Porque yo lo valgo

Tengo que reconocer que los clientes de este lugar me encantan. Siempre hay alguno que me saca bastante de quicio, pero de cada uno de ellos se podría contar una historia diferente, a cuál más divertida.

Está, por ejemplo, la señora que lleva toda la vida viniendo por aquí, que ostenta el récord de antigüedad en el ranking de visitantes (aunque no el de cantidad de veces que ha venido al hotel), de la que todo el mundo ya sabe qué bebe a cada hora del día, tiene su mesa ya asignada venga cuando venga y (novedad) me abraza cada mañana cuando baja a desayunar. Así, porque sí. Después de ese abrazo conservo su olor durante horas, pero merece la pena por ese pequeño gesto de cariño.

Luego tenemos al señor que ocupa el primer puesto en cantidad de veces que ha venido ya al hotel, que ronda las 100. ¡100 veces en tu vida en el mismo hotel! Desde que yo estoy aquí ya le he visto tres veces, así que se puede hacer un cálculo aproximado… Este señor cambia habitualmente de mesa en el restaurante, pero no de habitación ni de costumbres, y una de ellas consiste en hablar con nosotros en idiomas diferentes para comprobar nuestros conocimientos. ¿Por qué no?

Hay parejas y familias que vienen y al principio te da la impresión de que van a ser duras de atender, o que no será fácil conseguir que no se quejen cada 5 minutos, y acaban convirtiéndose en seres adorables a los que te gustaría abrazar cada día, como a la señora pelirroja. Éstos son de mis favoritos, puesto que te agradecen de corazón todo lo que has hecho por ellos durante su estancia, te dan la mano, un abrazo a veces, e incluso su correo electrónico para seguir en contacto con ellos.

Sin embargo, muchas de mis compañeras dicen que con abrazos no se come, y como el salario que cobran no les parece suficiente, procuran agradar a aquellos huéspedes de quienes saben que poseen más capital (por decirlo de una manera fina) simplemente por obtener una buena propina de su parte durante su estancia o antes de su viaje de vuelta a casa. El mejor ejemplo de esta actitud se manifiesta en un señor, un ruso, que viene una vez cada mes, aproximadamente. De aquí al final de la temporada ya tiene incluso reservadas sus sesiones de masaje cada día con la misma masajista. Pues lo que se hace para agradar a este hombre, porque no es de los que ahorran, es ir rotando… cada día le toca a una persona servir esta mesa, ya que se tiene la idea general (que resulta ser real) de que reparte 50 euros a cada persona que le atiende, antes o después.

A mí ese tipo de actitudes me resulta un poco tristes, sinceramente. Llamadme ilusa, pero prefiero quedarme con el sentimiento de haber facilitado a alguien su estancia por aquí, con una sonrisa el día en que se marchan, con un abrazo o con cualquier otro detalle de ese tipo, antes que pensar en el dinero. Para eso ya tengo mi sueldo, con el resto no hago cálculos, a diferencia de muchos por aquí.

Al margen de esos dos tipos de clientes, los hay que también nos hacen regalos. Inesperados, todo sea dicho. E, independientemente del valor material de los mismos, a mí me hace ilusión pensar que alguien se ha gastado unos cuantos (a veces no pocos) euros empleando parte de su tiempo en pensar en mí, o en el conjunto de compañeros. Alguno de los ejemplos que os puedo mostrar son los siguientes:

Colgante de la marca de la imagen

Colgante de la marca de la imagen

Éste no fue tan inesperado, ya que mis compañeras deseaban fervientemente la llegada de la familia que nos lo regaló, que por lo visto regala joyas cada año. Sin embargo, no todas recibieron regalito, y ahí llegó el mosqueo generalizado del personal, que duró nada menos que una semana. El día en que esta familia en particular se marchó, la matriarca nos dejó una nota a cuatro de nosotras con la dirección de su casa en París y su correo electrónico para ponernos en contacto con ellos y visitarlos si nos apetecía. Mis tres compañeras rechazaron la nota… Yo aún la conservo y espero poder utilizarla si alguna vez vuelvo a París.

Perfume

Perfume

Un grupo de hombres al que una de mis compañeras no paraba de criticar nos regaló un perfume un día cualquiera a todas. No se les volvió a criticar. Yo he de decir, aunque no me creáis, que a mí me parecieron bien simpáticos desde el primer día. Y sus vecinos de mesa nos regalaron chocolate para todas, pero mucha más ilusión me hizo poder darles un abrazo (me encantan los abrazos, ¿lo he dicho ya?) y que uno de los dos hombres me dijera que le diera otro abrazo, que le gusta abrazar a mujeres pequeñas (el hombre medía más de dos metros). Aún me río cuando me acuerdo de ellos.

Botella de vino blanco

Botella de vino blanco

La última de nuestras adquisiciones, repartida a tres personas, es una botella de vino blanco de la bodega del cliente en cuestión, de su propia producción. ¿Qué dijeron quienes no recibieron el regalo? “Pues me parece muy injusto, porque todos hemos trabajado en esa zona del restaurante y todas les hemos atendido”. Ya… digo yo… pero, sin ánimo de parecer creída, tú no les has hablado en su idioma materno y probablemente no has sido todo lo amable que podrías…

En fin, queridos lectores, regalos o no, propina o no, yo me quedo con la satisfacción de hacer bien mi trabajo y de que las personas a quienes atiendo estén contentas conmigo. Eso no me da de comer, desde luego, y ahí le doy la razón a la que lo dijo, pero sí me garantiza la confianza de los clientes y de mis jefes, y eso a largo plazo me interesa mucho más que ganar 50 euros más o menos de vez en cuando.

Anuncios

2 comentarios en “Porque yo lo valgo

  1. Marta dijo:

    Genial entrada María! merecidos regalos por el trabajo realizado. Me recuerda a mi profesión, cuando llegan las navidades y las compañeras están ansiosas de recibir regalos de las familias y luego compararlos jaja. El mejor regalo es un gracias, pero bueno si cae una caja de bombones está bien, a nadie le amarga un dulce :). Un beso enorme!

    Me gusta

    • ¡Tienes toda la razón Marta! jeje A mí ni me gusta comparar ni presumir si a mí me cae un regalito y al resto no… de hecho, suelo esconder esas cosas para que no haya malos rollos con las demás… Pero me quedo con unas gracias o con una sonrisa, para mí eso vale mucho más. ¡Muchos besos para ti también! 🙂

      Me gusta

¿Qué te ha parecido esta entrada? Deja aquí tu comentario (tu correo electrónico no será publicado):

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s