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Verano en Berlín

Antes de empezar a trabajar, recibí una invitación de los que a partir de ahora llamaré “gente del fútbol” para acompañarles a un torneo en Berlín. La mayor parte del tiempo estaría dedicada a los partidos de fútbol, pero la idea de conocer algo de Berlín, por poco que fuera, me atraía tanto que acepté la invitación.

El viaje empezó organizando los asientos de los dos coches que llevábamos. En total, 10 personas. Debo aclarar de antemano que uno de los coches tenía en realidad capacidad para 9 personas, por lo que no había problemas de espacio. Al menos para los seres vivos, porque la cantidad de tiendas de campaña, sacos de dormir y montones de botellas con todo tipo de bebidas superaba en más del doble al número de personas allí presentes.

Antes de organizarnos todos dentro, me tocó conducir un coche. Por primera vez conduje sola, sin nadie al lado que orientarme o criticarme mientras conduzco. Y he decir que, salvo un par de veces que se me caló al arrancar, conduje mejor que nunca. Espero que mi familia esté orgullosa de mí; ellos son los que más se ríen a mi costa sobre este tema.

23:30: comienza el viaje. El coche (con 3 personas dentro) va delante porque lleva el gps que nos va guiando. Por delante tenemos carretera para largo… alrededor de 740 km. para ser exactos. ¡Allá vamos! Dice el dicho: carretera y manta… Pues tuvimos de los dos:

Aunque no lo parezca, en ese espacio hay 5 personas durmiendo.

Aunque no lo parezca, en ese espacio hay 5 personas durmiendo.

Visto el panorama, traté de mantenerme despierta para dar conversación al conductor. A ello colaboró la alegría incontenida que sentí después de haber conducido sola aderezada con un par de bebidas energéticas, de las que me hicieron responsable nada más ocupar cada uno nuestro asiento.

3:30 de la madrugada: las bebidas no surten efecto. Me quedo frita. Como ya hemos hecho varias paradas y los demás están algo más frescos, les noto hablar, pero el jolgorio no dura demasiado, se vuelven a dormir.

4:30 de la madrugada: amanece. ¡¡AMANECE!! ¡A LAS 4 DE LA MADRUGADA! Yo que tenía la ilusión de ver salir el sol y ya no puedo… ¡Es que ya ha salido! Ahora entiendo por qué no hay farolas en las carreteras de Austria y Alemania, si amanece tan sumamente temprano ahorran luz haciendo las cosas como las hacen.

5:00: vuelvo a quedarme dormida.

7:30: llegamos a Berlín. Más concretamente, al lugar donde se celebra el campeonato de fútbol. Hora de montar las tiendas de campaña. Los que van a dormir conmigo y yo empezamos a montar nuestra tienda, la más grande de todo nuestro grupo. Empezamos antes que el resto y acabamos los últimos. Sí, la tienda es más grande, pero algo hemos debido de hacer mal, o bien somos algo más patosos que el resto.

8:00: desayuno.

10:30 / 11:00: vámonos. Hoy no hay partidos de fútbol porque algunos de los equipos aún no han llegado, así que nos vamos a hacer turismo con los jugadores de parte de otro de los equipos; una gente que viene también de Bayern y a los que el resto ya conocen del año pasado. Para llegar hasta el centro en metro, vamos guiados por un chaval de 13 años que no sé de dónde sale, pero que acaba pasando todo el fin de semana con nosotros. Parece ser que vive en Berlín, y que sus padres participan en la organización del torneo, pero él juega con los de Bayern, y su hermana (de 10 añitos) con nosotros.

Lo poco que he visto de Berlín en este viaje se reduce a dos elementos principales: la Puerta de Brandenburgo y los edificios que se encuentran a ambas orillas del río Spree, por el que navegamos en barco con un guía y bebidas para amenizar la travesía.

Puerta de Brandenburgo.

La gente del fútbol se había dedicado ya varios días a tratar de convencerme de que no me hiciera muchas ilusiones con la Puerta de Brandenburgo porque, según decían, es más pequeña en persona que vista por la tele. Pues tenían razón.

Puerta de Brandenburgo.

