Berlín con guía (I)

El viaje del que os hablaba anteriormente me llevó, como ya sabéis, a Berlín, una ciudad en la que ya había estado cuatro veces pero que aún no he conseguido (ni creo que consiga nunca) conocer al detalle.

Lo que sí me encanta de este tipo de viajes a ciudades en las que ya se ha estado antes es el no necesitar mapas para recorrer ciertas calles, porque recuerdas de la vez anterior que si sales por tal puerta cuando llegas a la estación de tren, giras a la izquierda, caminas y luego vuelves a girar a la derecha, te encuentras delante de la catedral. O que si bajas por tal calle y luego tuerces a la derecha, te encuentras con la panadería aquella donde te comiste una vez ese bollo tan rico.

El caso es que allí me encontraba yo, en la Hauptbahnhof de Berlín, un sitio al que llegaba por primera vez después de tantas visitas. Y, puesto que se veía el Reichstag (el parlamento) a lo lejos, pensé: voy a acercarme y lo veo, que por allí creo recordar que sé orientarme…

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Tampoco es que hiciera falta. Lo bueno de Berlín es que, al menos en las zonas turísticas (en el resto de la ciudad no sé cómo será) hay carteles para peatones en donde se indica el camino para llegar a los sitios más interesantes que se pueden visitar. Así que, ¿quién necesita una guía?

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Cuando llegué hasta el Reichstag pensé: voy a rodearlo, a ver qué me encuentro. Y descubrí una entrada para verlo, al lado de la cual había un cartel que decía que se podía acceder a todo el edificio salvo a la cúpula, para la cual es necesario contar con una cita previa. Durante un instante pensé: ¿entro? ¿no entro? Mejor voy a seguir caminando a ver qué me encuentro; total, ya puedo entrar si no a la vuelta, si el edificio no se va a mover…

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Y desde allí caminé un poco más (no mucho, la verdad) y aparecí como por arte de magia en la Puerta de Brandemburgo.

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Que estaba vallada debido al tinglado que tenían montado por lo del fútbol. Una pantalla de esas gigantes para que la gente viera los partidos en la calle.

Entonces pensé: voy a ir hacia el otro lado de la plaza, y ya veo hacia donde giro. Y fue así cómo empezó uno de los mejores recorridos (por no decir el mejor de todos) que he hecho por Berlín hasta la fecha.

Hallábame yo caminando cuando se me acercaron dos o tres personas con paraguas rojos gigantes ofreciéndome participar en un tour en inglés. Y yo pensé: ¿para qué quiero hacer un tour en inglés? Esto me suena muy raro…

Varios pasos más allá me encontré con la opción contraria: dos jóvenes bajo una sombrilla roja hablando en español con varias mujeres. Así que pensé: esto suena mejor. No son ellos los que van persiguiendo a la gente, es la gente la que se acerca a ellos. Sin que nadie tuviera que convencerme, me apunté a una visita en español… gratuita.

Ése es el concepto de la empresa Sandeman’s: visitas guiadas por ciudades de todo el mundo en varios idiomas sin un precio fijo establecido. Tal como nos dijo la guía al principio del recorrido: el hecho de que se publiciten como “visitas gratuitas” no quiere decir que no haya que pagar, sino que cada cual le da al guía al final del recorrido lo que considere que merece ganar en función de lo que le haya gustado lo que ha visto o de lo bien que le haya caído el guía en cuestión.

Sé que habrá quien diga: pues si pone gratis no se paga. Ya, bueno, sí, pero no. A mí me convence más un guía que me dice: págame al final cuando ya hayamos hecho la visita a otro que me diga: son 20 euros, y al final del recorrido descubras que ni te ha gustado, ni has aprendido nada, ni te ha servido de nada invertir ese dinero.

Sí, bueno, al margen de este momento de publicidad no remunerada, os contaré que era la primera vez que alguien me explicaba la ciudad de Berlín o, mejor dicho, algunos de sus puntos importantes, y gracias a ello aprendí cosas de sitios que ya había visto y descubrí otros que aún no conocía. Sí, tal vez (casi) todos aparezcan en mi guía, pero es mucho más ameno y se aprende mucho más cuando alguien te va explicando las cosas. ¿O no?

