Mamá, quiero ser artista

A medida que pasan los días y sigo investigando el misterio del hotel nuevo, me voy dando cuenta de que hay más cosas raras de las que yo había visto al principio.

Para empezar, hay bastantes más extranjeros de los que yo tenía en mente, lo cual no está nada mal porque ayuda mucho a integrarse. No es que tenga problemas con los oriundos del país, pero parece que aquéllos que también se encuentran más o menos lejos de casa se ayudan más entre sí. No siempre, pero suele ser el caso. Hasta ahora quienes más me ayudan y con los que más a gusto trabajo son dos cocineros: el Cocinero eslovaco y el Cocinero ruso. Respecto a este último, no tengo del todo claro que haya nacido en Rusia y haya emigrado en algún momento de su vida o que sus padres sean rusos, pero su nombre le delata, no es nada común aquí por lo que he podido averiguar.

Yo creía que el hecho de ahorrar en lo que a contratación de personal respecta era cosa de mis jefes anteriores… Sin embargo, aquí hacen cosas aún más raras. Por las mañanas hay un cocinero que se encarga de hacer tortillas, huevos fritos y huevos revueltos en vivo y en directo, a petición de la audiencia. Pero cuando el encargado de las sartenes llega tarde (como ocurrió hace dos días) una de las señoras de la limpieza se encarga del asunto. ¿Por qué no? El Hausmeister (= conserje, portero o bedel) se ocupa de lavar los platos cuando al que se le paga para ello tiene el día libre. ¿Por qué no? La misma señora de la limpieza que hace huevos fritos también hace de camarera cuando nosotros no tenemos tiempo. Y se encarga de colocar los manteles en la terraza todas las mañanas, llegando a cabrearse cuando empiezo a hacerlo antes de que llegue ella. ¿Por qué no? Y, para colmo, los hijos de 13 y 14 años de mis nuevos jefes se quedan en la cocina durante el servicio de cenas y se encargan de las sopas mientras el Hausmeister, que a veces también ayuda en la cocina por propia iniciativa, disfruta de una o varias cervezas en la cocina y/o en el bar, delante de los huéspedes que le han visto barrer el patio a primera hora de la mañana.

Llamadme cuadriculada, pero a mí esto me suena raro. Entiendo que la gente ayude, o que sean lo suficientemente flexibles como para hacer cualquier trabajo posible pero en este caso me da la impresión de que no solamente no tienen nada en contra de hacer trabajos que no les corresponden, sino que disfrutan con ello y, además, es como si realmente quisieran ocuparse a tiempo completo de esas labores que no tienen nada que ver con aquéllo a lo que están destinados.

Seguiré investigando…

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3 comentarios en “Mamá, quiero ser artista

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