Misión imposible: protocolo hacienda

No quería llegar a estos extremos, pero dado que mi reclamación no ha sido atendida… Hoy os voy a contar mi última aventura con la administración pública española, que aún no sé si me provoca la risa o ganas de llorar…

Érase una vez una funcionaria austriaca muy simpática que me explicó cómo tenía que hacer la declaración de la renta en Austria. Además de explicarme qué tenía que hacer y en qué plazos, me entregó unos documentos para que los rellenara y me dijo que tenía que conseguir que la administración española me firmara un papel para justificar qué ingresos tuve en España durante el año 2013. El susodicho papelito es el siguiente:

Bescheinigung EU 01 Bescheinigung EU 02

¡Qué fácil me pareció todo en aquel momento! ¡Ah! ¡Incrédula de mí!

Estando ya en España, traté de llamar por teléfono a varios de los números que la administración de hacienda pone a disposición del contribuyente y ¡qué raro! ¡Nadie lo cogía! O, mejor dicho: se activaba el típico mensaje automático que te iba diciendo números a marcar en función de lo que te hiciera falta… Y ninguno cuadraba con lo que yo quería preguntar… Así que esperaba… pacientemente… y seguía esperando… y una musiquita me acompañaba largo rato… hasta que, tras haber escuchado tres veces que permaneciera atenta, que todas las líneas estaban ocupadas y que alguien me atendería, se cortaba automáticamente la llamada.

Mi siguiente jugada magistral consistió en acercarme a una oficina de hacienda, a ver si alguna persona lograba darme información sobre lo que yo necesitaba o sobre dónde conseguir la dichosa firmita o sello que validara ese papel… No pedía nada más…

En esa primera oficina (que diré públicamente que está en un municipio llamado Fuenlabrada) es obligatorio coger un numerito (como en el mercado) simplemente para preguntar en el mostrador de información. Lo hice. Esperé. Cuando me atendió la primera funcionaria, le expliqué que quería saber dónde acudir para que me sellaran ese papel. Ella, con bastante poca amabilidad, me dijo que ella no podía hacer nada sin ver ese papel, así que (previsora como soy) saqué toda la documentación entera que me dieron en Austria y le enseñé de cuál de todos los formularios le estaba hablando. Se levantó. Se fue a un despacho a hablar con alguien. Salió. Siguió hablando con otra persona. Respuesta: súbete a la planta de arriba y pregunta por la jefa de sección. Yo pensé: perfecto, una “jefa de sección” tendrá más información y probablemente autoridad para firmarme el papelito.

Subí a preguntar por la susodicha. Hablé primero con una segunda funcionaria que estaba de cara al público y le expliqué la situación: vengo de abajo, me han dicho que para que me firmen este papel tengo que preguntar por (me voy a abstener de citar el nombre de esa señora, por si acaso). Esta segunda funcionaria cogió el papel y se fue al fondo del pasillo, a hablar con otras 3 mujeres, que no paraban de mirar y darle vueltas a la hoja. Después entró en otro despacho, salió, y me dijo que la señora a la que yo estaba buscando vendría enseguida.

Al cabo del rato apareció esta señora, tercera funcionaria con la que yo hablaba aquel día y, muy importante, denominada jefa de sección. Se sentó en una silla… me miró con cara de perros, tiró la hoja sobre la mesa y dijo: yo no sé qué es esto, yo no entiendo este idioma. Mi nivel de cabreo, que se altera poco (os lo aseguro) aumentó en un 80% en cuestión de 1 segundo. Le dije: ¡pues el papel está escrito también en inglés! Y su respuesta, genial donde las haya fue: “ya, pero es que yo para eso tendría que aprender idiomas”. Sí, señores lectores, una funcionaria a la que denominan jefa de sección no tiene ni siquiera conocimientos básicos de inglés. No le pido que hable alemán fluido, ni siquiera un mínimo… ¡Pero inglés! Pues no, no sabía inglés. Me hizo traducirle el papelito entero por las dos caras para, finalmente, dedicarse a citar leyes, convenios y no sé cuántas cosas más, y decirme dos cosas: que yo necesitaba presentarle tres copias de ese documento antes de que ella me firmara nada y que, aun así, no lo iba a firmar porque ella “nunca en su vida” (palabras textuales) había visto ese documento. Y yo añado: aunque lo hubiera visto, tampoco sabía inglés. ¡Vergonzoso señores! Y luego a los ciudadanos de a pie nos piden hablar 14 idiomas para cualquier trabajo. En fin… Esta señora me siguió preguntando si yo había hecho la declaración de la renta aquí en España y le dije que no porque no había trabajado aquí el año pasado; que había pedido el borrador pero no lo había confirmado. Me contó, que fue lo único que saqué en claro de aquella conversación, que debido a no sé qué convenio de la Unión Europea, sólo se puede hacer la declaración en un país, no en dos al mismo tiempo (cosa que yo, por otra parte, ya me imaginaba) y que, en cualquier caso y para salir de dudas, fuera al día siguiente a preguntar esta información a una oficina de hacienda que hay en Guzmán el Bueno, en Madrid.

