Un día en… Salzburgo. Primera parte

¿Qué cosas debe uno ver cuando viene por primera vez a Salzburgo? Para mí es algo complicado poder responder a esta pregunta porque llevo aquí ya algún tiempo y siempre que descubro algo nuevo o interesante en esta ciudad pienso: “esto se lo enseño seguro a quienes vengan a verme la próxima vez”. El problema es que, con ese pensamiento, la lista podría alargarse eternamente y también tengo claro que no a todo el mundo le tienen por qué interesar las mismas cosas que a mí…

En cualquier caso, en las próximas líneas voy a intentar explicar cómo llegar desde la Hauptbahnhof (estación central de trenes) hasta el centro de Salzburgo, incluyendo cosas que a mí me parecen interesantes y que recomiendo visitar. Espero que a alguien le pueda servir:

Empecemos por la Hauptbahnhof. Ésta tiene el siguiente aspecto:

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Todos los trenes llegan a este mismo espacio; tan sólo hay que encontrar las escaleras mecánicas y bajar al piso inferior, que es donde está la entrada. Una vez abajo, existen dos salidas: una parece que se dirige hacia el infinito, porque al fondo sólo se ve una pared, y la otra sale al Südtiroler Platz: por ahí es por donde hay que salir, al otro lado no hay nada interesante. Cuando uno sale a esta plaza, se encuentra de frente con un espacio enorme, a la derecha está el hotel Ramada junto a un centro comercial llamado Forum 1 (donde yo trabajaba antes) y a la izquierda está la terminal de autobuses.

Si se quiere uno ahorrar el paseo que os voy a contar, es desde esta terminal desde donde se puede coger un autobús para llegar al centro. Hay varias líneas que hacen este recorrido, y lo más sencillo de todo es que al comienzo de la dársena hay un cartel, en la parte superior, en el que pone algo así como “Richtung Zentrum“, es decir, en dirección al centro. Lo cual significa, obviamente, que cualquiera de los autobuses que se cojan desde ahí van hacia el centro de la ciudad. El billete cuesta (al menos por ahora) 2,5 euros si se compra dentro del autobús o 2 euros si se compra una “Stundenkarte Vollpreis” en la máquina que hay en la dársena. Son iguales. Y la parada en la que hay que bajarse es “Rathaus”, que es la que está justo cuando el autobús cruza el río y gira a la izquierda. Si girase a la derecha, habría que bajarse también en esa primera parada, que se llama Hanusch-Platz.

Pero vayamos andando. Si miramos más a la izquierda de la terminal de autobuses, hay una calle que se llama Rainerstrasse. Si no se encuentra la placa con el nombre de la calle (lo cual es probable) basta con saber que es la calle por la que van y vienen los autobuses, ya que no circulan más coches por ella. A partir de aquí, todo el camino irá en línea recta.

A lo largo de esta Rainerstrasse se encontrará lo siguiente:

  • Una gasolinera a mano derecha.
  • Enfrente de la gasolinera, siguiendo en línea recta, un edificio en el que pone Kiesel (es otro centro comercial).
  • Un mini túnel que hay que recorrer, por encima del cual pasan las vías del tren.
  • Una rotonda muy estrecha en la que hay una cafetería, un banco y un hotel entre tres de las calles que llegan a la misma. Habrá que seguir de frente.
  • A la derecha, el palacio de congresos de Salzburgo, un edificio de cristal junto a un parque que a primera vista parece grande, y que es nuestro primer alto en el camino.

Este parque se llama Mirabell. A la izquierda del mismo, al otro lado de la calle, se encuentra la iglesia de St. Andrä, junto a la que se monta un mercadillo los jueves. También en sus inmediaciones se pueden comprar los billetes para el autobús que hace la ruta de Sonrisas y Lágrimas (en la cual se enseñan los lugares de Salzburgo en los que se rodó esta película) y un aparcamiento público (de pago), si alguien quiere ir en coche.

El parque de Mirabell se puede atravesar de varias maneras. La que a mí más me gusta es la que empieza siguiendo el carril bici que entra al parque, aunque luego siempre me desvío a la izquierda, junto a un árbol que hay en el centro rodeado de bancos, y giro a la derecha, sin llegar a subir la cuesta. Al llegar a ese punto, se encuentra uno exactamente aquí:

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Lo cual, me parece a mí, merece la pena verlo. Si hubiéramos seguido por la calle anterior en línea recta o si fuéramos en autobús, nos perderíamos esta vista. Avisados quedáis.

Ese edificio que queda a la izquierda es el palacio de Mirabell, que data de 1606. Fue construido por orden del príncipe arzobispo Wolf Dietrich von Raitenau en lo que entonces eran las afueras de la ciudad de Salzburgo a modo de residencia para su amante Salome Alt. De ahí el que en origen se llamara Palacio Altenau, aunque posteriormente fue renombrado utilizando los términos italianos mirabile y bella, ya en el siglo XIX.

Se puede acceder al interior de este palacio para visitarlo, se puede recorrer el jardín y se pueden buscar caminos menos transitados dentro del parque, por uno de los cuales se llega, por ejemplo, al jardín de los enanitos, que también aparece en la película de Sonrisas y Lágrimas pero que creo que invierno está cerrado.

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Al otro extremo del jardín, justo donde se ven estas estatuas…

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… es por donde se puede salir e incluso comprar un souvenir en un puestecillo que hay a la izquierda. A la derecha nos encontramos con un lateral del Landestheater, un edificio que impresiona por fuera pero que impresiona mucho más por dentro. Y de frente veremos la casa en la que vivió Mozart antes de que se mudara a Viena.

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Ojo con no confundirla con la casa en la que nació, que veremos más adelante. Cualquiera de las dos se puede visitar sin mayor problema.

Si giramos hacia la derecha nos encontraremos con unos cuantos pasos de peatones cruzados, en los que hay que esperar media eternidad si no llegamos mientras está en verde, y delante, ligeramente hacia la izquierda, veremos el famoso Hotel Sacher

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… sí, el que da nombre a esa tarta de chocolate tan famosa. O, más bien, al revés, porque la historia real dice que primero se inventó la tarta y después el hotel. Y ahora en el hotel se vende la tarta, que incluso se puede pedir por encargo en su tienda online para que te la envíen a tu casa.

A la derecha de este hotel (según lo estamos mirando de frente) y entre éste y otro edificio que queda más a la derecha, justo ahí donde acaba el paso de peatones por el que tenemos que cruzar, se encuentra un caminito que, si se sigue, desemboca en el Makartsteg o, lo que es lo mismo, el famoso puente de los candados de Salzburgo.

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Aquí se ve el puente desde el otro lado del río: entre los edificios que se ven de frente está el caminito por donde hemos venido, y el edificio de la derecha (donde ondea la bandera) es el Hotel Sacher

Merece la pena pararse en el río y hacerse un par de selfies. O un par de fotos a la vista de la ciudad, que en este punto no tienen ningún desperdicio. Según la hora del día, habrá casi que luchar por conseguir un metro de barandilla en el que apoyarse para hacerse la foto en cuestión.

Tras cruzar el río, nos encontramos con otro paso de peatones que habremos de cruzar para llegar, ahora sí, al centro de la ciudad.

Y hasta aquí, el camino “complicado”. En la siguiente entrada os contaré qué merece la pena ver en el centro. ¡Estad atentos!

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3 comentarios en “Un día en… Salzburgo. Primera parte

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