Galería

No controles mi forma de vestir

… porque es total, y a todo el mundo gusto.

O algo así debieron de interpretar mis jefes cuando, allá por no sé qué año, se sentaron a considerar cómo vestirnos a los trabajadores. Se ve que pensaron: hagamos que todas tengan la misma apariencia. Y decidieron imponer la regla de llevar el pelo corto o recogido. No hay más opciones. No gustan.

Algo parecido ocurre con los trajes: todas tenemos todo un amplio abanico de Dirndl y un calendario en el que se especifica qué día hay que ponerse cada uno de ellos. He aquí el muestrario:

Dirndl rojo con Schütze de cuadros

Dirndl rojo con Schütze de cuadros

El Dirndl rojo nos lo dieron a estrenar cuando vino el señor cocinero famoso. A partir de entonces, lo usamos una vez por semana hasta que empezó la navidad, y después lo metimos al fondo del armario, del que lo volveremos a sacar en primavera.

El estampado es genial: ciervos y renos

El estampado es genial: ciervos y renos

El Dirndl rojo fue sustituido en navidad por este modelito nuevo (también a estrenar) lleno de renos y ciervos. A mí no me gusta, me resulta algo incómodo de llevar ya que la tela es demasiado rígida. Pero oye, todo sea por representar la fauna nacional.

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Dirndl verde y negro con Schütze roja

Dirndl rojo y negro con Schütze roja y verde

Dirndl rojo y negro con Schütze roja y verde

En la imagen anterior se ve una mancha que ocupa el lugar en el que normalmente llevamos una chapa con el logo del hotel y nuestro nombre, para que todo el mundo nos conozca.

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Dirndl amarillo con la parte de la falda en negro y Schütze negra y amarilla

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Dirndl negro con Schütze color turquesa. También la tenemos en color rojo y color verde claro

Éste último es mi favorito, y de hecho el más cómodo.

En cualquiera de los casos, existen unas reglas sobre hasta dónde debe llegar el Dirndl y qué distancia debe haber entre el borde del mismo y de la Schütze (el delantal).

Esto me supuso un problema en el origen de los tiempos, ya que todos ellos me quedaban demasiado largos y o bien estrechos o bien demasiado anchos tanto en la parte de los tirantes como a ambos lados del cuerpo. ¿Solución? Arreglármelos yo misma; y a base de tanta práctica ya me he convertido en una experta en este arte. La solución “rápida” o más bien vaga habría sido llevarlos todos a la sastre del pueblo de al lado y esperar una semana a recibirlos, pagando a cambio una media de entre 30 y 40 euros por traje. De ahí el que prefiriera ahorrarme unas pesetillas y convertirme yo en sastre unas cuantas tardes y, a pesar de mi falta de experiencia, el resultado no queda mal, ya que ninguno se ha descosido ni roto.

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