Estrés austro-húngaro

Desde siempre había oído que la forma de vivir y trabajar de los alemanes (y, por extensión, la de los austriacos) es tremendamente organizada. Y eso, teniendo en cuenta mi obsesión extrema por el orden, me atraía mucho antes de venir. Bien, pues me veo en la obligación de desmontar otro mito: los austriacos, señores, no son alemanes. Me han contado que cuando alguien quiere molestarles, les dicen que son italianos que hablan alemán, con lo que les dan a entender que son un desastre, al contrario de lo que ocurre con los vecinos del norte.

Ya he mantenido esta conversación con el Argentino y con alguien a quien os voy a presentar como mi Compatriota, otro español que también ha venido a Austria a la aventura, como yo, y a trabajar ya de paso. ¡Saludos amigo! De lo que me he dado cuenta en estas semanas, y en lo que ambos parecen estar de acuerdo conmigo, es en que la forma que tienen los austriacos de pensar en el trabajo no tiene nada que ver con la manera en que lo hacemos en España. Para un español, hacer tres o cuatro tareas de manera más o menos simultánea es algo habitual o, al menos, yo estoy acostumbrada a hacer eso sin mayor problema. Y tampoco supone ninguna dificultad el hecho de poder hacer varias cosas al mismo tiempo sin olvidar por ello cualquiera de esas tareas.

Sin embargo, tanto los austriacos como los húngaros (que algo tenían que tener en común después de haber formado parte de un único imperio durante varios siglos) necesitan tener un orden y hablar de él. Sí, el verbo correcto es “necesitar”. Todos ellos, o al menos los compañeros con los que tengo más relación, no conciben la posibilidad de empezar a hacer algo y, mientras ese algo acaba, hacer otra cosa para adelantar tiempo. Para ellos es mejor hacer la tarea 1, cuando ésta ha acabado pasar a la tarea 2, y sólo cuando ésta también ha finalizado, proseguir con la tarea número 3.

Bien pensado, esa forma de concebir el tiempo y las responsabilidades de cada uno podría resultar bastante más productiva, y de hecho aquí funciona muy bien, pero aún no soy capaz de hacerme con ello. Mi concepción del orden implica compaginar labores de manera que todas ellas puedan llevarse a cabo de la mejor forma posible y en el menor tiempo necesario. Y aquí, en líneas generales, no puedo hacerlo.

Algo que también vengo observando desde que llegué es que, a la hora de trabajar, los austro-húngaros se “estresan” bastante más que nosotros. No sé si estrés sería la palabra correcta, pero esa imposibilidad que tienen de compaginar varias tareas les lleva a bloquearse cuando les pides dos cosas al mismo tiempo. Todos ellos necesitan terminar de hacer aquello con lo que están y, sólo una vez lo han finalizado, te prestan atención con lo que sea que quieras preguntarles a continuación. De nuevo, no critico esa forma de proceder, pero me sorprende que no puedan almacenar en su memoria algo que tienen que hacer mientras están con otra cosa.

A todo esto añadiría algo más: ya no es solamente que no piensen en dos asuntos a la vez, sino que se ponen nerviosos si están haciendo algo y les empiezas a hablar, da igual si ese algo tiene relación con aquello que tienen entre manos o no… El ejemplo más extremo de todo esto lo representa el Húngaro, a quien he llegado a ver realmente nervioso e, incluso, enfadado (y mucho) cuando tratas de pedirle algo que necesitas mientras otra persona le está encargando algo un segundo antes que tú. ¿Realmente es necesario llegar a esos niveles? No lo creo.

Si bien es cierto que nosotros somos algo más desastrosos y podemos hacer todas esas cosas a la vez, lo bueno que tiene el carácter de los austro-húngaros es que tres segundos después de alterarse, enfadarse o decirte que no les dirijas la palabra en ese instante, parece como si no hubiera pasado nada. Y no estoy exagerando: tres segundos, cinco como mucho, es lo que tardan en volver a sonreírte como al principio, y diez minutos después están bromeando contigo de nuevo, y no ha pasado nada. Así que, aunque tal vez no les conozco lo suficiente como para decir esto, podría afirmar que no son en absoluto rencorosos.

Sí, se enfadan, tienen un humor un tanto peculiar, y su forma de mirar a las mujeres y de relacionarse con ellas varía bastante del modo español, pero son gente muy amable, y eso es algo que no se puede negar.

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8 comentarios en “Estrés austro-húngaro

  1. Mamen dijo:

    No te calientes la cabeza María, a ver si va a ser sólo por ser hombres… jejejeeje, que yo conozco a más de uno que le pasa lo mismo, y es más español que el toro de Osborne,jejejeje (abstenerse de la lectura machistas y feministas… )

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    • Ja ja ja ¡Buen comentario! Pero ya he analizado la situación, y tanto hombres como mujeres se estresan por igual… Y le quitan importancia a cosas que tal vez para nosotros serían más importantes… Es otra forma de ver la vida 🙂

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  2. Yo María y me considero hombre (de momento) no consigo hacer bien varias cosas a la vez . Bueno ni yo ni nadie , aunque las mujeres piensen que ellas sí y que nosotros somos unos negados. Es que el cerebro no es multitarea sino monotarea para hacer la cosas bien. Y no hablo de oir música y hacer las faenas de la casa que con eso podemos todos, sino de cosas complicadas y simúltaneas . O por lo menos eso dicen todos los estudios : http://naukas.com/2012/11/28/es-multitarea-nuestro-cerebro/
    Por eso les doy la razón a los austro-húngaros , y me apunto a su forma de hacer (bueno para esto que para la diversión me apunto a la española) y a aprender a ser tan amables…que ya quisieramos muchos.
    besicos.

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    • Está bien… puedo darte la razón en lo de que nuestro cerebro no sea multitarea, aunque yo me crea que sí :p Pero concédeme el beneficio de la duda con este ejemplo: Yo tengo que desplazarme del punto A al punto B y justo en medio del camino se encuentra una compañera a la que tengo que dar un recado. Tengo dos opciones:
      1. Salgo del punto A, me paro en el centro, le digo lo que le tengo que decir, y continúo después hasta el punto B. Que conste que lo que tengo que decirle no implica una conversación de más de 15 segundos.
      2. Salgo del punto A y llego al punto B. Retrocedo de nuevo hasta el centro del camino para darle el recado.
      Yo soy más de la opción número 1 porque considero que ahorro tiempo, ¡pero no puedo hacerlo! Porque cuando llego a la mitad del camino, si está haciendo algo, no me escucha. Y lo digo literalmente, aunque sea simplemente decirle: la mesa X necesita una botella de agua, por favor. Nada, no lo oye.
      ¿Eso es síntoma de un cerebro multitarea? Porque si es así, entonces sí que puedo darte la razón, y con conocimiento de causa 🙂

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  3. Yo a eso no le llamaría multitarea de tu compañera sino , no te hago caso porque no me da la …. gana o no quiero complicarme la vida. Puede dejar de hacer 10 segundos lo que está haciendo si requiere una alta concentración y escuchar , entender y procesar lo que le dices. Multitarea para entendernos es leer encantado tu magnífico blog y enterarme, al mismo tiempo que busco un objeto perdido..
    Magníficas fotos de Salzburgo por cierto. 🙂

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    • ¡Gracias Carlos! Por la aclaración y por tus muchos halagos, evidentemente. Creo que empezaré a aplicar esa misma táctica con ella, a ver si a ella le hace la misma gracia que a mí 🙂

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