Sor BMW

Ya puedo afirmar que he dado dos Fahrstunde (= clases de conducir). Aunque en realidad han sido 4, dos cada día. La primera tuvo lugar el miércoles pasado. Como buena ciudadana carente de automóvil propio, me tocó bajar hasta la autoescuela en autobús y hacer tiempo durante alrededor de una hora antes de empezar con mi clase. La chica de la recepción, con la que ya había hablado previamente por teléfono, fue muy amable conmigo, pero hizo algo que me desconcertó ligeramente. No me pidió el carnet de conducir. No. Ni siquiera para verlo de lejos o reírse de la foto, como se hace en estos casos. Nada. Yo ya le había dicho que tengo carnet, y confió en mí. La próxima vez que me tenga que apuntar a algo en Austria, diré que tengo una licencia de pistola de pelotas de goma, o un carnet de socia universal que me permite saltarme todas las colas de todos los supermercados del mundo; lo mismo sirve para algo.

Bien. El profesor que me han asignado es un jovenzuelo que debe de tener entre 20 y 35 años (indeterminado), del mismo pueblo en el que vive el Camarero, y que ha decidido que me va a hablar sólo en Dialecto, que el Hochdeutsch (= alemán estándar, el que aprendemos en la escuela de idiomas) no le gusta. Por suerte, tras tres meses soy capaz de entender el Dialecto en el 75% de los casos, por lo que no es necesario lamentar ninguna desgracia a la hora de seguir las indicaciones de mi profe.

La marca del coche con el que conduzco es la abreviatura de Bayerische Motoren Werke, pintado a rayas blancas y negras imitando al animal que da nombre a la propia autoescuela. Es la primera vez que conduzco un coche de esta marca, y tengo que reconocer que me resulta más sencillo llevar éste que el del Cocinero alemán. Sólo después de mi primera Fahrstunde he descubierto dos cosas. Primera: que el coche del Cocinero alemán es lo suficientemente antiguo como para que todas las palancas y pedales estén duros y no reaccionen cuando yo quiero, sino cuando a ellos les parece adecuado. Segundo: que el coche del Cocinero alemán es de gasolina, y yo nunca había conducido un coche de gasolina. Creo que eso explica la cantidad de veces que se me cala cuando conduzco cuesta arriba.

Sea como sea, mi profe me llevó a una colina en la que hay un camino (ni siquiera una carretera) tremendamente estrecha y me hizo practicar con los pedales subiendo y bajando la cuesta, hacia delante y marcha atrás. Al principio me dio algo de miedo, porque a la inclinación de la cuesta se sumó la nieve que empezaba a caer, pero al final conseguí controlarlo. A continuación conduje un rato por la Autobahn (= autopista) y por unas carreterillas secundarias que conectan los pueblos de la zona a base de curvas y más curvas. La Autobahn me pareció sencilla y divertida a partes iguales, pero el tema de conducir por carreteras menos transitadas cuya velocidad máxima permitida son 80 km por hora a tramos, y 50 km por hora cuando atraviesas un Ort (= población), es decir, cada 5 minutos, no es tan entretenido. Lo mejor de todo es que me ha estado corrigiendo errores que yo ya cometía desde la primera vez que fui a la autoescuela, pero que mi profesor español (qué internacional suena esto) nunca me comentó.

Al acabar esa clase, el profe me dijo: “Nicht schlecht” (= no está mal). Y con eso me quedé.

Ayer intenté bajar a la Fahrschule dando un paseo, porque me he dado cuenta de que, desde que cojo el autobús y conduzco para ir a prácticamente todas partes, he zugenommen (= engordado), pero no pude. Primero me alcanzó por la carretera el Cocinero/Lavaplatos y después el Cocinero Turco, y al final este último me llevó a mi clase, no sin antes pasar por el supermercado mayorista del pueblo para ayudarle a hacer la compra del hotel.

Con respecto a la clase, ayer volví a practicar subiendo y bajando cuestas y pasé casi todo el tiempo aquí en el pueblo, recordando cuándo parar en los Zebrastreifen (= pasos de cebra), aparcando y demás. Aparcar sigue sin ser mi fuerte, pero lo hice casi tan bien como el día de mi examen en España (historia maravillosa donde las haya, pero que no viene a cuento en este momento).

Y al final sus palabras fueron: “Sehr gut. Jetzt kannst du allein fahren” (= muy bien. Ya puedes conducir sola). Es la primera vez que me dicen algo así de bonito. Se me saltan las lágrimas. Ahora, porque ayer me dio la risa y le dije que no creía que fuera para tanto, que creo que durante un tiempo aún me hará falta llevar un copiloto que me recuerde cuándo cambiar de marcha si no lo hago lo suficientemente bien. Aunque tengo que reconocerlo: mi copiloto (el Cocinero alemán) ya no me dice prácticamente nada cuando conduzco, lo cual debe de significar que mi Fahrlehrer tiene algo de razón.

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4 comentarios en “Sor BMW

    • Da yuyu, ya te lo digo yo. Pero más que la nieve, lo que me asusta son las cuestas abajo. El coche se pone a 80 por hora sin pisar ningún pedal, y con las curvas no te quiero yo contar… ¿Necesita alguien un taxista en Madrid? Porque ahora ya me da la impresión de que puedo hacerlo ja ja

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  1. Sonia dijo:

    Cuando me den a mi bebe bolita azul te lo dejo conducir!!! jajajajaja bieeeeeeeennnn pd. es de gasolina, que los gasoil son una bazura!!!!!!!!! jajajajajajajajajaja besitos rosas.

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    • Me parece bien, pero sólo si hay cuestas imposibles, carreteras estrechas y condiciones atmosféricas desfavorables. Con sol por autopista a lo mejor no me sale tan bien 🙂
      Besitos azules!!!

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