Cita

Diario de “el resplandor”. Día 7.

Querido diario,

Seguimos sin novedades en el frente. La gente no para de ir y venir. La nieve no termina de manifestarse. ¡Y yo que estaba preocupada cuando llegué por si no tenía ropa de abrigo suficiente! En comparación con los 20 grados bajo cero que, según la leyenda, sufrieron el año pasado, esto no es nada. Casi verano.

El espíritu navideño sigue sin hacer mella en la mayor parte de la gente. Es más, casi todo el mundo está bastante más nervioso e irascible de lo normal. ¡Una lástima!

Sin embargo, las cosas típicas de estas fechas siguen su curso: árbol comprado (no decorado, eso se hace el 24 de diciembre), regalos también comprados, envueltos y no digo escondidos porque no tengo tanto espacio para ello, postales navideñas aún no enviadas… Ups… Sabía que me faltaba algo…

Lo que no falta son ganas de que comience la semana que viene, ya que va a estar llena de momentos grandiosos. Entiéndase por “momento grandioso” cualquier cosa que se salga fuera de lo habitual, que ya es bastante en este sitio.

Mañana, lunes, tenemos una mini fiesta navideña aquellos que trabajamos en el restaurante. Se abrirá alguna botella de vino, nos intercambiaremos los regalos del amigo invisible y… no mucho más. La fiesta grande con todo el resto de gente se aplazó al día 9 de diciembre, aprovechando que no había demasiada actividad en el hotel y que nadie tenía vacaciones. Los jefes nos invitaron a beber lo que quisiéramos, repartieron galletitas y mandarinas y nos regalaron unos vales por un importe total de 50 euros por persona para canjearlos en cualquier tienda del pueblo relativamente más grande más cercano a éste. Fue un gesto bonito.

El martes aprovecharé mi día libre para ir a comer panna cotta, un postre típico italiano que está buenísimo y que, de manos de los cocineros de una pizzería cercana, sabe casi casi a flan. Así que, sólo por eso, ya merece la pena esperar el día entero para ir precisamente a ese sitio.

Y el miércoles toca cena de navidad (para los clientes), con traje nuevo y todo. Como de costumbre, me queda grande por todas partes así que estos próximos días tendré que hacer de sastre. Podría ir al sastre de verdad, al que se dedica a ello profesionalmente, pero tendría que ir en coche tres pueblos más allá y además me cobraría por algo que sé hacer yo, lo cual me parece un poco absurdo…

Y hasta aquí puedo leer… Querido diario… me aburro… Bastante, diría yo. O eso, o es que no ocurre nada lo suficientemente fuera de lo común como para poder contarte algo más interesante…

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