La gran evasión

Una de las consecuencias del estrés austro-húngaro del que ya os hablé en su día es que algunas personas no soportan tanta carga de trabajo y abandonan el barco. Hace tan sólo dos días estuve hablando con el Cocinero Turco, con el que ya he llegado al punto de mantener conversaciones filosóficas (en alemán, ahí es nada), y me dijo que ya eran 14 las personas que se habían marchado de aquí desde que empezó la temporada en diciembre. 15, si contamos la deserción de ayer.

La primera marcha que me afectó directamente (no a nivel emocional, sino porque yo era quien más relación tenía con ellos) fue la de los Eslovacos, que se fueron repentinamente poco después de que empezara el año por desavenencias con el Austriaco y, principalmente, porque les gustaba más vivir “in der Natur” (= en la naturaleza), tal como me explicó la Eslovaca cuando nos conocimos. En su día no quise preguntarla y ahora ya es un poco tarde pero, ¿qué significará eso exactamente? ¿Que viven en medio del bosque? ¡Con el frío que hace aquí por la noche! ¡Ya hay que tener ganas! Un par de días antes de desaparecer, me contó que habían visto una oferta de trabajo en una granja, y que les querían irse allí porque al Eslovaco le gustaba trabajar con las vacas… Tal vez estén allí… Tal vez debería escribirla un mail… Tal vez no sirva de nada porque dudo que in der Natur haya conexión a internet…

Hay casos algo más raros. La Cocinera se marchó ayer mismo porque tiene un problema en los riñones y tienen que operarla. Pobrecilla, con lo maja que es, y lo bien que me cae, y se tiene que ir justo ahora. C’est la vie! Ah no, warte (= espera), eso es francés… Mi jefa ha estado a punto de marcharse, aunque en su caso no por voluntad propia, sino porque a La Chefin (= la jefa) no le gusta cómo trabaja… Pero ante la falta de personal, ha tenido que quedarse.

De algunos de los que ya se han marchado no puedo decir gran cosa porque ni siquiera me había dado tiempo a presentarlos por aquí… Una húngara a la que le faltaba bastante cantidad de pelo, pero que era más o menos simpática (al menos conmigo); una berlinesa (no un bollo, una chica que vive en Berlín); una muchacha bastante entrada en carnes la pobre mía, pero que era lenta como ella sola…

Gracias a todos estos casos he aprendido una palabra nueva: kündigen (= presentar la dimisión). Quien más veces ha utilizado ese término ha sido la Compi Maja, que ha amenazado al Austriaco hasta en tres ocasiones con marcharse: primero, porque la hizo trabajar tanto aquí como en el hotel de arriba y ella no quería; después, porque le pidió que por favor compartiera su habitación doble con alguien y ella al principio tampoco quería; y por último, porque a él le interesaba ella como algo más que una compañera de trabajo pero ese interés no era compartido. Y, al final, mi Compi se salió con la suya, porque el miércoles dimitió y se marchó por la noche.

Otra vertiente de la gran evasión la protagonizan los Gäste, quienes, como es normal, no se quedan con nosotros de forma permanente. Ya lo he dicho en otras ocasiones, pero hay Gäste a los que les llegas a coger cariño tras verles todas las mañanas y todas las noches, especialmente aquellos que pasan aquí semanas enteras. La partida que más sentí fue la de mis holandeses de la mesa 5, de quienes no llegué a despedirme porque se marcharon un día antes de lo que estaba reflejado en nuestro planning semanal. ¡Y qué lástima me dio no poder desearles buen viaje! Desde entonces, siento un cariño especial por esa mesa, y cada vez que paso al lado, me acuerdo de ellos, puesto que son casi los únicos holandeses que he conocido que no eran unos guarros, eran educados, y no gritaban cuando hablaban entre sí. Del resto de holandeses que he visto me abstendré de hacer comentarios; sólo diré que a veces sí me alegro de que la gente se marche.

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2 comentarios en “La gran evasión

    • Pues probablemente… Al menos los pobres animales no te piden cosas extrañas para desayunar, como la gente que hay por aquí… ¿Salmón con mayonesa? ¿A las 10 de la mañana? ¿Pero qué es esto? 🙂

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