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Salta, salta conmigo

El domingo pasado se produjo una de esas extrañas alineaciones de planetas que solamente tienen lugar una vez cada 500 millones de años luz (año arriba, año abajo) y, como resultado de la misma, yo tuve el día libre.

¿Y qué mejor manera de celebrarlo que ir a Innsbruck? De camino vimos a gente saliendo a la calle para ir a pasear, a comprar el pan, a esquiar. Cosas normales que se hacen los domingos. Nuestro destino, sin embargo, era otro: el Bergisel:

Bergisel. Imagen procedente de wikimedia.org

O, tal como se veía el domingo desde dentro del recinto:

Bergisel desde el interior

Bergisel desde el interior

¿Que por qué fuimos a pasar frío una mañana cualquiera? Pues muy sencillo, porque se celebraba la tercera de cuatro sesiones de lo que se conoce como Vierschanzentournee:

Bienvenidos a la 63ª edición del Vierschanzentournee en Innsbruck

Bienvenidos a la 63ª edición del Vierschanzentournee en Innsbruck

O, para los no entendidos en deportes de invierno y para aclarar las cosas en castellano, saltos de esquí. De esos que salen por la tele el día 1 de enero, cuando no hay otra cosa más que ver. O al menos antes. Ahora echarán repeticiones de los especiales de navidad…

En cualquier caso, el torneo en cuestión se celebra en cuatro lugares diferentes:

  1. En Oberstdorf (en Allgäu, Bayern), los días 28 y 29 de diciembre.
  2. En Garmisch-Partenkirchen (también en Bayern), del 31 de diciembre al 1 de enero.
  3. En Innsbruck (Austria), el 3 y 4 de enero.
  4. En Bischofshofen (Austria, muy cerquita de donde trabajaba yo antes), el 5 y 6 de enero.

En resumen, lo que se veía (o se sigue viendo) por la tele en España el 1 de enero es sólo una de las pruebas del conjunto del torneo.

Y nosotros nos fuimos a Innsbruck porque es lo que más cerca tenemos en estos momentos. Y porque las entradas para Bischofshofen, donde se celebra la final, son más caras y se agotan antes.

Nos colocamos justo delante de la pantalla que retransmitía todas las imágenes de los saltos, dejando a la derecha la zona de la pista por donde se veía a los deportistas saltar:

IMG_1591

Saltador volando

… y a la izquierda el final de la pista, que no es recto, sino inclinado para frenar la carrera de los esquiadores después de haber realizado sus saltos:

Final de la pista

Final de la pista

Y desde ahí nos dedicamos a ver el comienzo de los saltos en la pantalla que teníamos en frente y a girar la cabeza hacia la derecha cuando veíamos a alguien venir (o volar) hacia nosotros.

El ambiente fue muy divertido; un periodista de no sé qué cadena de televisión se dedicó a pasear entre el público antes y durante los entrenamientos para hablar y grabar al personal mientras se animaba la atmósfera con grandes éxitos musicales de ayer y hoy, que por suerte duraron todo el tiempo que estuvimos allí (aunque la música no se oye por la tele en las retransmisiones de los saltos, no sé por qué). Cuando notaban que el ambiente decaía un poco o que la gente no gritaba lo suficiente, tanto ese periodista como el señor de megafonía encargado de retransmitir los saltos pedían a todo el mundo que agitara sus banderitas, aplaudieran, o hicieran la ola. Y allí estaba yo, bebiendo Glühwein (vino caliente típico de Austria y sur de Alemania) mientras agitaba la banderita de España que me había comprado el cocinero alemán (a pesar de que ninguno de los participantes fuera español) en medio de otras 22.499 personas. Fue muy divertido.

Pero hizo mucho frío, eso es lo único malo de toda la mañana.

De los saltos en sí, lo único que aprendí fue que el que más puntos se lleva no es automáticamente quien más lejos salta, ya que a cada deportista se le añaden o restan puntos en función de si el viento le es favorable o no; también influye la velocidad del salto y si cae en condiciones, toca la nieve con la mano o sucede cualquier otra cosa. Los saltos se deben realizar, en la medida de lo posible, entre dos líneas rojas pintadas en la pista, cada una de las cuales marca, respectivamente, 120 y 130 metros de distancia.

Marcas de distancia, con saltador en pleno vuelo incluído

Marcas de distancia, con saltador en pleno vuelo incluído

Esa especie de plantas que se ven a lo largo de la pista (que yo no había visto bien cuando se retransmitían estas imágenes por la tele) son, efectivamente, plantas, o hierbas, que un señor se dedica a tirar de vez en cuando entre salto y salto; supongo que con la finalidad de ir frenando el salto de los esquiadores cuando caen.

Señor repartiendo plantas

Señor repartiendo plantas

Los saltos no consisten simplemente en llegar, saltar, clasificarse y a casa. La mañana empieza con unos entrenamientos libres (el orden de los saltos se determina el primero de los dos días en cada lugar en que se celebra la competición), seguida de una serie de duelos entre el primer y el último clasificados, el segundo y el penúltimo, y así sucesivamente, y en último lugar se celebran los saltos de los primeros 25 clasificados, más los 5 llamados “lucky looser” (= ganadores con suerte), que son los mejores cinco de entre los que peor puntuación han obtenido. Es decir, que en último lugar saltan 30 personas. Estos treinta suman los puntos de los dos saltos que han hecho y de ahí se obtiene el total de puntos del día, de los que resulta la clasificación final.

Pues bien, otro dato curioso: entre entrenamientos y primeros saltos, y de nuevo entre éstos y la segunda ronda, aparecen en la pista unas cuantas personas que descienden caminando con sus esquís con el fin de aplanar la nieve antes de que comiencen los siguientes saltos:

Esquiadores aplanando la nieve

Esquiadores aplanando la nieve

Algo muy divertido de ver.

Y más divertido aún fue asistir en directo a saltos tan impresionantes como los que vimos, de entre los cuales hubo dos que batieron el récord de esa pista en particular: el primero, de 137 metros, y el segundo, de 138 metros, que quedó descalificado debido a que quien lo protagonizó había tocado la nieve con la mano. Aunque la wikipedia recoge éste en concreto como salto más largo de la historia de Bergisel.

Habiendo llegado al recinto a las 11 de la mañana, para coger buenos sitios antes de que empezaran los entrenamientos, nos marchamos de allí a las 4 de la tarde con los pies congelados, resultado de no habernos llevado unos trozos de cartón o de porexpan, como todo el mundo, para no estar tantas horas de pie encima de una capa de nieve. Nota mental para la próxima vez.

En definitiva, algo digno de ver si se pasan las Navidades en Innsbruck.

IMG_1600

Esquiador casi al final de su salto

IMG_1601

Impresionante vista de un esquiador casi volando

Para más información sobre este torneo y sobre el Bergisel, recomiendo los siguientes enlaces:

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2 comentarios en “Salta, salta conmigo

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