Algunas de las cosas que yo aprendí son éstas:

Empezamos la visita en la Plaza de París, que es el nombre que tiene el lugar en el que se encuentra la Puerta de Brandemburgo. ¿Y por qué este nombre? Porque en época de Napoleón, los franceses se empeñaron en celebrar un triunfo pasando precisamente por la Puerta, de la que, además, robaron la cuadriga que se sitúa en lo alto. Tiempo después, cuando fueron los alemanes quienes derrotaron a los franceses y recuperaron su cuadriga, decidieron que ésta estaría en lo alto de la plaza, “por encima” de París, y de lo que París representa.

En esta misma plaza se encuentran edificios tan emblemáticos como la embajada de Francia y la de Estados Unidos, así como el Hotel Adlon, una construcción que se mantuvo en pie durante toda la Segunda Guerra Mundial pero que un par de días antes de que ésta finalizara, fue objeto de una explosión en sus bodegas, por las que en ese momento andaban los rusos “de visita”. También es el famoso hotel (que yo no lo sabía) desde el que Michael Jackson se asomó con aquel hijo suyo al que casi acaba tirando por el balcón… De todo esto derivan, por lo visto, los precios de las habitaciones, no asequibles para todos los bolsillos.

A continuación fuimos a ver el que se conoce como Monumento al Holocausto o Memorial de los judíos. Y sí, sólo hace referencia a la memoria de los judíos, porque en los alrededores ya se hallan otros monumentos en recuerdo de otros colectivos víctimas de los horrores del nazismo.

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Allí está, en medio de Berlín, todo un laberinto de 2.711 bloques de cemento que se elevan a distintas alturas, ya que el propio terreno es irregular. Su constructor, Peter Eisenmande (de origen judío) no explicó el significado de esta obra, por lo que cada visitante es libre de interpretarla a su manera. A mí, personalmente, pasear entre esos bloques me inspira soledad. Y supongo que, si fuera allí de noche, me daría hasta miedo.

En un extremo de esta “plaza” se encuentra la entrada a unas salas subterráneas en las que se pueden ver objetos personales de judíos y una lista con los nombres de quienes fueron asesinados en la época. Yo hasta ahora nunca he entrado; dicen que da mucha impresión hacerlo, pero que merece la pena. Ya os lo contaré cuando entre.

No me gustaría alargarme especialmente con este punto porque creo que os tendría aquí horas leyendo, así que recomiendo a los interesados visitar este enlace, en el que se da mucha más información del monumento.

Desde allí se puede ir andando hasta lo que parece un parking abandonado y destartalado…

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… bajo cuyo suelo se encuentra el búnker en el que Hitler pasó sus últimos días. Imagino que será evidente pensar en que no se le haya dado ningún tratamiento especial a este recinto, ya que se quiere evitar que se convierta en algún tipo de lugar de culto. A día de hoy, y al parecer tras el estreno de la película El Hundimiento (que recomiendo a todo aquel que no la haya visto), lo único que hay en una esquina de este parking es un cartel que explica lo que había aquí abajo, que a día de hoy permanece completamente sellado. De hecho, se dice que nadie sabe dónde estaba la entrada exacta.

La visita continúa, pero no me quiero extender mucho más, así que otro día tendréis la segunda parte.

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5 comentarios en “Berlín con guía (I)

  1. Qué recuerdos tan chulos me has traído de la vez que estuve allí de viaje hace años.
    Las rutas de Sandeman´s son la caña. Hice la misma que tú, la del muro y la de Sachsenhausen que nos dejó mudos. Súper recomendables. Los guías que tuvimos fueron muy atentos, amables y simpáticos. Además, respondían a las preguntas que les hacíamos (una que es curiosa jjj).
    También hemos hechos rutas con esta empresa en otras ciudades europeas y son iguales de buenos.

    Ay… Berlín, me encantaría volver 🙂
    Deseando estoy de que sigas con la segunda parte.

    Un beso!

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    • ¿También conoces estas rutas? Yo he de confesar que era la primera vez que lo hacía… bueno, hace años estuve en París con un viaje contratado, de estos que te traen y te llevan, pero no es lo mismo… Sandeman’s me encantó, la verdad, la próxima vez que vaya a algún sitio les buscaré y aprovecharé porque merece mucho la pena 🙂
      Por cierto, estoy en plena elaboración de la segunda parte, dentro de un rato la tendré ya acabada jajaja Besos para ti también!!! 🙂

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      • Fíjate si hace tiempo…. yo creo que estuve en Berlín como en el 2008 ó 2009 (la tiiiiiira de años). Y en París y Edimburgo también están bien. Cuando estuve en Bruselas, creo que aún no había allí -ahora sí hay-.
        Estaré pendiente para la siguiente entrega 😉

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