Un día cualquiera

En un día cualquiera, yo suelo madrugar por la mañana, desayuno un vaso de leche con galletas – compradas o propias – y luego me voy al trabajo. Y, una vez allí, distribuyo mis horas entre la cantidad de cosas que tengo que hacer en la oficina, la cantidad de cosas que tengo que hacer en mi planta y la cantidad de gente que pueda haber trabajando ese día y que tal vez necesiten mi ayuda si no tengo nada más que hacer.

En un día cualquiera, suelo pasar bastante más tiempo trabajando en mi planta que haciendo cualquier otra cosa en cualquier otra parte del edificio. Pero a veces me necesitan en tal o cual caja o en los probadores de esta o de la otra planta porque hay lugares y momentos en los que hay quien necesita algo.

En un día cualquiera, suelo hablar con bastante gente sobre temas muy distintos. Cuando estoy al otro lado de una caja suelo repetir las mismas frases y casi los mismos temas de conversación, hasta que se marcha la señora con quien estaba hablando y aparece un chico con gafas que me dice: “¡Hola!”.

En un día no tan cualquiera, le pregunto al chico de gafas si nos conocemos (que Salzburgo está lleno de gente que habla español, y nunca se sabe) y él me dice que yo a él no, pero él a mí sí, porque acaba de verme en youtube gracias a Madrileños por el Mundo.

En un día no tan cualquiera, el chico de gafas me pregunta si me importaría hacerme una foto con él y con sus amigos, que se han quedado atrás muertos de la vergüenza, aunque desde luego no tanto como yo. Y, cómo no, yo, que me apunto a un bombardeo, me dejo hacer la foto.

En un día no tan cualquiera, les propongo a estos tres estudiantes de medicina que están de vacaciones durante su erasmus en la República Checa, si quieren esperar una hora a que salga del trabajo para ir a tomar algo. Y nos damos una vuelta. Y tomamos algo. Y hablamos. Mucho. Sobre todo yo.

En un día del todo no cualquiera, me ofrezco como guía de estos tres estudiantes y les acompaño a ver cosas típicas de la ciudad de Salzburgo. Que yo libro, y ellos tienen pocas horas antes de coger el autobús.

En un día cualquiera, es muy fácil organizar planes a partir de la nada.

En un día cualquiera, es muy sencillo conocer a gente nueva.

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