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Navidad al estilo germano

¡Bienvenidos de vuelta! O mejor dicho: ¡bienvenida yo! ¡Que ya iba siendo hora de ponerme a contaros cositas de nuevo!

Tras un divertidísimo vuelo de vuelta de Madrid a Salzburgo pasando por el gigantesco y maravillosamente bien organizado aeropuerto de Frankfurt, y sustituyendo en este caso al chino que conocí en Munich el año pasado por una pareja de señores canadienses encantadores, que me dieron conversación en el avión durante dos horas contándome que son profesores de tai chi y disponen de escuelas en todo el mundo (publicidad incluida) e intercambiando impresiones varias sobre nuestros viajes, he vuelto a mi rutina laboral en el hotel de enfrente, donde estuve a finales del verano pasado.

Pero eso no es lo importante. Lo importante es que estoy viviendo mi primera navidad al “estilo germano”; y digo germano y no alemán o austriaco porque lo que veo estos días es mezcla de ambas cosas, que son bastante parecidas (por no decir iguales, ya que no encuentro diferencias, aunque dicen que las hay).

La parte histórica o legendaria de esta historia (según me la han contado a mí) es la siguiente. Dentro banda sonora.

En un país muy lejano, entre montañas, vivían hace años gentes que pasaban el invierno rodeados de nieve, sin luz eléctrica, sin poder comunicarse con otras personas a pocos kilómetros de distancia y soportando fuertes tormentas durante meses. El viento soplaba con una fuerza tal como para asustar a aquellas pobres gentes, que creían que el responsable de esos ruidos eran las brujas, que se movían entre las montañas para amedrentarles y destruir sus posesiones. Con el fin de enfrentarse a ellas, los hijos de esas familias que aún permanecían solteros tomaron una decisión: se pintaron las caras de negro con las cenizas extraídas de sus chimeneas y salieron a asustar a las brujas. Cuanto más gritaban y más ruido hacían, mejores resultados obtenían. Y así, año tras año, siempre al comienzo del invierno, salían a asustar a las brujas, logrando que el viento causara cada vez menos estragos…

La historia, evidentemente, ha evolucionado con los siglos, y lo que permanece a día de hoy es la figura del Krampus o Perchten, a saber: jóvenes aún no casados que se disfrazan con máscaras de madera talladas a mano, se ciñen un cinturón en cuya parte posterior cuelgan campanas, cencerros o cualquier otro objeto que produzca ruidos y salen a la calle la tarde-noche del 5 de diciembre, acompañados por el obispo San Nicolás. San Nicolás, a modo de resumen, es conocido en esta zona como el obispo que traía regalos a los niños que se portaban bien, siempre el 6 de diciembre. De ahí el que salgan todos juntos de paseo en amor y compañía el día 5 por la tarde: el obispo para traer regalos a los niños que se han portado bien, y los Krampus para golpear a los niños que se han portado mal y recordarles que no van a recibir ningún regalo. Lo de los golpes es real, todos llevan en la mano un puñado de cerdas, que me recuerdan a las de las escobas antiguas pero sin el palo, y golpean con ellas a la gente que acude a verles al “desfile” que realizan.

Hasta aquí la parte oficial. Ahora viene la parte en la que yo participo.

El Cocinero alemán me dijo que, como no podía ser de otra manera, me iba a llevar a ver a los Krampus, que para eso estoy aquí, y así ya voy aprendiendo más costumbres de la zona. Lo único que yo sabía antes de ir era lo que acabo de relatar más arriba y que mis suegros me dijeron que tuviera muchísimo cuidado. Yo ya iba con miedo, evidentemente.

Antes de ver el desfile, estuvimos dando una vuelta por el mercadillo navideño de Salzburgo, llamado Christkindlmarkt. Me recordó vagamente al de nuestra Plaza Mayor, sólo que con nieve, fogatillas para calentar un poco el ambiente y muchos más puestos con comida y bebida.

Alrededor de las 19 / 19:30 empezó la presentación de San Nicolás frente a la catedral, y junto a él a los distintos grupos de Krampus que iban a participar en el desfile, cada uno de ellos procedente de un municipio o región diferente, pero todos ellos de los alrededores de Salzburgo. En total: 90 personas. En ese momento mi nivel de miedo fue aumentando progresivamente en un total de un 60% aproximadamente, resultado de las cosas que iba oyendo contar al Cocinero alemán y a una amiga suya, que vino con nosotros al desfile para, según sus propias palabras, “darme apoyo moral”. Algunos extractos de nuestra conversación contienen las siguientes palabras de ánimo:

– Quítate el gorro María. + ¿Por qué? – Porque es azul, se ve mucho. + ¿Y qué más da? – No da igual, si se te ve mucho van a por ti y te dan con el (cosa esa que os he contado, con la que van golpeando a la gente). + Vale, me lo quito. Pero si me constipo es culpa vuestra.

– Mira a esa rubia de ahí enfrente. ¡Pobrecita! En cuanto la vean van a por ella seguro. + ¿Por qué? – Porque es rubia, se la ve de lejos. Su pelo llama mucho la atención.

– ¡Uy esa! ¡La del pantalón de cuero con el abrigo rojo! ¡Más la vale esconderse!

