Un mundo feliz

A esta altura de los Alpes no suelen ocurrir muchas cosas. La vida discurre tranquila, sin grandes complicaciones ni sobresaltos. Hasta que llega un día en que se presenta una novedad, y es como si fuera la mayor fiesta de la temporada.

La novedad de esta semana nos la han traído unos visitantes estadounidenses. Se trata de un grupo de unas 22 personas, la mayor parte de ellos miembros de los equipos de esquí alpino y de snowboard… paralímpico. Sí, son deportistas de élite. Sí, son famosos. Y sí, tienen una serie de necesidades que son muy distintas de las del resto de clientes. ¿Y que significa todo eso? Pues nada, porque son infinitamente más amables, más agradecidos y tienen un corazón mucho mayor que el de la mayoría (aunque hay excepciones, por suerte) del resto de personas que vienen por aquí.

A las 7 de la mañana ya están todos en la puerta esperando para desayunar. Dulce y salado. Y café, mucho café. Parecen un tornado cuando llegan, pero al cabo de media hora vuelve a estar todo tan tranquilo como al principio. Las mañanas las dedican a subir con sus entrenadores y demás acompañantes al glaciar, a practicar cada uno del deporte que le corresponda. Aunque no les he visto personalmente, en internet sí he encontrado alguna foto de algunos de ellos y es impresionante ver con qué fuerza se agarran a sus esquís y tablas, casi todos ellos adaptados a cada uno.

A mediodía suelen venir a comer, y puesto que el lugar en el que tenemos preparado el picoteo está a una altura considerable (que a uno no le parece excesiva hasta que observa a algunos de ellos acercarse con las sillas de ruedas), intentamos ayudarles de una forma lo más amable posible. Al principio parecía que no a todos les hacía demasiada gracia que les ofreciéramos esa ayuda, pero creo que se han dado cuenta de que no lo hacemos con mala intención, y agradecen el gesto infinitas veces. Los tres que utilizan silla de ruedas saltan con ella un escalón que hay en el bar y se sientan cómodamente en los sofás. Jamás en la vida habría imaginado que pueden tener tanta fuerza como para lograr ese salto.

Por las tardes, unos cuantos van al gimnasio y se pasan allí horas y horas. Otros se toman la tarde con más calma, y se quedan en sus habitaciones. Y un pequeño grupito utiliza un pabellón de deportes que tenemos para hacer yoga. A una compañera mía la convencieron para ir con ellos casi desde el primer día, y luego ella me invitó a mí. Y a pesar de haber descubierto músculos que no sabía que tenía,  simplemente porque ahora me duelen y antes no, es muy divertido y supone toda una lección ver cómo ellos consiguen las posturas más complicadas incluso llevando sus prótesis y yo no soy capaz de doblarme 15 veces seguidas, como hacen ellos.

¿Y qué nos enseña todo esto? Humildad. Tengo a clientes que se enfadan si no les llevas el café por la mañana antes de que ellos te lo pidan, otros que vienen continuamente y quieren sentarse sí o sí en tal o cual mesa y otros que presumen de la cantidad de viajes que hacen y de la cantidad de gente a la que conocen, y luego ni se preocupan por escucharte cuando necesitas preguntarles algo. Y luego está este grupo, que quiere chocar los cinco con nosotras cuando nos ven, se alegran de que vayamos con ellos a yoga o, simplemente, de que nos paremos a hablar un rato con ellos y les preguntemos qué tal su día. Y entonces es cuando uno se da cuenta de lo simples que son las cosas y lo complicadas que nos empeñamos en hacerlas muchas veces. Así que, aunque no me lean: gracias.

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4 comentarios en “Un mundo feliz

  1. domingueziglesias dijo:

    Impresionante…
    La verdad es que en los pequeños detalles está el secreto de la vida…
    Hay gente que te dan lecciones de fortaleza y humildad cada día…
    Un besazo

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  2. Es que la mayor felicidad es la de estar bien con uno mismo y eso hace que estés bien con los demás! No merece la pena vivir amargado y menos x tonterías.. Gente así es un ejemplo para todos! Un besazo María!!

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    • ¡Tienes toda la razón! ¿Te cuento una cosa? Ayer, hablando con uno de ellos, le di las gracias por haber venido y haberme permitido conocerle; le dije que estoy aprendiendo a valorar las cosas de otra manera desde que están aquí y se puso algo más que rojo!! ¡Eso es humildad! Por cierto, me acordé de ti al hablar con él porque es de NY!!! 🙂 ¡Besos guapísima!

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