Bienvenida a la república independiente de tu hotel

La semana pasada decidí ir más allá en mi relación con este bonito país. Para hacer oficial lo nuestro, me acerqué al Consulado español de Salzburgo. Y digo Consulado y no Embajada, porque ésta está solamente en Viena. Esta aventura es digna de ser relatada aquí:

Mi viaje en tren hasta Salzburgo me costó, como de costumbre, una hora. Una vez allí, aproveché que no paraba de llover para desayunar, dar una vuelta y comprar un par de postales. Que oye, una vive aquí desde hace ya un año y aún no ha mandado ni una triste postal de Salzburgo. Poco después me encontré con mi suegro, que fue a recogerme para llevarme al Consulado, y todo por una buena causa. Éste no se encuentra en la capital, sino en un municipio situado a unos 20 kilómetros de distancia que se llama Henndorf o, como a mí me gusta llamarlo, “Pollopueblo”. Pollopueblo es un lugar muy tranquilo y agradable que cuenta, entre otras cosas, con un club de golf llamado Gut Altentann en el cual, mira tú por donde, trabaja Frau Catarina Hofmann, la cónsul. Sí, el consulado está DENTRO del club de golf. Puesto que, aunque no lo parezca, estamos en invierno, en la foto que hice del consulado no aparecen los hoyos del campo, pero el aspecto que presenta el edificio es este:

Entrada al consulado.

Entrada al consulado.

Aún no sé por qué la bandera ondea a media asta.

El caso es que el viaje duró un total de una hora y media y dentro del edificio estuve algo así como 2 minutos de reloj. Me sirvieron, eso sí, para ponerle cara por fin a la cónsul, después de no sé cuántos e-mails que la había mandado ya estos últimos meses y que ella, muy amablemente, me había ido contestando casi a la velocidad de la luz. ¡Qué eficiencia!

Lo que me hizo falta para darme de alta en el registro de matrícula consular (nombre en clave para: me registro porque vivo más tiempo en Austria que en España) como residente fue:

  1. Original y fotocopia del DNI.
  2. Original y fotocopia del pasaporte.
  3. Fotografía tamaño carnet.
  4. Fotocopia de la Meldezettel (yo también llevé la copia original, por si acaso).
  5. Formulario “solicitud de inscripción como residente“.
  6. Formulario “declaración explicativa de la elección del municipio de inscripción“. Es decir, donde vivo en España, no donde vivo aquí.

También existe la posibilidad de inscribirse como no residente, en cuyo caso hacen falta menos papeles, pero dado que ya llevo aquí un año y esto parece que va para largo, lo dejo ya arreglado y me despreocupo.

Cuatro días después recibí un correo electrónico de la Embajada (la que está en Viena) en el que se me da la bienvenida al país, se me agradece que haya emigrado por fin oficialmente (dicen que ahora tienen más espacio en España y el aire estará menos contaminado) y me adjuntan tres enlaces:

  1. Una carta tipo (Estimado/a español/a) firmada por el rey, en la que me da la enhorabuena por haber encontrado una vida mejor.
  2. Un enlace al discurso navideño del rey del año pasado, porque imaginan que aún no lo he visto.
  3. Un manual de instrucciones para saber actuar a nivel legal ahora que ya no vivo oficialmente en España.

El tercer punto es, evidentemente, el falso. Lo que me mandaron realmente fue un enlace de la web de la Embajada de España en Viena en el que se aclaran cosas que ahora debo de tener en cuenta, como por ejemplo: para renovar el pasaporte tengo que ir a Viena, no a la comisaría de policía más cercana a mi domicilio en España. Mira tú por dónde qué simpáticos ellos, me van a hacer viajar en la dirección contraria. En realidad, sí podría renovar el pasaporte en España, pero luego tendría que avisarles y mandar fotocopias y chorraditas varias… Resumen, que cuando toque, me voy a Viena “con la excusa de”, y ya hago turismo. Otro ejemplo: cuando renueve el DNI (eso sí lo tengo que hacer en España) necesito solicitar a la embajada un documento en el que se acredite que ahora estoy inscrita en el registro consular de Austria.

Moraleja de esta historia: mi domicilio habitual queda fijado en Austria. Como diría aquel: “que dios nos pille confesados”. Amén.

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