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Algo se muere en el alma cuando un amigo se va

Una de las cosas que tiene el irse a vivir o a trabajar a otro país es que la familia y los amigos se quedan atrás. Es algo lógico y normal.

De entre todas esas personas, las hay que se mantienen ahí, en la distancia. Y parece que no te has ido. Hay otras con quienes empiezas a relacionarte más ahora que no las ves a diario; tal vez porque se interesen más por saber qué haces cuando estás tan lejos o tal vez porque realmente descubras que, simplemente, merece la pena que estén ahí. Y luego está el tercer grupo: el de la gente que desaparece, sea por la razón que sea. Porque ya no les escribes, porque ya no les avisas las pocas veces que vuelves a casa, porque les molestan cosas que creen que has hecho y te da pereza tener que dar explicaciones que sabes que no van a servir para nada, o porque, simplemente, descubres que tú a ellos tampoco les interesas, aunque ellos mismos no quieran aceptarlo. No es divertido, pero te acabas dando cuenta de que no eran amistades verdaderas. O, al menos, no lo que tú esperabas.

¡Y los que entran por los que salen! Llegas a un país en el que no todo el mundo te acepta, sobre todo porque eres extranjera, o donde te aceptan enseguida, precisamente porque vienes desde lejos y quieren que te sientas casi como en casa. Y luego hay gente que viene y va, con quienes te cruzas unas cuantas veces o quienes se quedan más tiempo y que, con el paso de los días, te demuestran que aún no es tarde para conocer a gente de lo más interesante.

¿Que a quién me estoy refiriendo? Pues creo que es evidente… a los deportistas paralímpicos que hemos tenido aquí estos días. Con ellos he aprendido que no es malo ofrecerle tu ayuda a alguien que tal vez pueda necesitarla, aunque la rechace por orgullo o por costumbre, que existen muchas cosas que se pueden aprender de gente muy diversa (incluso a hacer yoga), que aún queda en alguna parte del mundo gente de esa a quien no le cabe el corazón en el pecho de lo grande que lo tiene, y que, aunque no siempre encajes en el lugar en el que estás o al que vas, lo que importa realmente es la gente con quien te encuentras allí y que te hace sentir tantas cosas bonitas.

Sé que hoy me estoy poniendo sentimental, pero tengo que confesar que tengo un problema: a veces le cojo cariño a la gente y me cuesta despedirme de ellos. Y mis queridos nuevos amigos se nos fueron anteayer. Y se nota que ya no están, el ambiente ya no es tan divertido.

Volverán al año que viene y por suerte seguiré manteniendo el contacto con ellos. Se llevan un trocito de mi corazón a EEUU, y a mí me dejan el mejor regalo posible: amistad, y la promesa de volver a vernos.

Y así añado el otro regalo que me han hecho a las cosas que siempre hay junto a mi mesilla

Y así añado el otro regalo que me han hecho a las cosas que siempre hay junto a mi mesilla

¡Hasta la próxima!

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2 comentarios en “Algo se muere en el alma cuando un amigo se va

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