Éramos pocos y parió la hermana

No, no, ¡no os asustéis que no soy yo! ¡Que a mí hasta noviembre no me toca! No, la que ha parido es la que todos los desconocidos que nos ven juntas preguntan: “¿Ah, ésta es tu hermana?”. Mmm… pues bueno… en realidad sólo somos amigas, y los únicos elementos “genéticos” en que nos parecemos son la altura, en que las dos llevamos gafas, y que las dos hemos nacido en la capital de un país, aunque ni siquiera es el mismo… En fin… la gente… Todo sea por tener temas de conversación.

El caso es que esta muchacha, a la que conocí ayende los tiempos a través de los amigos del fútbol del Cocinero alemán, me saca(ba) ventaja en seis meses con esto del embarazo, y claro, ella ya ha llegado a su límite máximo y el miércoles nos presentó a su niño. Fue niño, sí. Ella no lo sabía, porque no le dio la gana enterarse y por lo tanto su doctora tuvo que mantener el secreto, pero mi madre se lo olía y al final tuvo razón. En cualquier caso, el niño nació bien, pequeño, porque ella tampoco es que mida dos metros, y ya están en casa.

Lo cual a mí me ha venido muy bien (lo de los 6 meses de ventaja) para empezar a investigar ya cositas. Esta semana me he informado sobre las visitas al hospital. Yo ahí, empezando por el final. O por lo fácil, en realidad… El hospital en el que esta muchacha ha decidido dar a luz (porque sí, aquí decides tú el hospital que tú quieras, aunque eso ya os lo contaré en otra ocasión) es el de Salzburgo, que es el que a ella le venía más cerca. Y en él, como en la mayoría de hospitales de los que yo he oído hablar por estos lares, los horarios de visita para ver a recién nacidos son de 14 a 16:30. Fácil, ¿eh? Sí, si trabajas casi al lado, como es mi caso. Si no, te esperas a que vuelvan a casa. Los padres y hermanos de las criaturas tienen la suerte de poder ir desde las 10 de la mañana hasta las 8 de la tarde… pero para de contar… Algo es algo… Por lo visto lo hacen para que no se junte mucha gente allí dentro, para que las nuevas madres puedan descansar, para que los padres pasen más tiempo con los bebés que saludando a las visitas… No está mal pensado, en el fondo.

Lo que por lo visto también es tradición es que, el primer día de vida del niño, el padre se va con sus amigos más cercanos a la Bräustubl, que está al lado, a celebrar el acontecimiento con un par de cervecitas. Dicen. Aunque me gustaría investigar un poco más esta costumbre antes de asumirla y dar por hecho que el Cocinero alemán será capaz de separarse de su Monete para eso…

Algo que también me ha resultado muy curioso de la visita al hospital es que ¡tienen una sala de espera para visitas! Llamadme lerda, o tal vez es que haga años que no haya ido a un hospital a ver a un recién nacido (si es que he ido alguna vez, cosa de la que ya tampoco estoy muy segura), pero yo creía recordar que se podía pasar a la habitación a ver a la madre y al bebé… Pues no, aquí la madre se levanta y se reúne con un máximo de dos personas en esta sala de espera, donde hay una cafetera y varias botellas de agua y zumo para que cada cual se sirva a su gusto. No me parece mal, así la que quiera dormir, puede hacerlo, y la que quiera darle palique a la visita se levanta un rato y sale de la habitación.

Lo malo de esto es que no he podido investigar cómo son las habitaciones en sí. Lo único que he oído es que hay tres camas en cada cuarto. Pero eso ya me lo imaginaba. Mi amiga me ha contado que ella, dando algún que otro paseo, se “perdió” y apareció en otras salas de las que se ha llevado discretamente montones de biberones y de chupetes. Tendré que pedirle que me dibuje un plano, por si necesito perderme yo también cuando llegue el momento.

A la hora de hacer una visita en este hospital en concreto resulta esencial saber hacia dónde hay que dirigirse, ya que no hay ningún tipo de mostrador de información donde te puedan aclarar en qué habitación se encuentra cada paciente. O avisas a los recién estrenados padres de que vas y salen a verte a esa sala de espera, o suerte. También puedes entrar directamente y sentarte a esperar a ver quién pasa… Total… nadie controla quién entra y quién sale hasta que ya estás en la planta de visitas…

Cuando te dan el alta, tienes una charla con una de las enfermeras en la que, entre otras cosas, te da un montón de papeles de los que ya os hablaré cuando investigue un poco más cada uno de ellos. Se despiden, te enfrentas por primera vez a los misterios del montaje del cacharrito donde va el bebé dentro del coche, llegas a tu casa y te encuentras con esto:

 

Una tradición (ésta sí es típica) que consiste en que los más allegados de la familia preparan por sorpresa este recibimiento para el día en que la madre y el bebé vuelven a casa, y que no consiste en otra cosa que en una cigüeña de madera sobre la que se suele escribir el nombre del retoño y su fecha de nacimiento (en la foto no sale, porque en lugar de escribirlo directamente en la cigüeña lo pusieron en una sábana, para que se viera más grande) junto con ropitas de bebé y varios juguetes colgando al lado. Lo de la ropa y los juguetes es opcional, lo importante es la cigüeña.

¿Qué significado tiene todo esto? Sirve tan sólo para comunicar al resto del mundo la alegría de esos padres y familiares / amigos cercanos por el nacimiento del bebé. Hay quienes la dejan ahí un par de días y hay otros que, tras varios meses, aún conservan el elemento decorativo en la puerta. Lo fundamental es, sobre todo, el elemento sorpresa.

Y hasta aquí lo que he podido averiguar sobre el proceso de nacimiento y la llegada al hogar dulce hogar. Ahora me tocará retroceder y contaros el resto de trámites y costumbres que hay que respetar para llegar hasta aquí. Permaneced atentos (si es que os interesa el tema).

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2 comentarios en “Éramos pocos y parió la hermana

    • Hola!!! Uy no te preocupes! ¡Si ya hablaré más veces del asunto! Jeje ¿Pero has visto qué curioso? Además la sala es muy chula, con mesitas y todo, y un montón de espacio para llevar y traer las cunitas de los bebés… Muy apañado, sí señor 🙂

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