Y en un momento indeterminado a lo largo de la conversación, caí en la cuenta de que mis pantalones eran de color blanco… Y, por lo que estaban diciendo, yo también llamaba la atención… ¡Y nadie me había avisado antes de salir de casa para poder “disimularme” un poco mejor! Y de alguna manera acabé en primera fila de la procesión y ¡ahhhhh! De ahí las fotos tan chulas que os voy a mostrar:

La historia más divertida jamás contada será revelada en este momento. Yo estaba haciendo fotos. Sonreía de oreja a oreja, tanto que ya me dolía la cara, simplemente para evitar que notaran el miedo que algunas máscaras me daban y evitar recibir algún que otro golpe por llevar pantalones blancos estando en primera fila. Sin darme cuenta, se fue acercando lentamente por mi lado izquierdo el Krampus de la última foto, al que, por desgracia, no se le ven más que los dientes. Yo pensaba: me va a dar, ya lo verás. Me he librado durante todo el desfile y ahora que pasa éste, que es de los últimos, me la voy a llevar. Piensa, María, piensa. Dejé de hacer fotos, me giré de repente, le sonreí y, moviendo la mano efusivamente, le dije: “¡¡HOLA!!”. Se paró el seco. Mi corazón también. Tras unos segundos que parecieron milenios, me saludó con la misma efusividad y me dijo: ¿puedo presentarme? Le di la mano y le dije: yo me llamo María. Y él me dijo: ¡yo soy el Krampus!

Visto así, fuera de contexto, puede no tener tanta gracia, pero el Cocinero alemán y su amiga no dejaron de reír desde ahí hasta que nos fuimos; me dijeron que también pensaban que iba a acabar pegándome y que había sido muy simpático. Y esa es la bonita historia que explica cómo he conseguido tener un nuevo amigo llamado Krampus.

Habiendo visto ya a los Krampus, y puesto que empezaba a hacer fresquete (sobre todo en mi cabeza, resultado de haber tenido que quitarme mi gorro azul) nos marchamos. Pasamos casualmente por delante de la casa más pequeña de todo Salzburgo:

2013-12-05 20.11.52

Casa más pequeña de todo Salzburgo.

… la cual tiene su propia historia, que es la de un hombre que quería casarse con su prometida, cuyo padre sólo estaba dispuesto a consentir el enlace en tanto en cuanto el futuro marido de su hija fuera capaz de permitirse construir y poseer su propia casa. Como no habló de tamaño, voilà!

Pero la noche no acabó ahí… Al volver a casa descubrí que San Nicolás me había traído regalos, a pesar de que lo habitual es que éstos se abran el día 6 de diciembre por la mañana…

Mi calcetín - regalo.

Mi calcetín – regalo.

¡Mi primer calcetín navideño gigante! Y dentro estaba lleno de regalos: un peluche (que se asoma en la foto), un San Nicolás de chocolate de tamaño considerable, una colonia, bombones y un montón de nueces y mandarinas. ¿Por qué precisamente nueces y mandarinas? Pues el Cocinero alemán no me lo ha sabido explicar, o más bien me ha dicho: “porque siempre se hace así”. Así que tendré que investigar dónde empezó lo de que “siempre se hace así”.

Y hasta aquí la primera parte de la temporada navideña 2013/2014.

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10 comentarios en “Navidad al estilo germano

  1. PoN dijo:

    Hola Mari!!!!!

    Que chula la historia, ahora entiendo muchas cosas…
    ¿Sabes que a mi también me vino a ver San Nicolás el día 6? Lo que pasa es que entonces no sabía quien era y no le hice mucho caso jeje.
    El caso es que me trajo una mandarina y dos chocolatinas (cortesía de mi jefa Belga – digo de San Nicolas jeje) (dedetes).
    Por cierto, los krampus tenían que dar bastante miedecito en persona porque en las fotos dan un miedo que te cagas.

    Bueno, y sin más dilación me despido. Hasta luego!!!!

    P.D. Esperando a tu siguiente historia con ansias.
    P.D. 2. Un abrazo!!!!

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    • ¡¡Hola Pon!!
      ¡¡Toma ya!! ¡Hemos recibido el mismo regalo! jajaja aunque el tuyo ha sido un poco más racanillo que el mío, todo sea dicho 😉
      A mí los Krampus me asustaron, tengo que reconocerlo. Por eso me pasé la tarde entera sonriendo, para disimular jajaja A ver si alguna vez podemos y te los enseño en persona, a ver qué cara pones tú jeje
      ¡Gracias por escribirme!
      Un beso gigante y un abrazo más gigante aún. ¡Y una mandarina! jeje

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  2. Lola dijo:

    Genial María, explicas muy bienal Navidad en Austria. Yo no hablo de los juramos en clase pra no asustar más a mis alumnos.un abrazo de tu profe de alemán de la escuela de idiomas de fuenlabrada! Frohe Weihnachten!

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    • Dankeschön!!! He tenido buenas profesoras 😉
      Ya me extrañaba a mí que no hubiéramos visto estas cosas en clase… Otras tradiciones de las que hablas siempre también las estoy viendo, pero la de los Krampus me impresionó bastante más por no haberte oído a ti hablar de ello jeje
      Frohe Weihnachten dir auch Lola! Y gracias por leerme y escribirme! 🙂

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