Galería

La casa del lago

Muchas de las aventuras más divertidas son esas que empiezan cuando menos te lo esperas. Por ejemplo, cuando te despiertas a las 11 de la mañana el día que libras y, de repente, surge un plan que, tras varios descartes y retoques, se convierte en otra cosa muy distinta. Y esa cosa tan diferente te lleva a montarte en un coche y desplazarte al otro lado de la frontera. En este caso, al Chiemsee, al que en español se podría llamar lago Chiem. ¿Y qué hay en ese lago? Pues muy sencillo: una isla en la que está ubicado el Herrenchiemsee:

Herrenchiemsee

Herrenchiemsee

O lo que es lo mismo, otro de los varios palacios que Luis II de Baviera construyó con su propio dinero de su propio bolsillo, al igual que hizo con Neuschwanstein.

Llegar hasta la isla resultó casi tan complicado como llegar hasta Neuschwanstein, sólo que en este caso había agua de por medio. ¿Cuál fue la solución? Viajar en barco, por el módico precio de 7 euros ida y vuelta. Teniendo en cuenta (aunque por estos lares no lo parezca) que estamos en invierno, los barcos no salen tan a menudo como en verano, ni tampoco desde todos los puertos disponibles en los alrededores del lago. En mi caso, salí desde el municipio de Prien am Chiemsee a las 14:00 hora local, y tardé 15 minutos de reloj en llegar a la isla. Es uno de los recorridos más cortos, aunque no puedo decir si de los más bonitos o no puesto que no he podido comparar (por ahora). En cualquier caso, el asunto de los barcos lo tienen muy bien organizado, puesto que dentro de cada uno de ellos hay unos folletos con los horarios a los que pasan (como si cogiera uno un folleto en la renfe, lo mismo) y por internet se puede consultar el estado del agua y si circulan o no los barcos.

Aviso a navegantes: al llegar a la isla hay una serie de ventanillas en las que es bastante probable que haya mucha gente en verano. Por si acaso, yo os lo digo: ahí es donde se compran las entradas del castillo, que cuestan 8 euros. Lo digo por si hay algún despistado que no se acerque a preguntar y que no lea los carteles que hay a lo largo del camino, porque de ser así, se da un paseo de ida y vuelta estupendo, ya que una vez dentro hay que llevar la entrada consigo.

Con respecto a la llegada a la isla, lo único que puedo decir, o más bien mostrar, es esto:

Bosque isleño en invierno.

Bosque isleño en invierno.

Que sólo faltó el fantasma cruzándose en medio del camino, porque ya era de por sí solitario, estaba lleno de árboles sin hojas (algo lógico en la época, por otra parte) y se oían ruidos de animales, probablemente de murciélagos (a los que parece ser que les gusta vivir en la isla).

Dentro del castillo no se pueden hacer fotografías, pero si alguien siente especial curiosidad, en la web oficial aparece un listado de las salas de que consta el edificio junto con una breve explicación y una fotografía de cada una de ellas. Aunque la página la enlazo en alemán, se puede traducir al inglés si a alguien le interesa especialmente leer algo en particular.

A pesar del frío dentro y fuera del castillo, a pesar de que la tienda estaba cerrada (¡¡con lo que me gusta a mí ir a las tiendas de museos y monumentos después de visitarlos!!), a pesar de que los jardines carecían completamente de vegetación y tenían un aspecto algo triste:

Fuente sin agua y con elementos decorativos completamente tapados.

Fuente sin agua y con elementos decorativos completamente tapados.

A pesar de todo eso y de algún que otro detalle más que posiblemente esté olvidando, tengo que reconocer que fue una de las visitas guiadas más interesantes que he hecho hasta ahora. ¿Por qué? Pues, para empezar, porque el hecho de que el castillo no sea tan llamativo en invierno como en verano hace que el número de turistas se reduzca, y se reduzca, y se vaya reduciendo mucho más… hasta conseguir que lo que tendría que haber sido una visita guiada de 30 minutos se convirtiera en una de 50… y completamente en solitario, es decir, un guía para sólo dos personas. Así, señores míos, es como de verdad se disfrutan estas cosas, cuando una se puede acercar al suelo y ver la decoración resaltada sobre las fibras de la madera, o acercarse tanto a un cristal como para ver una mínima mota de polvo sobre él, o situarse en el punto exacto de la sala en el que se enfrentan dos espejos y se crea una sensación de espacio infinito a ambos lados… Tonterías, al fin y al cabo, pero que sólo se pueden disfrutar si el lugar en cuestión no está atestado de turistas.

Gracias a que el guía sólo nos tenía a nosotros de espectadores, pude averiguar cosas que tal vez no siempre aparezcan en todas las guías, algo que no puedo confirmar porque no he podido comprarla… aún. Por ejemplo:

  • Luis II de Baviera medía 1,85 metros, nada normal para la época.
  • El castillo se construyó según un deseo del rey de imitar Versalles, aunque a su manera. De ahí la mezcla de elementos que recuerdan a Luis XIV más aspectos bávaros. La mezcla, en cualquier caso, no resulta tan “artificial” o “colorida” como en el caso de Neuschwanstein.
  • La mayor parte de los elementos decorativos fueron producidos por artistas de los alrededores del lago, nada de personajes conocidos internacionalmente en la época, lo cual no significa en absoluto que el resultado sea peor de lo esperado.
  • Solamente en una de las estancias del castillo, la Große Spiegelgalerie (= gran sala de los espejos) hay un total de alrededor de 2000 velas.
  • En Herrenchiemsee se construyeron chimeneas que nunca llegaron a utilizarse, porque durante su construcción se instaló un sistema de calefacción central que, cuando se probó, habiendo ya muerto el rey, tampoco llegó a funcionar nunca correctamente.
  • La muerte prematura del rey impidió que se finalizara la construcción del castillo, y entre las partes que quedaron sin completar se encuentra la cocina, que de hecho no existe.
  • Algunas otras habitaciones ni siquiera llegaron a utilizarse, solamente fueron lugar de paso y contemplación del monarca. Lo peor de todo no es que se gastara una fortuna en construir un edificio que apenas utilizó, sino que hay casos peores.
  • El rey tan sólo vivió en el castillo durante 10 días, aunque extraoficialmente se habla de 51 días, teniendo en cuenta el tiempo que pasó allí para supervisar las obras de construcción.

Y hasta aquí los datos más importantes. Mi siguiente objetivo es consultar la tienda online y hacerme algún regalo útil. Otro libro, por ejemplo. A lo mejor entonces puedo contaros algo más, o hacer de guía a alguien que venga a verme por estos lares.

Anuncios

4 comentarios en “La casa del lago

¿Qué te ha parecido esta entrada? Deja aquí tu comentario (tu correo electrónico no será publicado):

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s