Puerta de Brandenburgo.

Este monumento se llama “puerta” porque su función original fue, precisamente, la de puerta de entrada a Berlín. De ahí su carácter funcional y su tamaño no excesivamente colosal, ya que no pretendía ser un elemento decorativo o conmemorativo. Sin embargo, éso es en lo que se ha convertido hoy en día: alrededor de la plaza no hay más que personajes disfrazados de soldados alemanes, franceses y estadounidenses con uniformes del estilo de los que se utilizaban durante la Guerra Fría; personajes de videojuegos y de películas que no tienen mucha relación que digamos con el entorno y hasta un señor/señora bajito con un disfraz de mono, feísimo por cierto. Eso es lo malo de los lugares tan turísticos, que una no puede disfrutar de la historia que emanan porque no hay más que chorradas alrededor. Una lástima.

Paseo en barco por el río Spree.

Tras tomarnos unas cervezas por el módico precio de 5 euros por cabeza (maldita la hora en que nos sentamos en la primera cafetería que encontramos) nos dirigimos a nuestro paseo en barco, ya reservado de antemano. A pesar de ello, a alguna mente pensante no se le ocurrió la idea de llegar un poco antes de la hora prevista para subirnos al barco, y nos tocó esperar media hora porque ya no podíamos embarcar. Kein Problem (= sin problema), se puede aprovechar cualquier rato para hacer fotos:

Berliner Dom.

Berliner Dom.

Una vez embarcados, estuvimos una horita viendo la ciudad desde el barco. No lo cuento, lo enseño:

Torre de la televisión o "el Pirulí" de Berlín.

Torre de la televisión o “el Pirulí” de Berlín.

Berliner Dom mientras en barco da la vuelta.

Berliner Dom mientras en barco da la vuelta.

Alte Nationalgalerie, en la Isla de los Museos.

Alte Nationalgalerie, en la Isla de los Museos.

Bode Museum, en la isla de los Museos.

Bode Museum, en la isla de los Museos.

Reichstag, o edificio del parlamento.

Reichstag, o edificio del parlamento.

Reichstag, desde otro punto de vista.

Reichstag, desde otro punto de vista.

¿A que lo adivináis? Me quedé con las ganas de ver la isla de los Museos desde dentro y, evidentemente, de entrar en cada uno de los museos y tirarme varios días allí. Pero probablemente era la única que tenía esa ilusión, y como ése no era el objetivo de nuestro viaje, tendré que volver más adelante. ¡Qué lástima! ¡Con lo poco que me gusta a mí viajar!

Y con respecto al fútbol, podría contar muchas más cosas, entre otras las canciones raras que se inventó uno de los nuestros para amenizar el fin de semana; cómo otro de los que iban conmigo prefirió beber cervezas en lugar de jugar los partidos que tenía que jugar, cómo se vengaron de él por no participar, y qué fama se ha ganado a partir de entonces; cómo es posible ponerse unos calzoncillos cuando ya se tienen los pantalones puestos después de haber salido de darse un baño en un lago; cómo cambié de coche en el camino de vuelta y asistí en directo un karaoke de lo más divertido… Pero las pruebas gráficas de lo que allí pasó, se quedan guardadas.

La verdad es que fue un fin de semana corto pero intenso. Conocí a un montón de gente de distintas partes de Alemania y de Glasgow (sí, había un equipo escocés), me reí muchísimo y presencié una más de las derrotas del equipo de la Gente del fútbol. Su lema para cada torneo es “no quedar los últimos”, pero esta vez no lo consiguieron. La verdad es que es muy divertido ver cómo juegan, no tiene aquello lógica ninguna, pero al menos se lo pasan bien. De hecho, ahora que lo pienso, incluso tienen una canción para los torneos, que dice así (ya traducido):

“Viajamos lejos

Viajamos mucho

Perdemos cada partido”

(En alemán rima). Así que ya lo tienen asumido.

Y hasta aquí llega mi primera aventura en Berlín amigos. Espero que se repita próximamente y que pueda añadir algo más a este breve resumen. Au revoir!

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5 comentarios en “Verano en Berlín

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