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Oro parece…

Esta semana he empezado a explorar la región. A pesar del frío. A pesar de la lluvia:

Lluvia en los Alpes. 21 de julio.

Lluvia en los Alpes. 21 de julio.

A una hora de esa foto se encuentra el municipio de Schwaz, principal núcleo de la región, en el que, entre otras cosas, hay una mina de plata abierta al público. Se trata de un lugar que ya no se encuentra en funcionamiento y que se ha reconvertido para su uso turístico (¡y anda que no se nota!).

El precio de la entrada para adultos es de 16 euros, aunque existen reducciones y precios por grupo, familias, etc. Con ella se permite el acceso a la mina, para lo cual es necesario subirse a una especie de “tren” (si es que se le puede llamar así) que introduce a los intrépidos viajeros en el interior de la montaña. Cuidado quien acuda con niños, ya que está oscuro. Y no lo digo con mala intención, es que justo detrás de mí se sentó un niño que, al parecer, tenía miedo a la oscuridad, y se pasó el recorrido llorando.

La visita a la mina se hace en compañía de un guía que explica todo en alemán, si bien existen audioguías en determinados puntos de la visita para escuchar las explicaciones o traducciones de lo que se narra en otros idiomas. Al menos el inglés y el francés están disponibles.

El guía acompañó sus explicaciones de algunas audiciones y vídeos que se proyectan en algunas paredes a lo largo del recorrido, en las que se explica la historia del lugar, sus orígenes, evolución y la importancia de la mina para el desarrollo de la región y para el enriquecimiento de la monarquía de los Habsburgo en el siglo XV. Lo que yo destacaría de esa visita es precisamente el conjunto de las explicaciones que recibimos. Sin embargo, hay una serie de cosas que no me gustaron especialmente:

  • Acepto que la mina lleve años sin utilizarse y que no se pueda mostrar gran cosa del trabajo de la época, pero de ahí a convertir algunas esquinas y pasillos de la misma en expositores de figuras (algunas de ellas con movimientos y sonidos) y de paneles imposibles de leer debido a la velocidad a la que camina el guía… Me parece excesivo. Demasiado turístico, y demasiado poco detallado en algunos aspectos.
  • Como ya he dicho, no me gustó que el guía fuera tan rápido. No porque la visita durase poco tiempo (son 90 minutos los que necesita el grupo para completar el recorrido), sino porque parece necesario ir de un punto a otro para ver un vídeo u otro, sin prestar atención a lo que pueda encontrarse por el camino. Yo habría agradecido que las visitas no estén tan programadas una detrás de otra y que el guía pueda tener un mínimo margen de acción en caso de que alguien le pregunte algo fuera de la esquina dedicada a ver tal vídeo o en el recorrido de un punto a otro.
  • (Aquí viene una de esas comparaciones odiosas que no se deben hacer) No me gustó el haber tenido la expectativa de que la visita se pareciera mínimamente a la de la mina de sal de Bad Reichenhall, para que al final fuéramos tan rápido y yo terminara con la sensación de no haber aprendido tanto.

Aunque, por suerte, siempre nos quedará internet para completar toda aquella información que no nos es posible captar a tiempo durante las visitas; he aquí la web oficial de la mina, con información sobre los horarios, la ubicación y, sobre todo, que es lo que a mí más me interesa, la historia del lugar.

Y ahora, algunas imágenes:

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