Fama

La semana que viene se producirá el gran acontecimiento de la temporada en nuestro hotel, aquél del que ya llevan tiempo haciendo publicidad a través de todos los medios posibles y el que, según parece, nos reportará grandes cantidades de dinero. Bueno, a mí no, pero quería expresarlo de forma corporativa.

La semana que viene tendremos el honor de contar con la presencia de M. S., un cocinero de renombre en toda Austria, el mejor de todo Tirol según parece, quien cuenta nada más y nada menos que con tres “gorritos de cocina” (realmente llamados “Haube”, una forma de clasificación de las cualidades de los cocineros en este país) y con una estrella Michelin. Guau.

Al sarao se ha apuntado tanta gente, tanto clientes como gente que sólo quiere venir a cenar para probar las delicias que cocina este hombre, que yo no sé dónde pretenden meter a todo el personal… pero pasaremos de ser unos 7/8 trabajadores en el restaurante a alrededor de 20. Claro que sí. Hasta nos han dado un uniforme nuevo a estrenar el primero de los dos días que el susodicho cocinará aquí, para darle más esplendor al asunto. Qué emoción.

Para organizar este gran evento, los cocineros que trabajan aquí todos los días empezaron ya el viernes a cocer langostas, fabricar bombones y lavar la vajilla buena (que no me quiero yo imaginar lo que pesa) para que esté todo preparado. Y ante tanto movimiento, yo me pregunto: ¿qué va a hacer este señor realmente? Porque lo que es pre-cocinar la comida… va a ser que no, eso ya lo están haciendo los demás… ¿Dará órdenes a diestro y siniestro? ¿Dirá en qué parte del plato se coloca cada uno de los alimentos que lo conforman, mientras el resto lo va haciendo? ¿Cortará él la carne que cocinen los demás? ¿Cocinará algo? ¿Se manchará la ropa de trabajo?

Expectante me hallo ante tanto nerviosismo generalizado, y todo simplemente por las estrellitas de este señor. Pues yo, como ciudadana de a pie, estaría más interesada en averiguar cómo cocina de verdad que en pagar 80 euros por cenarme unos platos que él ha dirigido (no digo preparado, porque no lo sé). Pero, como ya veo que viene siendo costumbre en este país, importa más el nombre que otra cosa. Yo sigo sin entender a esta gente…

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