hay cosas de las que una se olvida, como la forma de los cuchillos que usaba antes, la anchura exacta del pasillo o la hora a la que amanece. Y tal vez por llevar cierto tiempo sin ir a España, esta última vez me he dado cuenta de detalles que echo de menos y de otros que, por suerte, no recordaba pero que no por ello dejan de ser molestos.

Vamos a empezar mejor con las cosas que ya no me gustan…

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The same procedure as every year

¡No, tranquilos! ¡No me voy a poner ahora a escribir en inglés! En este fin de año simplemente quiero desearos precisamente un feliz (y lleno de salud) año 2019 y aprovechar para enseñaros – si es que no lo conocéis ya – un vídeo que en esta parte del mundo se ve tradicionalmente este día. O en estas fechas tan señaladas, así en general.

Os pongo en situación: nos encontramos en casa de una señora que celebra su nonagésimo cumpleaños y, como cada año, invita a 4 amigos suyos a cenar con ella. Sin embargo, ellos no han sobrevivido lo suficiente como para llegar a la fiesta…

El video está en inglés y he encontrado una versión con subtítulos en castellano:

¡Qué lo disfrutéis! ¡Feliz año!

La Navidad en Austria

En esta parte del mundo, hay quienes celebran Nochebuena por lo grande, con toda la familia. También hay quienes, como viene siendo tradición en mi familia política, la celebran de una forma más reducida, es decir: aquellos que tienen hijos y por lo tanto una familia propia, lo celebran en su casa. Por este motivo, gracias a Monete, este año volvemos a ser tres, con la novedad de que ya se puede desplazar y mi misión será proteger las partes bajas del árbol de sus intentos de ataque.

Sea como fuere, aquí se le concede mucha importancia a todo este día, ¡ya que además hoy el Christkind trae los regalos! Y quien dice Christkind dice Niño Jesús, el cual por lo visto no tiene nada mejor que hacer en su cumpleaños que regalar cosas a otros niños. Y montar (o al menos decorar) los árboles de Navidad que cada uno tiene en su casa. Menudo plan.

Para dejarle hacer su trabajo, una de las dos figuras paternas se encarga de salir a pasear con los churumbeles por la tarde mientras el otro se queda en casa para abrirle la puerta al pobre Niño y que éste pueda hacer su trabajo. Yo me iba a pedir lo de salir de paseo, no vaya a ser que cuando viniera se pusiera a hablar en dialecto y no me enterase de qué quería de mí. Y así de paso nos daba el aire – o la lluvia, que todo iba a ser posible. Al final, se ha decantado el cielo por la lluvia, así que hemos cambiado “paseo” por “planta de arriba” y, al menos de momento, ha colado.

No es que Monete haya aún terminado de entender de qué va toda esta historia… De hecho, le han gustado más los lazos de los regalos – o el mando a distancia de la tele – que los regalos en sí, de ahí el que las cosas que le ha traído el Niño Jesús hayan sido todo un acierto: ningún juguete, sólo libros. Que de esos nunca se tiene suficiente.

Tanto si celebráis estas fiestas por todo lo alto como si lo hacéis con vuestra familia y amigos más cercanos, os deseo todo lo mejor y un 2019 lleno de salud y, sobre todo, de humor. ¡Felices fiestas!

Los farolillos de San Martín

Una de las ventajas de tener hijos en un país que no es el tuyo, es que a través de ellos también se pueden aprender tradiciones, como esta que os cuento hoy.

En alemán se la conoce como Martinstag (= día de San Martín) y se celebra cada 11 de noviembre en conmemoración del día en que se enterró a este santo en el año 397. Cuenta la leyenda que este buen hombre, que sirvió en la guardia imperial romana, se encontró un día del invierno del 337 a un mendigo tiritando de frío en la puerta de la ciudad de Amiens, y decidió compartir con él la mitad de su capa. Una noche después, Jesús se le apareció con esa mitad que había entregado y a partir de entonces San Martín de Tours se convirtió al cristianismo.

