Hospital central

Está comprobado. Cada vez que trabajo aquí dos meses seguidos, mi salud se resiente. El cocinero alemán me dice que trabajo demasiado y que soy muy bruta porque cargo con más peso del que puedo soportar y hago todo corriendo. Puede ser.

Sea como sea, llevo ya varias semanas con dolores punzantes en la espalda, sin poder dormir con normalidad y deseando que lleguen las 11 de la noche para acabar de trabajar y meterme en la cama. O las 4, que era la hora a la que salía del hotel donde estaba antes. ¡Vaya siestas! He estado prácticamente todo el verano durmiendo todas las tardes desde las 16:30 hasta las 22. ¡Eso es vida!

Volviendo al tema, que veo que me estoy desviando demasiado. El fin de semana los dolores se agudizaron bastante y el Cocinero alemán, en un alarde paternalista y protector, me dijo que iba a llamar a un médico en el que él ya recibió un tratamiento en marzo, precisamente debido a dolores de espalda. No sonaba muy mal hasta que me explicó en qué consistía el asunto: pinchazos en las zonas donde el dolor es más intenso para aliviar los músculos y (ahora viene la parte en que me voy a liar intentando explicarlo en español) la aplicación de una especie de impulsos eléctricos en ciertas zonas de la espalda. Si hay algún médico en la sala y sabe de qué intento hablar, le ruego que deje un comentario para aclararlo mejor que yo. Gracias. La cuestión es que a mí ese tratamiento me parecía relativamente exagerado para un simple dolor de espalda y me resistí, luché contra las fuerzas de la naturaleza y contra mi destino, pero la realidad se acabó imponiendo y le dejé que concertara una cita.

Casualidades del destino, unas horas después de haber hablado con quien fuera de la consulta, recibió una llamada en la que le decían que el Doctor Pinchacitos no iba a recibir pacientes el martes y que el otro médico que había allí no admitía a más enfermos. ¡Uff! ¡Me libré!

¿Me libré? Más o menos. El martes, de todas maneras, me llevó de urgencias al hospital. No al de este pueblo, porque aquí ni siquiera hay; tuvimos que ir al del pueblo de al lado. Según el ticket del parking pasamos allí una agradable hora y 17 minutos que empezaron en la sala de espera de la unidad de neurología (miedito), en la que una agradable secretaria tomó nota de mis datos (¡bendita e-card!) y llamó a quien fuera para preguntar quién podía atenderme. El doctor en cuestión, bastante agradable, me hizo un interrogatorio exhaustivo:

  • ¿Dónde le duele exactamente?
  • ¿Le duele el centro de la columna o a los lados?
  • ¿Le duele más cuando está de pie, cuando está sentada o cuando está tumbada?
  • ¿El dolor es punzante?
  • Si se agacha, ¿le duele más o menos?
  • Si coge cosas, ¿le duele más o menos?

Al cuestionario de la tarde le siguió un conjunto de rotaciones de mi tórax, combinadas con levantamientos y estiramientos de mis piernas, para averiguar (supongo) cuál era el origen de los dolores.

Resultado de la exploración: tengo una irritación en la zona derecha de la articulación de la vértebra Th8 (en alemán, según el informe: Facettengelenksirritation rechts etwa auf Höhe Th8). No deja de ser una tontería, ¡pero cómo duele la condenada!

La parte positiva de la visita al hospital fue que el doctor me ahorró los pinchazos y las terapias de choque radioactivas y lo sustituyó por pastillas, masajitos (le encargó expresamente al Cocinero alemán que me los dé el) y calor en la zona. Estoy utilizando una especie de cinturones de tela en cuya zona central cuentan con una serie de “círculos” de color negro que proporcionan calor durante 8 horas y parece que funcionan, a ver por cuánto tiempo…

¡Qué lástima ver cómo me estropeo tan rápido! ¡Con lo joven que yo era en mis tiempos!

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6 comentarios en “Hospital central

  1. Marta dijo:

    Es que cómo se notan los años María jaja, ya ves, ya lo vamos viendo. Cuídate, porque en éstos trabajos la espalda lo nota, yo también al trabajar con pequeños y tener que agacharme ya mi espalda no es lo que era. Pues nada a seguir las indicaciones y no hagas mucho esfuerzo. Un besote!!

    Me gusta

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