Los farolillos de San Martín

Una de las ventajas de tener hijos en un país que no es el tuyo, es que a través de ellos también se pueden aprender tradiciones, como esta que os cuento hoy.

En alemán se la conoce como Martinstag (= día de San Martín) y se celebra cada 11 de noviembre en conmemoración del día en que se enterró a este santo en el año 397. Cuenta la leyenda que este buen hombre, que sirvió en la guardia imperial romana, se encontró un día del invierno del 337 a un mendigo tiritando de frío en la puerta de la ciudad de Amiens, y decidió compartir con él la mitad de su capa. Una noche después, Jesús se le apareció con esa mitad que había entregado y a partir de entonces San Martín de Tours se convirtió al cristianismo.

¿Y qué tiene que ver esta leyenda con la celebración de este día? Pues no demasiado…

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Blogger Recognition Award

Érase una vez, allá por 2014, que una persona llamada Eve Estelle, creadora del blog Edge of the Night, decidió inaugurar unos premios de estos que nos gustan tanto a quienes escribimos en este mundo virtual, y de ahí surgió el Blogger Recognition Award. ¿Y por qué digo que nos gustan tanto? Pues porque animan mucho. Cuando uno comienza a escribir, no siempre sabe si servirá para algo, si le interesará a alguien, si tendrá visitas o no… Y cuando se recibe una nominación de este tipo, quiere decir que no sólo se está haciendo una buena labor, sino que a alguien le gusta aquello que escribimos.

En mi caso, y a pesar de que ahora cada día está más dedicado a mi familia que a contaros mis aventuras – y que conste que me gustaría que los días tuvieran un par de horas más para poder escribir sobre una infinidad de cosas -, Montse, del blog Kartoffel Tortilla, ha decidido que yo también merezco esta nominación. ¡Gracias Montse! Sigue leyendo

De cuando empieza a terminar el verano

Hoy Monete se ha despertado a las 5:30 de la mañana. Nada nuevo en su rutina. Lo que ha cambiado, así de repente, es el hecho de que a esa hora aún no ha terminado de salir el sol. Durante la última semana era normal que se despertara tan temprano: había luz fuera y todo un mundo esperando a ser descubierto. Y ya no. No hay luz, quiero decir.

Para mí, el principio del final del verano comienza en ese justo instante en que aprecio que las horas de sol son menores. No cuando deja de hacer calor o cuando los lagos dejan de estar masificados en busca de un poco de sol y agua para refrescarse. No, no, cuando cambian las horas en que hay luz. Quizá cuando aún estaba en España no lo notaba, pero aquí es más que evidente.

Recuerdo particularmente un verano. El de 2016, si no me falla la memoria. Durante una semana de agosto, todos los días salía de trabajar a la misma hora. Todos los días cogía el mismo tren. Y todos los días pasaba por la misma calle. El lunes, cuando pasé por allí, el sol estaba empezando a ponerse. Y el viernes, insisto, misma hora y mismo lugar, ya estaba anocheciendo y las farolas estaban encendidas.

El cambio de hora, en esta parte del mundo, sí se nota. La electricidad se consume de igual manera, ya sea por la mañana antes de salir de casa o por la noche cuando se vuelve del trabajo, pero cambia enormemente el momento en que amanece y anochece. De ahí la percepción de un buen amigo español, que cree firmemente que aquí a las 2 de la tarde ya es de noche.

Así pues, para mí empieza a terminar el verano y eso me alegra. Me gusta septiembre, con su vuelta al cole (algo que siempre me ha encantado), nuevas cosas por hacer… Este nuevo curso quiero apuntarnos a Monete y a mí en un centro para padres e hijos que hay aquí en el pueblo, para que vaya conociendo a otros niños que, con suerte, serán sus primeros amigos y compañeros de colegio…

Pero aún quedan un par de semanas para todo eso. Dejemos primero que vaya anocheciendo poco a poco.

¡Feliz verano a quienes sigáis disfrutándolo!

Un día en… Chiemsee

Allá en mis años mozos (y quien dice esto dice poco después de aterrizar en Austria) al Cocinero alemán se le ocurrió llevarme a ver uno de los palacios que el rey Luis II de Baviera construyó en su época; uno de esos palacios que no tiene nada que envidiar a mi adorado castillo de los puzles (más conocido por el común de los mortales como Neuschwanstein) y que, al igual que éste, ni llegó a ser construido totalmente ni se llegó a utilizar a largo plazo.

Estoy hablando del Schloss Herrenchiemsee, del que ya os hablé en su momento cuando fui a visitarlo en pleno invierno.

En este caso os quiero ofrecer una imagen distinta: parte de la familia vino hace un tiempo a visitarme por primera vez y, como carecíamos de coche, mi suegro se ofreció muy buenamente a llevarnos a todos al lago Chiemsee para

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Blogparade: Si volvieras a España ¿qué no echarías de menos?

Desde hace varios meses ronda por este mundo virtual una iniciativa que consiste en hablar de aquellas cosas que aquellos que vivimos en el extranjero echaríamos de menos si nos fuéramos del país en el que ahora vivimos. Sin embargo, a Montse del blog Kartoffeltortilla se le ha ocurrido darle la vuelta a la pregunta para contar aquellas otras cosas que no echaríamos de menos. Y como la idea me gusta mucho y he recibido una invitación personal suya para participar, allá va mi lista:

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Érase una vez el mundo

Hace no mucho alguien me dijo que educar a un niño consiste en explicarle el mundo… Pues ahí va una de mis muchas explicaciones a Monete:

He aquí que estábamos en casa un muy frío día de diciembre, uno de esos en que iba a tardar más tiempo en preparar a Monete, bajar el carro a la calle y volver a subirlo después, que lo que íbamos a dedicar en sí a respirar aire fresco. Así que nos quedamos en casa.

Nos asomamos a la ventana y comencé con mi relato:

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Carta a la humanidad

Querido ser humano:

Sé que esto que voy a escribirte no va a servir de nada, pero te pido que me dejes intentarlo.

Últimamente me has estado demostrando que no se puede confiar en ti. El ser humano no es bueno por naturaleza, o al menos no quien se supone que debería serlo.

Cuando un bebé viene a este mundo, es de lógica pensar que va a nacer sano. Sigue leyendo