Síndrome de Estocolmo

En agosto de 1973 se produjo un secuestro en Estocolmo que duró varios días durante los cuales los rehenes parecieron sentirse seguros con sus captores, lo cual les llevó a no testificar contra ellos durante el juicio. O eso dice la revista Muy Interesante. De ahí procede el síndrome de Estocolmo.

Creo que tengo un poco de eso. O a lo mejor es que aún no entiendo lo que ha pasado esta semana, por ser la cosa más rara que me ha pasado en mi vida… Sigue leyendo

Estado

Ahí te dejo Madrid

El final del verano llegó, y yo partiré…

Tras varios intentos de viaje con su consiguiente vuelta al trabajo, y lo que te rondaré morena (ya aclararé el problemilla próximamente), ya va siendo hora de volver a Austria o, mejor dicho, a Munich, como la primera vez. Parece que fue hace décadas cuando se me rompió la maleta, cuando me encontré con los chinos por la calle… Ya ni recuerdo el frío que hacía aquella noche… ¡Qué tiempos aquellos!

Esta vez sustituyo a mi compañera de viaje (la cual acabó alegremente en un contenedor, con festejo personal incluido) por la maleta roja que me traje de Viena… a la cual ha sido preciso buscarle una amiguita… Una casi tan gordita como ella, pero no tan alta… Y morada, muy mona… Así que, a lo tonto, llevo dos semanas jugando al tetris con mis cosas y procurando que las dos pesen prácticamente lo mismo sin superar los límites que me impone Iberia para no desequilibrarme con el peso cuando arrastre las dos por este nuestro continente.

Sí amigos… esta es la principal desventaja de empezar a trabajar en verano y acabar en invierno, que me tengo que llevar ropa de todos los tamaños y grosores posibles. Estuve barajando la posibilidad de enviarme allí parte de los trastos por correo, pero al final me costaba lo mismo y me encontraba con el problema de tener que preocuparme por enviar cajas a casa con relativa frecuencia, cosa que ya me da algo de pereza. También sopesé el llevarme sólo lo justo y necesario y comprarme allí el resto de cosas, pero al final acabo con toneladas de ropa repetida que luego no utilizo… y teniendo que buscar cajas u otra maleta.

Esta vez no puedo decir que vaya tan a la aventura, porque ya sé qué me espera por allí; lo que sí puedo afirmar es que no sé seguro qué día empiezo a trabajar, ya que al parecer las riadas de las últimas semanas han causado estragos… En cualquier caso, procuraré manteneros informados tan pronto como pueda y contaros las excursiones que preveo realizar estos días…

Bis bald! (= ¡hasta pronto!)

Feliz, feliz no cumpleaños

Cuando ya parecía que todo estaba arreglado… que yo iba a surcar el espacio aéreo europeo ayer mismo para volver al trabajo estos días… Tuvo que llamarme el Austriaco para explicarme que, dado que en las últimas semanas no ha parado de llover, muchas de las reservas que preveían haber tenido para estas fechas al final no han llegado. Es evidente: si en invierno se vende el turismo de deportes de nieve y en verano el senderismo y ahora no procede ni lo uno ni lo otro… ¿Resultado? Retraso de mi incorporación al trabajo un mes más.

Este retraso conlleva algunos Nachteile (= inconvenientes). Sin ir más lejos, los “problemillas” con las líneas aéreas… Y digo “las”  y no “la” porque ya tenía reservados tres billetes: uno para el 21 de mayo (previo a mi supuesta incorporación), otro el 18 de junio (día anterior a mi primer examen de alemán) y un último para el día 21 de junio (posterior a mi último examen de alemán). Y como aquí lo divertido es que las cosas se compliquen, al final no he podido aprovechar ninguno de los tres, debido a las políticas de reservas, cancelaciones y reembolsos de esas dos compañías. Sigue leyendo

Hay una carta para ti

Para mí en realidad no, porque no le he dado mi actual dirección a nadie para evitar acumular más trastos que luego, amigos, tengo que cargar yo en la maleta. Pensad en mi espalda y en mis manos antes de querer enviarme cualquier cosa, gracias.

En esta ocasión la carta de la que os quiero hablar es un paquete cuyo peso superaba los 8 kilos. La historia de mi caja es breve pero intensa.

Hace alrededor de dos semanas pensé: tengo una maleta nueva de la que me siento muy orgullosa y a la que no puedo dejar de mirar fijamente cada vez que entro o salgo de la habitación; lo cual se debe, principalmente, a que la tengo colocada al lado de la puerta. Bien. ¡Qué maleta tan bonita me he comprado, y qué cara me ha costado! ¿Realmente podré meter todas las cosas que he traído ahí dentro? Sigue leyendo

Galería

Memorias de Viena

Yo tenía una granja en África.

Ah no, no… espera… No era en África, es en Viena. Y, ahora que lo pienso, tampoco es una granja, es un amigo… Por elección propia de este amigo, único al que he dejado elegir su nombre en este blog, le voy a llamar Jerónimo.

La historia de este viaje dentro de un viaje se remonta al fin de semana pasado, momento en que el Austriaco colgó el calendario semanal de trabajo en la cocina y descubrí que tenía libres la tarde del miércoles y todo el jueves y el viernes. Así que pensé: ¿cuál de mis conocidos vive más lejos dentro de este país? Y el ganador por goleada fue Jerónimo, mi amigo geógrafo que se encuentra en Viena terminando su tesis. Sigue leyendo

Imagen

Para todo lo demás…

Hoy ha sido el primero de mis dos días libres seguidos, por lo que he intentado aprovechar el día al máximo posible. Al final no me ha dado tiempo a hacer gran cosa, pero la tarde ha merecido la pena.

