Diario de “el resplandor”. Día 9.

Querido diario,

El final de una temporada de trabajo en un hotel se parece a cuando una se va de vacaciones al pueblo una larga temporada: nada de comprar comida de más, comerse todo aquello que pueda caducar para no tener que llevarnos más cosas de las que ya llevamos, dejar todo bien limpio… Tan sólo hay una diferencia: en esta ocasión hay que llevarse todo consigo. En ese sentido, es más como hacer una mudanza. Por eso hay que tener presente que no puede una dejarse nada guardado en ningún armario o cajón, que todo quepa en todas las maletas o cajas que se han ido recolectando las últimas semanas solamente para eso, etc.

Y al final, lo que queda es una habitación igual de vacía a como me la encontré el primer día, con olor a madera y con montones de trastos apilados frente a la puerta para cargarlos en el coche. Sigue leyendo

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Diario de “el resplandor”. Día 8.

Querido diario,

Este invierno la nieve nos llegó tarde. Y ahora parece que no quiere irse. Estamos a casi finales del mes de abril y anoche volvió a nevar. Sin previo aviso. Sin que notásemos más que la capa blanca de copos que hoy cubrían los coches aparcados en la calle.

A estas horas de la tarde ya ha desaparecido casi por completo, pero, ¿quién se fía ahora de salir a la calle sin chaqueta, como estábamos haciendo la semana pasada?

Por lo demás, no hay muchas más novedades que relatar, salvo que hemos empezado con la limpieza a fondo de todos los rincones del hotel y, aunque avanzamos sin prisa pero sin calma, parece que eso no se va a acabar nunca y que vamos a descubrir rincones que aún no conocíamos y que solamente nos servirán para tener que limpiarlos.

Me queda una semana en esta parte de Austria. Y después… ¡a casa! Y más adelante… ¡a casa también!

Te mantendré informada, querido diario, aunque creo que a partir de mayo tendré que buscarte un nombre nuevo, porque espero no aburrirme tanto como por aquí.

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Diario de “el resplandor”. Día 7.

Querido diario,

Seguimos sin novedades en el frente. La gente no para de ir y venir. La nieve no termina de manifestarse. ¡Y yo que estaba preocupada cuando llegué por si no tenía ropa de abrigo suficiente! En comparación con los 20 grados bajo cero que, según la leyenda, sufrieron el año pasado, esto no es nada. Casi verano.

El espíritu navideño sigue sin hacer mella en la mayor parte de la gente. Es más, casi todo el mundo está bastante más nervioso e irascible de lo normal. ¡Una lástima!

Sin embargo, las cosas típicas de estas fechas siguen su curso Sigue leyendo

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Diario de “el resplandor”. Día 6.

Querido diario,

He venido observando que esa manía que tiene el ser humano (occidental) por ir adelantando paulatinamente la Navidad no es algo exclusivo de España. ¿Qué se le va a hacer? Los catálogos navideños para hacer compras, la decoración en las tiendas e incluso la que tenemos aquí en hotel ya llevan dos os tres semanas entrando en nuestras vidas para quedarse e incitarnos a comprar. O a que nos invada el espíritu de estas fechas tan señaladas. No sé qué querer creer.

En nuestro caso en concreto, la decoradora lleva no sé cuántos millones de días cambiando los erizos y uvas de plástico que teníamos en todos los rincones por renos, para luego cambiar los renos por ángeles y, ya de paso, llenar todo de velitas y de cosas rojas. Nunca habíamos tenido tantas velas que encender como ahora. Creo que, si apagaran todas las luces, seguiríamos viendo igual de bien. Y no digo que no me guste, el único problema es que, cuando realmente llegue Navidad, estaremos ya hartos de ver tanta cosa roja.

Lo más interesante de todo esto es la parte comestible Sigue leyendo

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Diario de “el resplandor”. Día 5.

Querido diario,

Ya están aquí. Los primeros copos de nieve ya han llegado. Al parecer llegan con retraso respecto al año pasado, pero han hecho su entrada por la puerta grande:

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Un paseíto de camino a los hoteles que se “ven” al fondo. Con señor infiltrado en la foto. Aquí os dejo la foto de ese mismo lugar con más colores.

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Yo misma aquí, al final del todo, con las montañas de fondo

Y es que ayer, con previo aviso, empezó a nevar a eso de las dos de la madrugada… cayeron algunos copos… por la mañana se veía el panorama ligeramente blanco… pero como la nieve no descansó ni para dormir ni para desayunar hoy temprano ni para ninguna otra cosa, éste es el panorama que nos hemos encontrado a mediodía. Si os lo estáis preguntando, sí, hace frío.

¡Adiós, manga corta! ¡Bienvenida, navidad!

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Diario de “el resplandor”. Día 4.

El sábado llegué a conocer al chico que estaba destinado a enseñarme a bailar. Lástima que ni hubiera espacio vital suficiente para moverse ni que la música fuera la apropiada para aprender a bailar lo que yo quería bailar. Se quedó en una anécdota…

Por lo demás, el Oktoberfest de esta región no es más que otra excusa para entretener a la chavalería del valle un fin de semana y para organizar un evento cualquiera al que atraer a los clientes de los hoteles cercanos. Cerveza, vino y cualquier otra clase de bebida alcohólica por todas partes. Nada de pasearse sin llevar una bebida en la mano, eso está mal visto. Aunque no deja de ser una bonita forma de juntarse con los compañeros de trabajo fuera del hotel y una manera de desempolvar el Dirndl propio de cada uno para lucir sus mejores galas. Menos mal que la noche no era fría y que montaron y acondicionaron una buena carpa.

Investigaré si los siguientes saraos varían respecto a los que he visto hasta ahora, aunque empiezo a dudarlo…

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Diario de “el resplandor”. Día 3.

Querido diario,

Este próximo sábado tendré mi primera cita a ciegas para aprender a bailar los bailes típicos tiroleses, que ni siquiera sé cómo se llaman. O, al menos, uno de ellos que se practica en pareja.

¡Uy, espera! ¡Cuántas novedades en tan sólo dos líneas! Mejor me explico con más calma…

Hace varias semanas se celebró tres pueblos más allá una fiesta popular en esta región y, aprovechando que por aquí no hay muchas más ofertas de ocio y tiempo libre fuera del senderismo y el esquí, decidí apuntarme al sarao. Llegamos cuando el grueso de la fiesta ya estaba en plena decadencia, el suelo lleno de cerveza y los bancos pringosos, pero aún nos dio tiempo a ver a un grupo local interpretando el típico “jodeln”, ese canto en el que se alternan tonos muy altos y muy bajos… el típico yoliru jijú, que diría más de uno que yo me sé. Y, acompañando a los cánticos, había gente bailando. Al principio me dio la impresión de que cada cual se movía como le daba la gana, pero tras observar atentamente un buen rato, me di cuenta de que todo aquello tenía su secuencia interna: Sigue leyendo