Y allí que me fui al día siguiente, con todos mis papeles y todo mi cabreo debido a la incompetencia y la falta de claridad de esta señora. Y digo incompetencia porque sí, reconozco que sabrá todo lo que quiera de leyes, pero ni es capaz de hablar con claridad con un ciudadano cualquiera, ni con amabilidad, ni, mucho menos, entender un documento escrito en inglés, que creo que fue lo que peor me sentó.

Cuando llegué, me redirigieron a una ventanilla que, por lo visto, estaba especializada en temas de hacienda y patrimonio de españoles en el extranjero (si no recuerdo mal). Fui. Hablé con la cuarta funcionaria de esta historia y me dijo otra cosa que yo ya sabía: que me corresponde hacer la declaración de la renta de 2013 en Austria, no en España. Traté de preguntarle dónde conseguir la dichosa firma para mi papel y me dijo que ella no me la iba a dar, que tampoco le sonaba ese formulario. Y ya que estás aquí, me dijo, te vas a la ventanilla que tienes allí enfrente y te das de baja como contribuyente en España. Y se fue.

Pues me fui a esa ventanilla. Volví a coger el numerito. Esperé media horita. Y hablé con la quinta funcionaria de la lista, con la ilusión de que ella me sabría decir dónde conseguir la firma. Pero cometí un error, le conté en primer lugar que la cuarta funcionaria me había mandado allí, y antes de terminar la frase me encasquetó otro formulario diferente para que lo rellenara y lo entregara en otra ventanilla. ¡Bien! Le pregunté si tenía que coger número y me dijo que no, que ella ya redirigía mi número. Bueno, ahorraré algo de tiempo, pensé yo con toda mi ilusión. Cuando me puse a leer ese formulario que me había dado, que no es otro que el modelo 030, para comunicar el domicilio en el país extranjero en el que ahora se reside para que la hacienda española sepa que uno ya no tributa aquí, me llamaron.

Mi cabreo, por desgracia, volvía a ir en aumento. Me dirigí hacia esa mesa y le dije a la sexta funcionaria que no me había dado tiempo a rellenar el formulario pero que, aún así, no sabía cómo hacerlo, debido a que se pide un domicilio habitual en el extranjero y yo aún no lo tengo (cosa que ya le había dicho a la primera funcionaria con la que hablé ese día, la que me había mandado a ese departamento). Y esta señora me dijo que entonces no podía hacer nada. Y me cabreé. Me cabreé y pagué con ella (mal hecho por mi parte) la vaguería y la dejadez de todas las anteriores, diciéndole que llevaba paseando ya dos días de una ventanilla a otra y que lo único que yo quería saber era dónde conseguir ya no una firma a mi papel, sino un papel, el que fuera, que acreditara por parte de una administración qué ingresos había percibido yo el año anterior. Lo cierto es que la mujer fue bastante amable y me dijo que en hacienda no se encargan de eso (desde aquí doy las gracias a todas las cinco anteriores funcionarias, por no haberles dado la gana escucharme y explicarme esto tan sencillo), que si yo tan sólo había cobrado el paro tenía que acudir a la oficina donde yo hubiera solicitado esa prestación.

Y, por suerte para mí y para mi paciencia, descubrí que el servicio público de empleo dispone de un formulario online en el que se puede solicitar un certificado de importes recibidos durante un año en concreto, que ya pedí, recibí en ese mismo momento, envié a Traductores Jurados Madrid (como hago siempre, porque me gusta mucho lo eficaces y atentos que son) y recibí por correo, ya traducido al alemán y con el sello de la traducción jurada, dos días después.

Lo que yo me pregunto después de esta aventura es: ¿para eso sirve la Unión Europea? ¿Para crear leyes, estándares y formularios comunes o compatibles y que una señora me diga que, como no sabe inglés, no me firma el papel que me hace falta? Pues yo lo digo, y ya lo mandé en una reclamación por escrito a ese ministerio: no estoy de acuerdo con esta situación. Primero, con que cada una de las seis funcionarias me dijera algo distinto por el simple hecho de no querer escuchar mis preguntas, o por no saber responderlas; y segundo, porque yo espero algo más de la administración pública, o como mínimo, amabilidad (que no cuesta tanto), que me atiendan correctamente y que no reconozcan con esa soberbia que no saben inglés. ¡Así nos va!

El siguiente capítulo me llevará a Austria a preguntar si con el papel que ahora tengo, que no es el formulario que ellos me dieron, puedo hacer la declaración sin problemas. Aunque sabiendo cómo funciona allí la burocracia y habiendo ya comprobado que nunca me han puesto pegas ni han sido desagradables conmigo, seguro que esta historia acaba bien. En Austria, pero bien.

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4 comentarios en “Misión imposible: protocolo hacienda

  1. Por si a alguien le interesa: acabo de recibir una carta de respuesta a mi reclamación en la que se me dice que se entiende que las funcionarias con las que hablé me debieron de proporcionar la información de que disponían (aunque no la que yo necesitaba), que no todas ellas disponen de información sobre todo (cosa que yo ya sabía, aunque mi queja no iba por ahí) y que no están obligadas a tener conocimientos de otros idiomas (pero yo, para trabajar de cualquier cosa, sí). Carta tipo en toda regla, y echemos balones fuera. Estupendo.

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