8.00: consigo levantarme tras apagar el despertador por tercera vez. Se ve que anoche estaba cansada, y mis constantes vitales no me habían avisado.

8.17: como estoy recién levantada, pierdo el autobús que baja al pueblo. ¡Bien! Parte positiva: subo a desayunar tranquilamente y, como hacia esa hora ya han terminado casi todos die Kollegen, tengo casi toda la mesa para mí sola.

9.00: vuelvo a mi habitación a hacer tiempo hasta que pase el siguiente autobús, que se supone que para aquí cerca a las 11.18. Mientras tanto, aprovecho para buscar planos del pueblo, rutas de autobuses, etc., por llevar algo preparado. Tengo que reconocer que al final no me ha servido de nada, por lo que he perdido toda la mañana.

11.18: el autobús no pasa. ¿No se suponía que por estas zonas los transportes eran puntuales de verdad, y no como en España? Pues ya tengo la respuesta: no.

12.10: me voy a comer. Tendré que hacer tiempo hasta que pase el siguiente autobús… Cuando acabo, le pregunto al Austriaco a qué hora pasa exactamente (cosa que tendría que haber hecho ayer) y me dice que a las 13.05, aunque en el itinerario pone que es a las 12.58.

12.58: por si acaso, me quedo en la parada esperando al autobús. No llega. A las 13.10 sigue sin llegar así que decido bajar andando. Sigue leyendo

Aníbal vencedor

Aunque sin hordas de elefantes ni soldados que sigan mis pasos, yo, al igual que Aníbal en 218 d.C., también he cruzado los Alpes. ¡Bien! Lo suyo me ha costado, de todas formas…

La salida del hotel de München ha sido muy sencilla, porque había una rampa para bajar la maleta… Llevarla hasta la estación de tren me ha costado algo más de los 2 minutos que se suelen tardar en condiciones normales… yo diría que aproximadamente 20… Sí, más o menos. De nuevo se ha vuelto a romper la parte de donde se sujeta la maleta para tirar de ella, y me ha tocado ponerme los guantes (hoy lo he hecho bien) y arrastrarla de mala manera. Por suerte el tren ha llegado con 10 minutos de retraso y he podido sentarme a respirar, ya que con tanto peso tirando de mí en todas las direcciones posibles resultaba bastante difícil…

Una vez dentro del tren, he elegido un compartimento que estaba vacío, tal como éste:

Trenes austriacos

Trenes austriacos

porque no quería molestar a nadie con el tamaño de mi maleta. Sin embargo, una señora de Allgäu me ha acompañado durante todo el recorrido y hemos acabado hablando de todo un poco: del tiempo, de la crisis económica en España (sí, pero no me preguntéis cómo lo he hecho porque me ha costado bastante explicarle el problema), de la familia, de qué hace una española con tanto equipaje como yo viajando sola en un tren regional… Lo típico. Ya puestos, he barrido un poco para casa y le he explicado qué es el turrón y los polvorones y, aprovechando que llevo un montón en los bolsillos, he intentado regalarle uno y no ha querido, decía que le daba pena quitarme cosas que me ha dado mi madre, pero que muchas gracias.

Donde más “problemas” he tenido ha sido en Salzburgo. Debía coger otro tren, y me ha llevado una media hora encontrar el andén y llegar hasta él. Con la maleta, cómo no, a rastras, ya que se ha vuelto a romper por arriba y también por abajo: ya ha perdido la pieza sobre la que descansa el peso cuando se queda (o quedaba) de pie. Necesito encontrar urgentemente una tienda donde vendan maletas y quemar ésta. O tal vez reciclarla, que aquí son muy suyos con estas cosas.

El caso es que creo que han sido 4 en total las personas que me han ayudado a arrastrarla y a subirla y bajarla de los trenes que he utilizado. Y, de nuevo, sin pedirle ayuda a nadie. No dejo de sorprenderme con la amabilidad de esta gente…

Cuando he llegado a mi destino, he llamado al Austriaco y, por fin, le he conocido en persona. Habla muy deprisa, pero creo que entiendo alrededor del 85% de las cosas que me dice, lo cual me llena de orgullo y satisfacción. También se ha sorprendido al ver el lamentable estado de mi maleta (que casi no cabía en el maletero de su BMW), pero ha sido muy amable todo el tiempo, y ya me ha empezado a explicar el trabajo que voy a tener que hacer aquí.

A pesar de todo, me ha dado tiempo a dar una vuelta por los alrededores del lugar donde me encuentro, y se ven maravillas como éstas:

Montañas tipo Heidi

Montañas tipo Heidi

Pistas de ski

Pistas de ski

Y muchas más que aún no he visto, porque ya estaba cansada como para bajar andando hasta el pueblo y ver las tiendas.

El resto de trabajadores del sitio me conocen ya como “la española”, aunque no soy la única extranjera: el Cocinero es turco y hay una chica y un chico que vienen desde Eslovaquia. Y, por si fuera poco, el Austriaco me ha dicho que tiene un conocido por aquí que es argentino (el cual quiere conocerme al parecer, por aquello de que no hay nadie por aquí que hable español) ¡¡¡y hasta ha comprado alrededor de 10 botellas de vino de La Rioja!!! Me ha dicho que las ha comprado por mí, pero espero que no crea que voy a beberme todo eso… Si le da por probarlas y veo que la cosa va bien, saco el jamoncito que traigo y tapeamos aquí en condiciones. Pero eso aún está por ver.

Sé que todos estáis esperando a que hable de la comida, pero eso lo dejo para otro día; ahora toca descansar.

Pd. Me ha costado un rato largo terminar de escribir este post porque no dejo de oír voces hablando en alemán dentro de mi cabeza. Puede ser que me esté volviendo loca, o que aún no me haya acostumbrado a pensar en varios idiomas a la vez… ¡Menudo caos!