Aterriza como puedas

Hay que ver… ¡cómo es la vida! Y sobre todo, ¡cómo son los viajes en avión! Sobre todo cuando una viaja sola. Ésos son los mejores. ¿Nunca os he contado esas pocas horas que paso en el aire rodeada de desconocidos? Pues tiene su aquel…

Recuerdo la primera vez que vine de Madrid a Munich, haciendo escala de alrededor de dos horas en Palma de Mallorca… yo sola… viajando hacia lo desconocido… sin parar de llorar como una tonta… (tenía que reconocerlo en algún momento). Recuerdo que, al hacer escala en Mallorca, traté de sacar una chocolatina de una máquina que había en el aeropuerto y me quedé sin el dinero y sin la chocolatina, porque ésta no cayó. Y como no pasaba nadie alrededor y estaba tan nerviosa, me fui a sentarme cerca de la puerta de embarque, saqué uno de los millones de polvorones que mi familia me había guardado en todos los bolsillos que tenía, y me lo comí tranquilamente. No recuerdo cómo fue el vuelo desde allí hasta Munich, tan sólo que se retrasó y por eso me pasó todo lo que me pasó por aquel entonces. ¡Qué gracioso el chino aquél!

El siguiente vuelo fue en verano, y fui de Madrid a Frankfurt y desde allí hasta Salzburgo. No recuerdo que pasara nada interesante. Ya había estado en el aeropuerto de Frankfurt pocos meses antes y, aunque todo el mundo parece tenerle pánico por lo enormemente grande que es, tardé muy poco tiempo en llegar hasta la nueva puerta de embarque. Y en el avión es probable que me durmiera, o que fuera todo el tiempo leyendo, ya no lo sé.

Siempre que una vuela sola, o al menos a mí me pasa, espera que la gente no le preste mucha atención, sobre todo si el resto de pasajeros van ya con acompañante. Pues no, me equivoco. O más bien me equivoqué.

Cuando volé el invierno pasado desde Madrid hasta Munich (esta vez ya sin escalas) me senté lo más cerca que pude de la salida y en el pasillo. Es un truco que he ido perfeccionando en los últimos tiempos: cerca de la salida, para no perder mucho tiempo hasta que salen todos los de delante; y no en la ventana, porque, aunque no tenga vistas, puedo salir antes al pasillo, o al menos no tener que retorcerme la espalda mientras, precisamente desde el asiento que hay al lado de la ventana, espero a que el resto de gente saque su maleta, se coloque la chaqueta tranquilamente y decida salir. Pues allí estaba yo, justo detrás de los asientos reservados para esos que pagan más, al lado del pasillo, y al lado de una pareja de señores mayores que hablaban muy bajito entre sí. No pasó mucho tiempo hasta que el hombre, que era el que estaba sentado a mi lado, me preguntó no recuerdo qué y a partir de ahí pasamos la mitad del tiempo hablando en inglés. El señor (y su mujer, que era la que le acompañaba) era canadiense (no recuerdo ya de dónde exactamente), era dueño de una academia de tai chi, y había ido a Madrid a un congreso internacional sobre el tema. Me recomendó que visitara su página web y me informara sobre la posibilidad de hacer tai chi en Salzburgo, porque, según me dijo, tenía una sede de su academia allí. Aún lo tengo pendiente, lo confieso…

Pero el mejor de todos los vuelos que he tenido hasta ahora ha sido el de la semana pasada. Se repetía la operación: Madrid – Munich. De nuevo, lo más cerca posible de la parte delantera y de nuevo pasillo. Me siento, me pongo el cinturón (para que no se me olvide si me quedo dormida) y me pongo a leer. Y por el pasillo vienen dos hombres hablando tranquilamente: uno de ellos tiene el asiento justo a mi derecha, y el otro en el grupo de asientos de la izquierda. Como me dio la impresión de que el que iba a ir a mi lado tenía ganas de hablar, le pregunté si quería él sentarse en el pasillo, pero como su compañero se sentaba al lado de la ventana, no nos iba a servir de nada, así que se quedó la cosa como estaba.

Y poco a poco me fue sacando temas de conversación: que si hace mucho calor, que si voy a Munich a un congreso de telecomunicaciones, que qué bien que eres española y no alemana porque sino me iba a aburrir, que si éstos de iberia no ponen peli como los de la renfe, que si hace muchos años que yo no vuelo y estoy deseando llegar a Munich para hacer una “teleconferencia” (palabra textual suya) con mis hijos… Total, que lo uno llevó a lo otro y esta vez acabé viendo una película con él en su ordenador, mientras la íbamos comentando como si nos conociéramos de toda la vida. La elegida, tras varios intentos, fue “Pesca del salmón en Yemen” (o algo así), que me resultó muy divertida por cómo me la iba comentando. Lástima que no nos diera tiempo a terminarla, porque el vuelo fue divertidísimo. Nuestra relación aérea terminó cuando llegamos a Munich; yo le di mis auriculares de recuerdo (porque el hombre no tenía) y él me enseñó las fotos de sus hijos y me dio su tarjeta, por si voy alguna vez a esa región y quiero visitarle. El hombre, tengo que decirlo, es de Badajoz, que es lo que más me gustó, porque los extremeños son saladísimos y muy agradables. Palabra de hija de una.

Así que a partir de ahora estaré pendiente de la gente que se sienta a mi alrededor porque si mi ritmo de interacción aérea con desconocidos sigue a este ritmo, seguro que conoceré a gente muy divertida.

Anuncios

2 comentarios en “Aterriza como puedas

¿Qué te ha parecido esta entrada? Deja aquí tu comentario (tu correo electrónico no será publicado):

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s