El juego de la sospecha

Yo sabía que había gato encerrado, ¡lo sabía! Y le he encontrado; pobrecillo, llevaba tres días sin comer y sin salir de la jaula.

El misterio del Hotel nuevo de enfrente ha quedado por fin resuelto. Para ello, tan sólo he necesitado tres semanas, paciencia, llevarme bien con mis compañeros, hacer un par de preguntas, saber escuchar e interpretar mensajes encriptados, aprender el código morse y un boli.

Así que sospecho del Hausmeister con la pala en la cocina.

El Hausmeister es una persona difícil de tratar. O, tal vez, difícil de comprender. Esta semana hay un compañero de la cocina que está de vacaciones, y el Hausmeister, que como de costumbre tiene que estar en medio de todo, se encarga también de ese trabajo. Su problema, sin embargo, no es el hecho de ocuparse de tareas que no son las que a él le corresponden, sino la necesidad que tiene de llevar la razón en todo y de explicarle a los demás cómo cada uno debe hacer su trabajo, ya que él considera que tiene la verdad absoluta.

De este modo asistí ayer a la primera discusión seria entre el Hausmeister y cualquier otra persona, que ya estaba tardando en llegar.

El Cocinero ruso (que es croata), por su parte, tiene un carácter bastante fuerte. Y ayer, tras once años dedicándose a la profesión, no consintió que el Hausmeister le explicara cómo debe hacer las ensaladas y el resto de cosas a las que se dedica por las mañanas, y le gritó algo así como: “Déjame en paz, haz tu trabajo y yo haré el mío”. Y el resto de la discusión por suerte no lo presencié, aunque sí vi cómo durante un cuarto de hora el Cocinero ruso se desvaneció.

Por la tarde hablé con él y me explicó que aún seguía muy enfadado porque no entiende cómo los jefes consienten que una persona con problemas psiquiátricos (tal como él definió al Hausmeister sin ánimo de insultarle, sino explicando a su manera una realidad visible) se pasee por el hotel a sus anchas, haga lo que le dé la real gana y trate de enseñar a trabajar a quienes han estudiado para desempeñar un trabajo y llevan muchos años en la profesión. Me contó que, desde que él está trabajando allí (diciembre de 2012) ya ha presenciado nueve discusiones fuertes del Hausmeister con nueve personas distintas, precisamente porque el susodicho no respeta lo que hacen los demás. ¿9 discusiones desde diciembre? Echemos cuentas… ¡Una discusión por mes! ¡Siempre con gente distinta! No quiero averiguar mucho más, la verdad… Por lo que a mí respecta, he de decir que, hasta ahora, sólo he advertido cómo el Hausmeister se burla de mí cada vez que estoy delante de él, de forma que no me sorprende que ya haya tenido problemas con otras personas si es que su comportamiento habitual es ese.

Mi agradable conversación con el Cocinero ruso siguió por otros derroteros, a saber: qué vamos a hacer cada uno de los que trabajamos allí durante la temporada de invierno. Yo ya había venido escuchando durante los días previos que, de 5 camareros que somos, solamente dos permanecen con total seguridad y que, de 4 cocineros, 2 (el Cocinero ruso y el Cocinero eslovaco) no tienen claro que quieran seguir trabajando allí. Y en ese momento fue cuando descubrí dónde está el truco: cuando hay muchos huéspedes en el hotel, nadie recibe ningún día libre. Mi madre ya me ha explicado que es más habitual de lo que yo creía pero, sinceramente, si trabajando 6 días (60 horas) en invierno ya noté problemas de salud, no me atrae demasiado la idea de hacer experimentos trabajando, como mínimo, 70 horas a la semana. Por el mismo sueldo, debo añadir. Lo siento, pero no. Además, tengo un máster que acabar, que no se va a estudiar a sí mismo él sólo ni va a salirme más barato en función de la cantidad de horas (de menos, por supuesto) que le dedique.

La decisión está tomada: por poca ilusión que me haga volver a tratar con los incompetentes de mis jefes anteriores, ya tengo asegurado el mismo puesto que tenía el invierno pasado. Librando al menos un día a la semana. Que es todo lo que pido por ahora.

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5 comentarios en “El juego de la sospecha

  1. Creo que has tomado una buena decisión 😉 Más allá del hombre con problemas o no psiquiátricos, quien sabe :P, creo que trabajar 70 horas por semana haría que desapareciera tu sonrisa, tu buen humor, tus ganas de aprender … y que aparecieran los dolores, las quejas y todo aquello que hace que seas una pesonita especial. Ya nos contarás en siguientes posts que tal con el Austriaco 😛 😉 ¡Un abrazo!

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    • ¡Gracias por los ánimos! Tienes toda la razón, no es el hecho de que haya o no haya ciertos compañeros, es que ya no tengo edad para trabajar esa cantidad de horas por semana la verdad. Mi salud me preocupa bastante más que el entorno de trabajo en que me encuentre. ¡Un besazo!

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  2. Joder! Como anda el tema.
    Coincido con tu madre, es habitual no librar cuando estas en temporada.
    Pero como bien dices, el master no se aprueba solo.
    Has tomado una buena decisión 🙂

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    • ¡Gracias Jelens! Lo cierto es que sí, avanzar profesionalmente, aprender más cosas (y cobrar, evidentemente) es importante, pero ahora me interesa más tener un poquitín de tiempo libre para el máster 🙂

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