Cita

Diario de “el resplandor”. Día 6.

Querido diario,

He venido observando que esa manía que tiene el ser humano (occidental) por ir adelantando paulatinamente la Navidad no es algo exclusivo de España. ¿Qué se le va a hacer? Los catálogos navideños para hacer compras, la decoración en las tiendas e incluso la que tenemos aquí en hotel ya llevan dos os tres semanas entrando en nuestras vidas para quedarse e incitarnos a comprar. O a que nos invada el espíritu de estas fechas tan señaladas. No sé qué querer creer.

En nuestro caso en concreto, la decoradora lleva no sé cuántos millones de días cambiando los erizos y uvas de plástico que teníamos en todos los rincones por renos, para luego cambiar los renos por ángeles y, ya de paso, llenar todo de velitas y de cosas rojas. Nunca habíamos tenido tantas velas que encender como ahora. Creo que, si apagaran todas las luces, seguiríamos viendo igual de bien. Y no digo que no me guste, el único problema es que, cuando realmente llegue Navidad, estaremos ya hartos de ver tanta cosa roja.

Lo más interesante de todo esto es la parte comestible. Mis compañeras son casi tan adictas a comer cualquier derivado del chocolate como yo, y creo que por eso se han agenciado un calendario de adviento desmontable y han repartido a cada una varios días, tal como éstos:

Saquitos para el calendario de adviento de empresa

Saquitos para el calendario de adviento de empresa

La idea es rellenarlos con algo que quepa dentro (lo cual limita mucho las posibilidades). Algo que nadie ha mencionado, pero que creo que todo el mundo espera, es que haya dulces dentro. Por eso yo he metido en cada uno de mis saquitos un paraguas de chocolate y alguna que otra chorradilla. Durante este fin de semana los colgaremos todos por orden y, tras escribir en un papel el número de cada día, tendremos que coger varios de ellos sin mirar y recoger nuestra sorpresa el día que corresponda. Por si acaso me vuelve a mí alguno de los que yo he preparado, me he encargado de que me guste todo lo que hay dentro.

Aquí también es típico jugar al amigo invisible, al que en alemán se le conoce como “Wichteln”. Las reglas son las mismas que en España, pero aún no lo hemos organizado porque el lunes llegará un compañero nuevo y vamos a esperarle para que también pueda participar, ya que al pobre le han excluido vilmente del calendario de chocolate. Digo… de adviento.

Para añadir más emoción al asunto, yo ya he recibido un regalo desde casa:

Regalo desde casa

Regalo desde casa

¡Sí! Una muestra representativa de todas aquellas cosas que aquí no puedo comer y que tendré que racionar para no acabarlas durante la próxima semana. Será duro. Pero tendré que ser fuerte.

Y es que, querido diario, a pesar de tanta decoración roja, de que la Navidad ya esté prácticamente aquí y de que me rodeen tradiciones de uno y otro país, lo que realmente importa al final del todo es comer. Y yo de eso ya tengo. Incluidas las uvas para fin de año.

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