Juventud, divino tesoro

Para aquella ocasión especial en que me convencí a mí misma de que sería capaz de cocinar albóndigas acudí a comprar los ingredientes de mi receta al centro comercial alemán al que vamos habitualmente, ya que los precios son muchísimo más baratos que a este lado de la frontera. Sin embargo, olvidé algo importante: vino blanco, para mi intento de salsa…

Cerca de casa tengo varios supermercados; aquel día probé con uno de origen alemán que ya conocía en España, ya que me pillaba de camino y, además, es relativamente más económico que los otros. Nada más entrar, divisé una estantería llena de botellas de vino y me dije: ” ¡a por ella!”. Para mi sorpresa, sólo había dos clases de vino: tinto y blanco, misma marca, y de origen español. ¡Y por tan sólo 1,99! Cogí mi botella, me fui a la caja, y mientras esperaba a que el cajero terminase de arreglar no recuerdo qué en la caja de al lado, descubrí un cartel muy divertido que dice algo así como “si eres de aquellos que tienes la suerte de parecer menor de 16 años, tendremos que pedirte la documentación si vas a comprar alcohol etc. etc.”

El cajero se acercó a mí. Me miró. Me vio reír. Rió conmigo. Pensé que había descubierto que me hacía mucha gracia ese cartel, pero lo que me dijo fue: “Suelo adivinar fácilmente la edad de la gente, pero en tu caso no lo veo… ¿Eres mayor de 18, verdad?”. A mí me volvió a dar la risa. ¿18? ¿En serio? ¡Y 10 más! Venga, te enseño el DNI. Y aquel día, me resultó divertido que la gente no sea capaz de adivinar mi edad real.

Desde aquel día, una experiencia parecida se ha repetido en varias ocasiones, pasando, por ejemplo, por el revisor del tren preguntándome si tengo la tarjeta joven (una que sólo pueden poseer los menores de 24 años, si no recuerdo mal), a lo que le tuve que volver a contestar con risas varias y con la aclaración de que no soy tan joven como parezco.

La última anécdota ha tenido lugar esta misma mañana. Me hallaba yo esperando a mi tren cuando se me ha acercado una mujer embarazadísima a más no poder preguntándome si ese tren iba hacia Salzburgo o en sentido contrario. Yo me he animado, imaginándome que ya iba a hacer una acción buena nada más salir de casa. Y al final, lo que parecía ser una pregunta normal y corriente se ha acabado convirtiendo en una conversación variada que ha durado 20 minutos, durante la cual la pregunta estrella de la mujer ha sido: “¿y ahora qué vas, al colegio?”

¿EN SERIO? Las niñas intentan parecer mayores… en este país de manera exagerada… las señoras más mayorcitas intentan parecer más jóvenes… en este país de manera exagerada… A mí me serviría con que dejasen de creer que soy 10 años más joven de lo que soy… que una se conserva bien, por lo visto, pero al cabo del tiempo deja de ser gracioso tener que explicar que se está más cerca de los 30 que de los 20… En serio. Ya no es divertido. Veremos cuántos años más me dura la broma.

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2 comentarios en “Juventud, divino tesoro

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