Cita

Diario de “el resplandor”. Día 4.

El sábado llegué a conocer al chico que estaba destinado a enseñarme a bailar. Lástima que ni hubiera espacio vital suficiente para moverse ni que la música fuera la apropiada para aprender a bailar lo que yo quería bailar. Se quedó en una anécdota…

Por lo demás, el Oktoberfest de esta región no es más que otra excusa para entretener a la chavalería del valle un fin de semana y para organizar un evento cualquiera al que atraer a los clientes de los hoteles cercanos. Cerveza, vino y cualquier otra clase de bebida alcohólica por todas partes. Nada de pasearse sin llevar una bebida en la mano, eso está mal visto. Aunque no deja de ser una bonita forma de juntarse con los compañeros de trabajo fuera del hotel y una manera de desempolvar el Dirndl propio de cada uno para lucir sus mejores galas. Menos mal que la noche no era fría y que montaron y acondicionaron una buena carpa.

Investigaré si los siguientes saraos varían respecto a los que he visto hasta ahora, aunque empiezo a dudarlo…

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