Los borrachos dicen siempre la verdad

Dice la leyenda, la tradición o las malas lenguas (según se mire) que los austriacos (o más bien los alemanes, aunque a veces los confundamos, seamos sinceros) son dados a beber cerveza. Hasta ahí, la parte neutral. Luego viene lo de que si beben mucho alcohol, que si las cantidades que ingieren no son normales, que si son alcohólicos, etc.

Pues hoy vengo con la intención de darle la vuelta a ese prejuicio, contar un par de anécdotas y aclarar un par de cosas sobre el consumo de alcohol en esta parte del mundo.

La primera de las anécdotas se remonta a la primera vez que el Cocinero alemán se vino a España a conocer a la familia y salimos un día a que conociera a unos cuantos de mis amigos al mismo tiempo. Como buen alemán, se pidió una cerveza… Sigue leyendo

Un día en… Salzburgo. Segunda parte

Ya hemos llegado al centro de Salzburgo. O, más bien, a los alrededores de la ciudad. Nos encontramos junto al Makarsteg y delante de nosotros hay un paso para peatones. A la derecha tenemos la Franz-Joseph Kai, y a la izquierda la Griesgasse. Y en la parte trasera de los edificios que tenemos enfrente se encuentra el auténtico centro.

Esta vez no os voy a proponer ningún recorrido. Os recomiendo más bien que busquéis la forma de llegar hasta esa calle trasera, que se llama Getreidegasse. Y no vale preguntar. Hay varias formas de llegar hasta ella: ir hacia la derecha y girar a la izquierda… ir a la izquierda y girar a la derecha… meterse por uno de los muchos pequeños “pasadizos” que desembocan en patios más allá de los cuales se entra a esta calle… En cualquier caso, merece la pena (y mucho) perderse por esos callejones y aparecer en cualquier parte.

La Getreidegasse es Sigue leyendo

Austria vista desde fuera. Segunda parte

Sigamos con la lista de cosas curiosas que se puede encontrar uno al llegar por primera vez a Austria.

5.La puntualidad, los horarios y la hora.

fashion-person-woman-hand-large

Los austriacos son, tal como se cree, muy puntuales. Ellos, sus trenes, las horas a las que se puede hacer tal o cual cosa o a las que se abren los comercios. También los hay que no cumplen esta regla y llegan tarde a todas partes, pero no son la mayoría.

Suele sorprender a todos los turistas Sigue leyendo

Invierno en Berlín

Los que me conocéis sabéis que, desde que llegué a estas tierras, me voy a Berlín el primer fin de semana del mes de julio. Eso llevo haciendo ya tres años. Y lo que comenzó siendo un simple viaje de acompañamiento a un torneo de fútbol, se ha convertido para mí en una forma de ver la ciudad poquito a poco y de conocer también un poco más a la gente de por allí. Incluso me encargo de recolectar las fotos y vídeos que hace todo el mundo (ya sea la gente de Salzburgo, los de Berlín, los de Essen, los escoceses o cualquiera que pase por allí) y monto un DVD recopilatorio que luego distribuyo a cada uno para que se rían de los mejores momentos, sobre todo de aquellos en los que creían que yo estaba haciéndoles una foto en lugar de grabarles en vídeo.

Pues aunque que ese DVD y ese fin de semana ya son tradición, este año hemos adelantado un poco la visita y nos hemos ido a Berlín en enero. Sigue leyendo

Salzburgo desde el aire

Si Mahoma no va a la montaña, ella baja a saludarlo. O a verlo. O algo así, ¿no? Sea aquí o allí, lo importante es que, al final, se ven. Bien.

Los días 22 y 23 de noviembre nevó por estas latitudes. Y luego la nieve desapareció para no volver nunca jamás. Y así estamos, a 13 de noviembre, tercer domingo de Adviento (como se le llama aquí al día de hoy) esperando aún a que la nieve baje de las montañas. Porque, si no, la promesa de la canción de la “blanca navidad” no se cumple.

IMG-20151123-WA0000

Imagen del día que hubo nieve en la tierra

El caso es que estaba yo el otro día en modo vago cuando el Cocinero alemán me propuso ir en busca de la nieve. Así que me abrigué – mucho – y nos subimos al Sigue leyendo

Cita

Diario de “el resplandor”. Día 8.

Querido diario,

Este invierno la nieve nos llegó tarde. Y ahora parece que no quiere irse. Estamos a casi finales del mes de abril y anoche volvió a nevar. Sin previo aviso. Sin que notásemos más que la capa blanca de copos que hoy cubrían los coches aparcados en la calle.

A estas horas de la tarde ya ha desaparecido casi por completo, pero, ¿quién se fía ahora de salir a la calle sin chaqueta, como estábamos haciendo la semana pasada?

Por lo demás, no hay muchas más novedades que relatar, salvo que hemos empezado con la limpieza a fondo de todos los rincones del hotel y, aunque avanzamos sin prisa pero sin calma, parece que eso no se va a acabar nunca y que vamos a descubrir rincones que aún no conocíamos y que solamente nos servirán para tener que limpiarlos.

Me queda una semana en esta parte de Austria. Y después… ¡a casa! Y más adelante… ¡a casa también!

Te mantendré informada, querido diario, aunque creo que a partir de mayo tendré que buscarte un nombre nuevo, porque espero no aburrirme tanto como por aquí.

Y me hará una oferta que no podré rechazar

Pongámosle banda sonora a esta historia:

La mañana de hoy se levantó con frío. Ha dejado de nevar, pero cuando el sol no nos ilumina le echamos de menos.

Hallábame yo en este contexto comprobando alegremente si necesitaba sobrecitos de té en el bar cuando mi jefa se ha acercado sigilosamente a mí. Se ha dirigido a mi persona hablándome de usted (algo que no hace más que cuando desea darle un toque dramático a su discurso) y, tras una ligera divagación en la conversación, ha venido a decirme lo siguiente: que sería una lástima que acepte otro trabajo que pueda ser peor que el que tengo actualmente; que aquí ya me conocen y les conozco a todos; que si tal vez podría imaginarme a mí misma prolongando mi contrato aquí… y tal vez alternando mis funciones en el restaurante con las labores que se desempeñan habitualmente en la recepción… que lo hablará con su hijo… que yo me lo piense…

Todo ello, para averiguar pocas horas después que su hijo (mi jefe directo) no contempla la posibilidad de dichas mezclas y que total, si ya estoy en el restaurante, mejor que me quede allí. Si es que me quedo, evidentemente.

Es complicado para los hoteles organizar al personal cuando se acerca el final de cada temporada. Hay quienes saben a ciencia cierta que se quieren quedar, hay quienes renuncian a acabar su contrato y se marchan antes de tiempo, hay quienes no se plantean siquiera qué hacer cuando llegue el último día de trabajo… Y los jefes tienen que tener en cuenta cada una de las circunstancias personales y las peticiones de cada uno… y buscar personal nuevo como locos, o tratar de conservar a aquellos que ya conocen de la mejor manera posible.

Sea como sea, si mi búsqueda particular de trabajo en Salzburgo no da sus frutos… ya tengo un plan B. Algo es algo.