Conociendo a…

Últimamente me dedico a trabajar y a dormir. Y a comer, pero sólo a veces. Trabajar – comer – dormir – comer – trabajar – dormir. Me siento como un bebé evolucionado a la fase de adulto pero carente por completo de tiempo para nada. Me estoy perdiendo este invierno tan primaveral en el que nieva sólo un día por semana, frente a otros cinco días  en los que el sol luce con tal intensidad que lo único que apetece es sentarse en manga corta en la terraza tomando algo fresquito. El sexto se descansa. Pero sólo a veces.

El hecho de estar en época de vacaciones europeas hace que llegue gente de todas partes, lo cual está muy bien, pero que, al mismo tiempo, aumente la carga de trabajo, lo cual no está tan bien, o sí, pero cansa. Y como una de mis compañeras ya no se encuentra entre nosotros hay que repartir el trabajo… Total, que llevo dos semanas sin librar y sin poder expandir mis viajes de reconocimiento y posible conquista más allá de las fronteras de este pueblo. Así que me tengo que conformar con actividades caseras, que no por ello dejan de ser interesantes.

La última de ellas tuvo lugar el lunes. La mujer del Argentino, que entre otras cosas da clases de español, organizó una reunión más o menos informal a la que acudieron gentes muy diversas:

  • El ex alcalde del pueblo y su mujer, que tenían una casa en algún lugar de la costa andaluza y saben algo de español.
  • Un abuelillo que talla madera.
  • Una señora jubilada.
  • Dos españoles y la mujer ecuatoriana de uno de ellos.
  • Yo.

Y allí nos juntamos, con la intención de hablar de temas diversos y de corregirnos mutuamente nuestros fallos al hablar. Y fue bien, porque los españoles aprendimos cómo funciona la política en este municipio, los austriacos nos pusieron en un aprieto al intentar explicarles cuándo se usan las preposiciones “por” y “para” y, lo más importante, conocí por fin a los otros dos españoles que viven aquí, que ya iba siendo hora.

Cuando llegué, en el origen de los tiempos, no me importaba que los únicos hispanohablantes fueran el Argentino y su familia, porque así podía aprender alemán más rápido. Ni siquiera tenía la excusa de “yo no me junto con españoles, porque quiero practicar alemán” que menciona mi amiga Bárbara en vienadirecto, porque no los había. Pero con el paso del tiempo me he dado cuenta de que no está mal poder hablar de vez en cuando en español y no siempre con las mismas personas. Con esa intención, le di mi número a uno de los españoles, le pedí que me avisaran si alguna vez quedaban para tomar algo… y ayer me invitaron a la fiesta de inauguración de piso del tercer español (versión masculina, si me incluyo yo en la lista es el cuarto) que viene a vivir aquí. Pero ya que no podía interrumpir mi ciclo natural de trabajar – comer – dormir – comer – trabajar – dormir, me lo perdí.

Tendré que dejar de hibernar y hacer algo en este mes que me queda antes de volver a casa, sino parecerá que no he hecho nada útil en todo el invierno. El oso despierta de su letargo… y se prepara para buscar nuevas presas…

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4 comentarios en “Conociendo a…

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