Éramos pocos y parió la hermana

No, no, ¡no os asustéis que no soy yo! ¡Que a mí hasta noviembre no me toca! No, la que ha parido es la que todos los desconocidos que nos ven juntas preguntan: “¿Ah, ésta es tu hermana?”. Mmm… pues bueno… en realidad sólo somos amigas, y los únicos elementos “genéticos” en que nos parecemos son la altura, en que las dos llevamos gafas, y que las dos hemos nacido en la capital de un país, aunque ni siquiera es el mismo… En fin… la gente… Todo sea por tener temas de conversación.

El caso es que esta muchacha, a la que conocí ayende los tiempos a través de los amigos del fútbol del Cocinero alemán, me saca(ba) ventaja en seis meses con esto del embarazo, y claro, ella ya ha llegado a su límite máximo y el miércoles nos presentó a su niño. Fue niño, sí. Ella no lo sabía, porque no le dio la gana enterarse y por lo tanto su doctora tuvo que mantener el secreto, pero mi madre se lo olía y al final tuvo razón. En cualquier caso, el niño nació bien, pequeño, porque ella tampoco es que mida dos metros, y ya están en casa.

Lo cual a mí me ha venido muy bien (lo de los 6 meses de ventaja) para empezar a investigar ya cositas Sigue leyendo

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El agua, esa gran amiga…

Hoy quiero confesar mi mayor secreto, el secreto del mayor de mis miedos: me aterroriza el agua. Yo no sé nadar, y cuando tenía casi 14 años me ahogué en la piscina de una amiga. Fue horrible porque, aunque estaba en una zona de la piscina en la que podría haberme mantenido de pie, no fui capaz de hacerlo y los segundos que pasé allí dentro sin poder respirar se me hicieron eternos. Desde entonces casi no voy a la piscina y mucho menos a la playa, y cuando me meto en una piscina es por obligación de terceras personas y procuro que el agua no sobrepase la altura de mi pecho, punto a partir del cual empiezo a no respirar como una persona normal. Ahora he encontrado a alguien que poco a poco me está enseñando, uno de los amigos del fútbol, pero el miedo sigue ahí. Qué le voy a hacer.

A pesar de esta tragedia infantil, tengo que reconocer que el agua me llama mucho la atención, especialmente cuando se encuentra en determinados entornos.

En esta entrada quiero mostraros dos de las maravillas de la naturaleza que recomiendo visitar a quienes vengan de viaje por esta zona. Sigue leyendo

Resacón en Salzburgo

Esta entrada se la dedico a mi amiga Jelens, que es la que quiere saber lo que pasó el día de mi cumpleaños… Sin su interés, este relato no existiría.

Antes de que alguien pueda pensar nada raro: en este relato no hay alcohol de por medio. Bueno, sí, pero no. Ahora lo explico.

El día de mi cumpleaños empezó cuando el despertador sonó a las 8:25 de la mañana, ya que a las 8:30 había quedado con mi familia para vernos por skype. Dada la hora que era, y que para un día que no hacía falta madrugar yo lo hice, decidí irme al cuarto de baño con el ordenador para no despertar al Cocinero alemán, que aún seguía durmiendo. Una hora más tarde le hizo falta entrar al servicio y se encontró el percal; fue divertido. Se rió bastante.

El siguiente paso fue ir a visitar a Mis suegros. De ellos lo único que necesitáis saber es que son super amables conmigo y que, al parecer, ellos me aprecian mucho. Es cierto que no siempre les entiendo, pero intentan explicarme todo con mucha calma, y hasta han empezado a darme unas “clasecillas particulares” de alemán de Bayern, para integrarme en la familia. Sigue leyendo

Soy leyenda

Hay un conjunto de gente al que se le conoce con el nombre de “Club de los 27”. Para quien no lo sepa, está formado por aquellos cantantes y artistas que fallecieron en circunstancias normalmente extrañas a los 27 años, como por ejemplo Jimi Hendrix, Janis Joplin, Kurt Kobain o, más recientemente, Amy Winehouse. El hecho de coincidir en la edad a la que fallecieron les ha convertido en leyenda.

Pues bien, salvando las (macabras) distancias, yo alcanzo hoy esa edad. Y como soy yo la que escribe este blog y sólo porque a mí me da la gana, yo también soy leyenda. En primer lugar, porque es la primera vez que voy a pasar mi cumpleaños tan lejos de casa, sin poder celebrarlo con mi gente. Al menos con mi gente de España, lo cual no significa que no vaya a tener una celebración. Lo poco que he podido averiguar es que hay preparada una barbacoa. También preveo un regalo un poco extraño, resultado de las preguntas que me envió una de las chicas del grupo hace unos días en un mensaje: cuál es mi elemento de Harry Potter favorito, mi animal preferido, y tres colores que me gusten. Sólo puedo asociar todo eso con el hecho de que a ella le gusta dibujar, pero nadie me desvela nada más. Se respira el misterio. Y huele raro.

En segundo lugar, soy leyenda porque he conseguido lo mismo que todos los años: que me den el día libre en el trabajo. No por el hecho de no madrugar (aunque también tiene algo que ver). No por el hecho de que sea un día extraordinario. Es, simplemente, cuestión de descanso mental. No me gusta celebrar mi cumpleaños rodeada de compañeros de trabajo que no siempre son amigos (si lo fueran, no me importaría) ni me gusta exponerme a la posibilidad de que algún jefe o compañero tenga un mal día y trate de amargarme a mí el mío. Es puro egoísmo, lo sé. Pero ha vuelto a salirme bien.

Así que el plan pasa por skypear con la familia a primerísima hora de la mañana, con las legañas aún sin lavar, como quien dice, y luego trasladarnos a los alrededores de Salzburgo para la barbacoa a la que ni siquiera sé aún quién está invitado. Yo sólo propuse quedar para tomar algo, de verdad, no me hace falta nada más… Bueno… en realidad… sí. Mi canción favorita para estos eventos:

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Verano en Berlín

Antes de empezar a trabajar, recibí una invitación de los que a partir de ahora llamaré “gente del fútbol” para acompañarles a un torneo en Berlín. La mayor parte del tiempo estaría dedicada a los partidos de fútbol, pero la idea de conocer algo de Berlín, por poco que fuera, me atraía tanto que acepté la invitación.

El viaje empezó organizando los asientos de los dos coches que llevábamos. En total, 10 personas. Debo aclarar de antemano que uno de los coches tenía en realidad capacidad para 9 personas, por lo que no había problemas de espacio. Al menos para los seres vivos, porque la cantidad de tiendas de campaña, sacos de dormir y montones de botellas con todo tipo de bebidas superaba en más del doble al número de personas allí presentes.

Antes de organizarnos todos dentro, me tocó conducir un coche. Por primera vez conduje sola, Sigue leyendo