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Un día en… Kufstein

Cuando llegamos a la ciudad, las campanas de la torre de la iglesia anunciaban que eran las doce. Ascendíamos por una calle empedrada, dejando la iglesia a nuestra derecha y una gran fortaleza a nuestra izquierda; ése era nuestro destino.

La fortaleza de Kufstein se alza imponente en el centro de la ciudad, recordando tanto a los vecinos como a los visitantes que este complejo se creó con fines defensivos.

Cuando llegamos, se creó una de esas casualidades de la vida que uno no espera: justo a esa hora se interpretan todos los días una serie de piezas musicales mediante el llamado “Heldenorgen” (Órgano de los héroes). Se trata del mayor órgano al aire libre del mundo, y sus tubos se encuentran alojados en la torre de la parte superior derecha de la imagen inferior. Se dice que, en días en que el viento sopla con la suficiente fuerza, los sonidos que emite el órgano se llegan a escuchar a 10 km. de distancia, allá en Bayern.

Vistas desde el patio de la fortaleza de Kufstein

Vistas desde el patio de la fortaleza de Kufstein

Pero, volviendo al conjunto de la fortaleza… A lo largo de los siglos, fue poseída tanto por Austria como por Baviera / Bayern (Alemania), pues se encuentra exactamente en la frontera entre ambos países. Ha sido escenario de guerras, cambios de propietarios, ha albergado a prisioneros de guerra dentro de sus muros… Y hoy es una atracción turística.

Una atracción turística muy bien organizada, sin ninguna duda, pero carente de sentimiento. Los visitantes pueden pasear libremente por las salas, patios y callejones abiertos al público, contemplar las exposiciones contenidas en su interior, leer los carteles que explican determinadas cosas (que, por cierto, están muy bien estudiados y situados) pero yo pienso fríamente… ¿Qué habrá pasado realmente tras los muros de esa torre cuando los prisioneros de la Primera Guerra Mundial estaban allí encerrados? ¿Qué habrán visto esos muros después de tantos años? Eso ya da igual, lo importante es que uno puede hacerse fotos por allí, probar la comida típica de la región… e incluso organizar celebraciones de boda en esa misma torre.

A pesar de lo crítica que soy, he de decir que la visita merece mucho la pena.

Siento no poder decir lo mismo de nuestro siguiente destino del día: la fábrica de cristal Riedel, también ubicada en Kufstein. Fuimos allí pensando que nos enseñarían cómo fabrican el cristal… que veríamos de cerca a los trabajadores soplando el vidrio y creando formas imposibles con él… Y sí, verse se ve, pero desde las alturas, mientras se atraviesa una pasarela que conduce a un laberinto negro en el que se explica al visitante la relación entre esa marca de cristal y los cinco sentidos del ser humano. Muy interactivo (demasiado, para mi gusto) y demasiadas animaciones y efectos para sacar una única conclusión al final de la visita: hacer publicidad de la marca se les da bien. Y después de ese corto paseo, salida por la tienda.

En este caso, sólo recomiendo la visita si alguien está interesado en comprar cosas de cristal. Pero que se olviden de la parte de aprendizaje.

Próximamente: un día en…

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