¿Y qué tiene que ver esta leyenda con la celebración de este día? Pues no demasiado…

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Blogger Recognition Award

Érase una vez, allá por 2014, que una persona llamada Eve Estelle, creadora del blog Edge of the Night, decidió inaugurar unos premios de estos que nos gustan tanto a quienes escribimos en este mundo virtual, y de ahí surgió el Blogger Recognition Award. ¿Y por qué digo que nos gustan tanto? Pues porque animan mucho. Cuando uno comienza a escribir, no siempre sabe si servirá para algo, si le interesará a alguien, si tendrá visitas o no… Y cuando se recibe una nominación de este tipo, quiere decir que no sólo se está haciendo una buena labor, sino que a alguien le gusta aquello que escribimos.

En mi caso, y a pesar de que ahora cada día está más dedicado a mi familia que a contaros mis aventuras – y que conste que me gustaría que los días tuvieran un par de horas más para poder escribir sobre una infinidad de cosas -, Montse, del blog Kartoffel Tortilla, ha decidido que yo también merezco esta nominación. ¡Gracias Montse! Sigue leyendo

De cuando empieza a terminar el verano

Hoy Monete se ha despertado a las 5:30 de la mañana. Nada nuevo en su rutina. Lo que ha cambiado, así de repente, es el hecho de que a esa hora aún no ha terminado de salir el sol. Durante la última semana era normal que se despertara tan temprano: había luz fuera y todo un mundo esperando a ser descubierto. Y ya no. No hay luz, quiero decir.

Para mí, el principio del final del verano comienza en ese justo instante en que aprecio que las horas de sol son menores. No cuando deja de hacer calor o cuando los lagos dejan de estar masificados en busca de un poco de sol y agua para refrescarse. No, no, cuando cambian las horas en que hay luz. Quizá cuando aún estaba en España no lo notaba, pero aquí es más que evidente.

Recuerdo particularmente un verano. El de 2016, si no me falla la memoria. Durante una semana de agosto, todos los días salía de trabajar a la misma hora. Todos los días cogía el mismo tren. Y todos los días pasaba por la misma calle. El lunes, cuando pasé por allí, el sol estaba empezando a ponerse. Y el viernes, insisto, misma hora y mismo lugar, ya estaba anocheciendo y las farolas estaban encendidas.

El cambio de hora, en esta parte del mundo, sí se nota. La electricidad se consume de igual manera, ya sea por la mañana antes de salir de casa o por la noche cuando se vuelve del trabajo, pero cambia enormemente el momento en que amanece y anochece. De ahí la percepción de un buen amigo español, que cree firmemente que aquí a las 2 de la tarde ya es de noche.

Así pues, para mí empieza a terminar el verano y eso me alegra. Me gusta septiembre, con su vuelta al cole (algo que siempre me ha encantado), nuevas cosas por hacer… Este nuevo curso quiero apuntarnos a Monete y a mí en un centro para padres e hijos que hay aquí en el pueblo, para que vaya conociendo a otros niños que, con suerte, serán sus primeros amigos y compañeros de colegio…

Pero aún quedan un par de semanas para todo eso. Dejemos primero que vaya anocheciendo poco a poco.

¡Feliz verano a quienes sigáis disfrutándolo!

Un día en… Chiemsee

Allá en mis años mozos (y quien dice esto dice poco después de aterrizar en Austria) al Cocinero alemán se le ocurrió llevarme a ver uno de los palacios que el rey Luis II de Baviera construyó en su época; uno de esos palacios que no tiene nada que envidiar a mi adorado castillo de los puzles (más conocido por el común de los mortales como Neuschwanstein) y que, al igual que éste, ni llegó a ser construido totalmente ni se llegó a utilizar a largo plazo.

Estoy hablando del Schloss Herrenchiemsee, del que ya os hablé en su momento cuando fui a visitarlo en pleno invierno.

En este caso os quiero ofrecer una imagen distinta: parte de la familia vino hace un tiempo a visitarme por primera vez y, como carecíamos de coche, mi suegro se ofreció muy buenamente a llevarnos a todos al lago Chiemsee para

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